Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: lunes 01 de noviembre de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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En el supuesto de que existiera algún país socialista verdadero, sería disparatado pensar que en él rigiera un derecho liberal (capitalista), donde se reconozca la división y coordinación de poderes, la libertad de pensamiento, de expresión, de reunión, de asociación, de circulación, el derecho de defensa en juicio, la presunción de inocencia, etc. También sería un absurdo pensar que dentro de un sistema capitalista rigiera un derecho socialista bajo la “dictadura del proletariado” (predicamento este, del socialismo).
Desde que el hombre ingresó en lo que se llama orgullosamente la “civilización”, e incluso en el último estadio de la barbarie, ya se empezó a germinar ese engendro llamado Estado y con él el derecho. Antes ninguno de éstos existía porque no se los necesitaba ya que pervivía una autorregulación social al no haber casi nada que disputar, la división del trabajo era colectiva, los productos de la pesca, de la caza y, posteriormente, de la modesta labranza y de la ganadería en ciernes se distribuían equitativamente entre todos, a nadie le faltaba nada para la subsistencia.
Pero cuando unos pocos se “avivaron” apropiándose de los instrumentos de trabajo y de los bienes producidos por los demás emergieron las ambiciones humanas y el egoísmo y surgieron las disputas internas y, externamente, las guerras, por eso nació el derecho, para controlar dichas diferencias, derecho que desde luego estaba en poder de los más fuertes.
En el “magnífico” tiempo de la civilización, ese contenido del derecho ha empeorado y así como decíamos que sería absurdo que en un sistema socialista existiera un derecho liberal, de igual forma sería una estupidez pensar que en Bolivia, sociedad capitalista atrasada, pueda regir un derecho socialista.
Por esa sempiterna concentración del poder en pocas manos, más allá de la buena voluntad de unos cuantos individuos, sería ilógico que existiera independencia en la administración de justicia, nunca la hubo ni aquí ni del otro lado del Atlántico por eso el doctor Ossorio y Gallardo decía: “Si me viera en el trance de calificar la administración de justicia en España, me atrevería a decir que es un conjunto de buenas personas, que todos los días se esfuerzan en hacer justicia, y a veces lo consiguen”. Lamentablemente velada o descaradamente el Órgano Judicial sufre la intervención del “poder” político y/o económico, las inocentes argumentaciones en contrario son espejos de alucinación.
Podrán realizarse 500 reformas constitucionales y mil cumbres de reforma judicial y todas ellas no pasarán de ser zapateos sobre agua, la única forma de morigerar esta degeneración estatal es haciendo que, por de pronto, rija un poquito de democracia y otro poquito se respeten los derechos y libertades de las personas, esta es una regla para la existencia de la “maravillosa” civilización; y, el totalitarismo, es nuestro mayor enemigo, debe ser rechazado de plano.



