Medio: El Diario
Fecha de la publicación: viernes 05 de noviembre de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Desde hace casi dos años, la propaganda oficial ha
desatado una intensa campaña en relación con lo que sucedió en Senkata, Sacaba
y otros hechos de violencia ocurridos como secuela del movimiento social
(definido como insurrección, golpe de Estado, rebelión, etc.) que culminó al
desplomarse el gobierno de Evo Morales-Álvaro García Linera y producirse la
renuncia y fuga de estos gobernantes, dejando al país con un efectivo vacío de
poder casi durante días.
Desde entonces, la población no ha dejado de ser objeto de machacona
especulación sobre esos hechos, a tal extremo que el asunto se ha convertido
para los denunciantes en un caso de necrofilia, es decir, un afán de recordar
el asunto y complacerse con su realización.
En efecto, medios oficiales, semioficiales y extraoficiales no han dejado de
hace referencia a los hechos ocurridos en Senkata, Sacaba y otros,
definiéndolos como “masacre” y otros conceptos, para así impresionar y, en
cierta forma, satisfacer inspiraciones morbosas y, en particular, criticar al
gobierno de transición de entonces, por haber producido esos sucesos en acción
deliberada, ocurrida entonces.
Esa campaña de especulación con la muerte, tendría también como finalidad
hacer pasar como víctimas a las autoridades hasta entonces gobernantes y
aparentar que tuvieron conducta pacífica durante su gestión y que, en cambio,
los gobernantes improvisados fueron los autores del derramamiento de sangre.
A lo largo del tiempo, la campaña sobre dichos lamentables hechos ha
alcanzado nivel de placer para sus propagandistas, lo que viene a convertirse
en un caso ya no solo de necrofilia, sino de necrofagia, que causa justo
malestar entre la población, por su objetivo de hacer realidad la idea nazista
de que una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad.
A todo eso se agrega que aún esos sucesos no han sido debidamente
investigados –averiguación que se debía hacer–, sin saber a ciencia cierta si
fueron combates, escaramuzas, o bien un choque entre fuerzas bien pertrechadas,
ni los fines que perseguían los atacantes ni el origen de las órdenes de
movilización a los combatientes. De ahí que este tema se ha convertido en un
caso de necrofilia, por no haber tenido hasta el presente la aclaración
respectiva y por el tiempo que ha pasado sin que hubiera dilucidación.



