Medio: El Diario
Fecha de la publicación: viernes 22 de octubre de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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Ahora el Gobierno y el MAS temen un golpe Estado o acción
desestabilizadora. No es posible deducir hasta qué punto estos temores son
reales o se trata de una estrategia para mantener alerta a sus militantes. Esta
situación es a la vez una advertencia a la oposición y sectores descontentos,
de que gobierno y partido no permitirán que se incrementen o proliferen
mitines, marchas, etc., lo cual se expresa en la fuerte agresión contra los
grupos que se manifiestan de tal manera.
Más franca y violenta en este sentido
ha sido la represión aplicada al paro acompañado con demostraciones populares
de protesta. Éstas se efectuaron el día 11 pasado contra el proyecto de ley que
perseguía la Legitimación de Ganancias Ilícitas, hasta que fue suspendido. Tal
proyecto salía de ese marco para desterrar e invadir las garantías individuales
consignadas en la Constitución Política y los Derechos Humanos. Las
advertencias o amenazas se intensificaron con el wiphalazo del día siguiente,
12 de octubre.
Todo este aparataje no deja de ser un
estado de paranoia que abruma a la cúpula gubernamental y trasciende a su
militancia. La paranoia es un temor o miedo a ser objeto de un atentado contra
la propia seguridad de las personas, en este caso también sería una paranoia
colectiva. En los 14 años de gobierno anteriores, estos temores se decían venir
del imperialismo, del capitalismo y de la “derecha”.
Este sobresalto es infundado o acaso
acarrea cierto grado de culpabilidad. Lo cierto es que la madurez de la
ciudadanía ha dejado atrás las posibilidades de golpes de Estado para derrocar
gobiernos. Así lo prueba la concurrencia ciudadana a tan seguidos eventos
electorales de los últimos años, aun bajo el temor al fraude o adulteración.
A partir de las declaraciones de Evo
Morales de organizar milicias armadas como en Venezuela, aunque luego se
desdijese, han sido tomadas por reductos de sus seguidores como una especie de
orden de jefatura, según la costumbre política de los 14 años. Entonces la
palabra del jefe bastaba. Ahora no parece que se la hubiera olvidado. Lo
demuestran los grupos organizados a modo de células, que empezaron a salir a
luz. Entre ellos, los Wila LLuchus o Ejército Guerrero, los Ponchos Rojos (ya
antiguos), el Estado Mayor del Pueblo en El Ato. Los mismos o similares
actuaron reprimiendo de hecho varias concentraciones y demás actos de la
oposición, así como con el intento de interrumpir la marcha indígena desde el
Beni a Santa Cruz. Se suman las declaraciones de connotados miembros masistas,
en sentido de dar la vida si es necesario y, más rotundamente, de matar si es
preciso.



