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Medio: La Razón
Fecha de la publicación: domingo 07 de noviembre de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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La marcha de los familiares y víctimas de las masacres de Sacaba y Senkata, de Caracollo hacia la ciudad de La Paz, que exigía justicia tuvo una cobertura casi nula de los medios de comunicación, y lo que es peor, éstos daban más cobertura a los mensajes descalificantes de la marcha, con vistas a legitimar la impunidad de las masacres, a la par de que los sectores de clase media vociferaban con enojo irracional: “de qué se quejan, si ellos querían morir”, “ellos venían a matar y más bien no lo lograron”, “terroristas, vayan a llorar a sus dirigentes” o “masistas-vándalos- salvajes”, etc. ¿Cómo explicar esta percepción distorsionada de la realidad que aún en sociedades tan cosmopolitas y globalizadas pervive y principalmente en los sectores de clase media urbana, que se precian de ser los depositarios de la cultura?
Manuel Castells aclaraba al respecto que “la gente tiende a creer lo que quiere creer”, lo que los lleva a rechazar los hechos que contradicen sus creencias previas. Asimismo, un mayor grado de conocimiento proporciona a la gente más recursos intelectuales para una autorracionalización que apoye sus interpretaciones erróneas inducidas por las emociones. En términos más simples, es común la mentira en política, pero mentirse a sí mismo y creer en las propias mentiras es demasiado.
A pocos días de la llegada de Jeanine Áñez al gobierno y la designación de Murillo como ministro de Gobierno, comienza a construirse elementos discursivos de estigmatización hacia los disidentes políticos de ese oficialismo temporal y transitorio. Veamos, por ejemplo: “vándalos”, “terroristas”, “grupos irregulares”, “narcotraficantes” que amenazarían el orden social y la vida de los ciudadanos. Este discurso sirvió tanto para crear un estado de incertidumbre y miedo en la población como justificativo a posteriori de la represión y masacre a los movilizados de aquel entonces.
En este escenario político entran en juego dos elementos interrelacionados: primero, el discurso de Áñez y su equipo de trabajo, que declaraban a los medios de prensa el potencial peligro y amenaza de los movilizados “masistas”, por estar equipados de artefactos explosivos y de armas; declaraciones carentes de prueba que puedan validar como argumento. Segundo, en el campo teórico tales elementos son asociados a un fenómeno denominado “posverdad”: “Aquello que se relaciona con, o denota, circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes a la hora de conformar la opinión pública que las apelaciones a la emoción y a las creencias personales”. Es decir que la verdad es irrelevante.
Para mayores elementos de contexto, los medios de comunicación jugaron un rol trascendental porque su función fue la de enmarcar la opinión pública mediante tres fases: el establecimiento de la agenda, la asignación de especial relevancia a un asunto particular; la priorización, cuando el contenido de las noticias sugiere a la audiencia que deben utilizar determinados asuntos como referencia para evaluar la actuación del gobierno; y, el enmarcado, proceso de seleccionar y resaltar algunos aspectos de los acontecimientos y establecer relaciones entre ellos con el fin de promover una determinada interpretación o evaluación.
Esta hipótesis queda comprobaba con los titulares de Página Siete; veamos éste para citar: Afines a Evo intentan incendiar la planta de Senkata en El Alto o el de La Voz de Cochabamba: Grupos criminales quieren matar a la presidenta.
Para contextualizar esto en el escenario político tenemos las encuestas Harris en Estados Unidos, respecto a la guerra de Irak, realizadas en julio de 2006, es decir, después de dos años de información oficial y reportajes de los medios documentando la falsificación de la situación de Irak antes de la guerra. Los resultados impactaron por la subida hasta 50% (respecto del 30% en la encuesta de febrero de 2005) de los estadounidenses que seguían creyendo que se habían encontrado armas de destrucción masiva.
Áñez, al igual que Bush, usó la estrategia de activar una de las emociones humanas más fuertes, el miedo a la muerte, cuyo efecto en momentos de crisis hace que las personas sean menos intolerantes al disenso y proclives a apoyar políticas de orden público, además de desarrollar actitudes políticas conservadoras. Esto fue posible gracias al papel de los medios de comunicación como enmarcadores de opinión pública, cuyas consecuencias perviven en actitudes y discursos destinados a justificar y legitimar las masacres, y muy posiblemente, con el pasar del tiempo, su número aumente hasta convertirse en una realidad paralela a la de los hechos; de ahí que Marx decía que la historia marcha por su lado equivocado, pero marcha.



