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Medio: La Razón
Fecha de la publicación: miércoles 20 de octubre de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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A raíz de la preocupación expresada por Estados Unidos acerca de la
presencia de “grupos paraestatales” en Bolivia, activistas recordaron que en
2019 actuaron esas facciones irregulares como en las dictaduras de Luis García
Meza y Hugo Banzer.
La presidenta de la Asociación de Familiares de Detenidos, Desaparecidos
y Mártires por la Liberación Nacional (Asofamd), Ruth Llanos, recordó que como
ocurrió en 2019 con la irrupción de la llamada Resistencia Juvenil Cochala
(RJC) en las dictaduras hubo grupos paraestatales incluso que también usaron
motos para el acoso.
“Los primeros motoqueros fueron Los Marqueses”, quienes tomaron la
universidad, en el gobierno dictatorial de Banzer, dijo este miércoles en la
transmisión digital Piedra, Papel y Tinta de La Razón.
“En el periodo de Banzer, en Santa Cruz, actuó la Triple A boliviana; y
Los Novios de la Muerte en el periodo de García Meza”, explicó.
En el mismo espacio, desde Washington (Estados Unidos), la directora de
la Red Andina de Información, Kathryn Ledebur, consideró que la RJC y la Unión
Juvenil Cruceñista (UJC) “son muy parecidos con lo que ha pasado en las
dictaduras anteriores”.
La activista de los derechos humanos apareció en los últimos días en
medio de una preocupación que expresó la encargada de Negocios de Estados
Unidos en Bolivia, Charisse Phillips, sobre la seguridad de la ciudadana
estadounidense.
Así, pidió el Gobierno de Bolivia, a través de una carta dirigida al
viceministro de Régimen Interior, Nelson Cox, desmantelar esos “grupos de
seguridad paraestatales violentos”.
Ledebur se refirió a la RJC y la UJC. “Lo que me ha pasado, tal vez como
extranjera, es mucho menor de lo que han sufrido muchísimos bolivianos y
bolivianas, especialmente en el caso de la RJC: mujeres de pollera, personas de
Cochabamba, y en el caso de la UCJ y Cascos Blancos (La Paz), también”.
Estados
Unidos
Su queja llegó a la Embajada de Estados Unidos en Bolivia debido a las
amenazas constantes, de hasta 12 veces a la semana a través de redes sociales,
y que persisten en su contra. Sufro “hostigamiento por redes sociales desde
antes del golpe de Estado, hostigamiento que señala mi casa, que muestran la
foto de mi hija, que me dicen terrorista, que debo ser procesada y expulsada,
que me iban a buscar”, dijo a La Razón.
Un caso similar fue reportado por el abogado estadounidense Thomas
Becker, quien patrocinó a los familiares de las víctimas de la Masacre de
Octubre de 2003. Éste también dijo que su caso es menor en relación a lo que
sufren las víctimas de la RJC y la UJC.
También
puede leer: El
Gobierno anuncia el plan de desmantelamiento de grupos irregulares como RJC y
UJC
Desarticulación
“Es importante que se desarticulen estos grupos, que su actividad es
ilegal y que el GIEI (Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes) lo
ha comprobado; existe bastante documentación y miles de hojas de testimonios en
el expediente”, insistió Ledebur.
“La obligación de desarticular estos grupos no es porque Estados Unidos
lo dice, sino que para haya justicia y reconciliación estos grupos ilegales no
pueden seguir funcionando”, insistió.
La activista aplaudió la preocupación expresada por su embajada. “Casi
nunca aplaudo acciones de mi embajada, pero en este caso ha sido una decisión
correcta, ética y moral”, dijo.
Ledebur consideró que en el “golpe de Estado” de 2019 estados Unidos tuvo
un papel importante. “Recibí respuesta de la embajada (en sentido de) que están
preocupados por mí, pero en la época de Donald Trump no recibíamos desde
Washington ni una señal de preocupación, ninguna expresión de rechazo a un
golpe violento; la administración Trump coadyuvó en el golpe de Estado en
Bolivia y que hay indicios fuertes de eso”, reveló.
En la crisis poselectoral de 2019 fue visible la presencia de la RJC,
cuyo centro de operaciones fue la plazuela de Cala Cala en Cochabamba. Su modus
operandi fue perseguir a quienes entonces defendían al gobierno de Evo
Morales. Una de sus víctimas fue la entonces alcaldesa de Vinto, Patricia Arce,
quien fue vejada, sacada con violencia de su oficina, echada con pintura,
rociada con combustible y cortada del cabello.
Su caso fue conocido por el GIEI, que investigó la violencia y la
violación de derechos humanos en la crisis poselectoral de 2019. El organismo
de expertos pidió a las autoridades judiciales investigar el caso, además de
exhortar al Estado boliviano a desmantelar estos grupos “parapoliciales”.
La RJC actuó con la aquiescencia de ciertas autoridades de la Policía
Boliviana.



