Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: viernes 05 de noviembre de 2021
Categoría: Conflictos sociales
Subcategoría: Marchas, bloqueos, paros y otros
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Bolivia tiene un
espíritu colectivo que se ha expresado en diversos momentos de su existencia
que se acerca a los 200 años. Guerras internacionales, guerras civiles,
revoluciones son hitos que marcan su dramática insurgencia, incapaz de
doblegarse pues siempre rechazó las dictaduras hasta dar fin con ellas y salir
victorioso en libertad.
El paro general e
indefinido cuyo inicio está anunciado para el lunes 8 de noviembre es un
extremo que marca el hastío, el cabreo colectivo, una reacción explicable por
las provocaciones que han salido del gobierno de Luis Arce y de las
agrupaciones que están buscando el retorno de Morales, cuyos intentos de
aparecer como víctima de un golpe “gozan” del respaldo de regímenes
autoritarios que están impidiendo la expresión final de la verdad.
La expulsión del
embajador masista en Asunción y el violento episodio en Guarayos son sucesos
que la opinión pública y los medios repudian, al punto que la convocatoria al
paro general no ha tenido otros oponentes que los grupos masistas que se
multiplican con nombres iguales y dirigentes apócrifos que duran tanto cuanto
está vigente la crisis.
Los líderes
convocantes han recomendado a la ciudadanía abastecerse de víveres y medicinas
para los muchos días que se supone durará el paro indefinido, con el
antecedente del último, en 2019, que mantuvo en vilo a la población durante 21
días. La recomendación tiene dos añadidos: evitar la violencia y proceder
cautelosos ante la provocación y los insultos.
Ante los aprestos
de las organizaciones inmersas en el conflicto, el oficialismo adelantó ciertas
nuevas leyes como la que apunta a despojar de sus atribuciones autonómicas a
los entes regionales: gobernaciones, municipios y universidades. Y se resiste a
poner en cuestión la normativa que permitiría ciertas vulneraciones a los
derechos: examen de cuentas sin notificar al titular y hasta escuchas
telefónicas sin orden judicial, con el fin de investigar la legitimación de
ganancias ilícitas.
Lo cierto es que
oficialismo ha venido desatando los hechos a modo de provocación tanto en el
Parlamento cuanto con el accionar de su militancia, que, sin embargo, ha
sufrido derrotas como en Villa Fátima (La Paz) o en conflictos locales como en
Potosí, o los centros mineros.
Finalmente, en el
marco de la controversia, cabe mencionar la comparecencia del jefe de Estado en
Nueva York (Asamblea de la ONU) y hace pocas horas en Glasgow (Escocia)
repitiendo falsedades sobre la Pachamama y el “vivir bien” que se contradicen
con la negación de los DDHH de poblaciones marginadas con las que se niega a
dialogar.



