Medio: El Diario
Fecha de la publicación: domingo 07 de noviembre de 2021
Categoría: Conflictos sociales
Subcategoría: Marchas, bloqueos, paros y otros
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En días recientes
la opinión pública se ha visto preocupada por una ola de versiones alarmistas,
en sentido de que para los próximos días se espera acontecimientos políticos a
nivel nacional, protagonizados por fuerzas antagónicas. Por su parte, el
gobierno ha comunicado oficialmente que movilizará sus fuerzas adictas con el
fin de defender al gobierno de una embestida de masas, mientras, por otra
parte, los organismos sociales de oposición se han visto fortalecidos por el
respaldo de movimientos sociales del interior del país, creando, en esa forma,
una ilusión con poder ofensivo.
Sin embargo, pareciera que esos aprestos no llegarán a las manos, ni la
sangre llegará al río, ya que tantos augurios de violencia generalmente se
disipan por nacer de los estados de ánimo de origen emocional de los
contrincantes, que casi siempre terminan disipándose como las nubes cuando las
bate el viento.
En todo caso, los pronósticos han dejado huella en el estado psicológico colectivo,
producto del trauma latente de noviembre de 2019, que dura más de dos años, no
termina de disiparse y, más bien, el incendio sigue creciendo, pues montescos y
capuletos echan leña al fuego de la crisis, tratando de pescar en río revuelto.
Por otro lado, en ciertas esferas de oposición reina un espíritu de falso
optimismo, creyendo que llegó la “hora de la verdad”, apreciación en gran
medida equivocada, ya que no existen condiciones de alguna naturaleza para
esperar un éxito total. En efecto, esas facciones oportunistas están lejos de
una posición favorable y, más bien, llegan al aventurerismo que solo conduce al
fracaso, como ocurrió en más de una oportunidad, lección que, además, no
asimilan.
Por su parte, pareciera que una suerte de alarmismo, psicosis e histeria
cunde en sectores oficialistas que, desde hace tiempo, propagan versiones de
que “viene el golpe” y ha originado el síndrome de la fábula del lobo y las
ovejas, que crearon entre los pastores un estado de confianza, pero que,
finalmente, cuando apareció el lobo ya era tarde para reaccionar.
En todo caso, en vista de que no existen las condiciones generales para un
suceso definitorio –ni siquiera existe un partido importante–, como creen los
agitadores emocionales e irracionales, los siguientes días de bullanga serán
solo un globo de ensayo y todo pasará sin consecuencias, porque, como es
sabido, “guerra avisada no mata soldado”.



