Medio: El Deber
Fecha de la publicación: viernes 05 de noviembre de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Estos días fue de dominio público una solicitud que los funcionarios
del gobierno central sean obligatoriamente miembros del partido oficialista.
Cabe aclarar que esa declaración no es exclusiva del gobierno actual.
Si en este momento ser “pitita” es mal visto en la administración pública,
entiendo que en la transición varios funcionarios públicos fueron acusados de
ser “pitufos”. Y en otras décadas varios fueron estigmatizados “monos”,
“gallos”, etc.
El artículo 233 de la Constitución Política del Estado o CPE es
bastante claro al respecto porque señala que “Son servidoras y servidores
públicos las personas que desempeñan funciones públicas. Las servidoras y los servidores
públicos forman parte de la carrera administrativa, excepto aquellas personas
que desempeñen cargos electivos, las designadas y los designados, y quienes
ejerzan funciones de libre nombramiento.”
Por tanto, cualquier gobierno tiene la potestad de contar con personal
de confianza en los puestos principales de la administración pública. Pero, a
mi entender, esto no lo habilita para copar todos los puestos, puesto que
desvirtúa la función pública e incluso lo hace mero objeto de búsqueda de
poder, además que impide que aquellos que estén capacitados puedan ejercer la
función pública.
Entonces, los servidores públicos como cualquier ciudadano tienen el
derecho de libertad de pensamiento (parágrafo 3 del Art. 21 de la CPE). Es más,
en los requisitos de los servidores no se encuentra ser de una u otra
orientación, sino que solo se requiere ser boliviano, mayor de edad, con
libreta de servicio militar, sin sentencia condenatoria, entre los principales
(Art. 234).
Cuando estudié la licenciatura de economía en la Universidad Tomás
Frías de Potosí, mi profesor Abraham Pool nos dio un texto que contenía ciertas
referencias a la función pública, las que transcribo a continuación:
“En lo más general, la burocracia es “un sistema de administración que
se efectúa mediante un aparato especial dotado de funciones y privilegios
específicos y colocado aparte y por encima del pueblo”. Sus rasgos principales
consisten en la tendencia al aislamiento, la tendencia a convertirse en casta,
la esterilización de la iniciativa de sus componentes, la proclividad a la
formalización, la fetichización de las normas, la estandarización de las
obligaciones, el conformismo de sus miembros, el culto a la autoridad, la
subordinación, obediencia, devoción y lealtad al cargo y a las funciones
inherentes. La burocracia se articula como un sistema institucionalizado en el
que “a cada miembro corresponde, según su ubicación, diferentes grados y
posibilidades de poder, responsabilidad, ingreso, privilegios, prestigio,
promoción”.”
Su año de publicación: 1984. El título: “El papel del Estado en la
política económica”. El autor: Pablo Ramos Sánchez, recientemente fallecido.
Fue presidente del Banco Central de Bolivia (2017-2019), prefecto de La Paz
(2008-2010), y varias veces rector de la Universidad Mayor de San Andrés. Fue
un decidido adherente e impulsor de la actual administración gubernamental y
también el mentor de varias autoridades y dirigentes oficialistas, de donde
surgió esa opinión.
Creo que, por el bien del país, la burocracia en todos los niveles y
regiones no debería tener los rasgos esbozados por el profesor Ramos. Debe
cumplir lo que dice la CPE en el Art. 232: “La Administración Pública se rige
por los principios de legitimidad, legalidad, imparcialidad, publicidad,
compromiso e interés social, ética, transparencia, igualdad, competencia,
eficiencia, calidad, calidez, honestidad, responsabilidad y resultados.”
Fui servidor público, soy amigo de varios de ellos en distintas esferas
y regiones, comprendo sus preocupaciones e inquietudes. No creo que los
servidores deban ser tecnócratas fríos, sino personas comprometidas con la
sociedad y sus fines, más allá de sus opiniones ideológicas.
Más que “pititas” acá o “pitufos” allá, necesitamos servidores
públicos. El Estado es de todos los bolivianos.



