Medio: El País
Fecha de la publicación: domingo 17 de octubre de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Acaba una semana poco convencional tanto para la política
local como para la nacional, donde el diálogo no es precisamente lo que prima,
pero igualmente se consiguen avances. O retrocesos.
En Tarija el Gobernador acumula tres frentes abiertos, algo
que no solía ser habitual, pero que Óscar Montes ha preferido enfrentar en este
momento probablemente por urgencias económicas, pero también por el estado
catatónico en el que se encuentra su oposición, que en teoría tendría que
ejercer el Movimiento Al Socialismo (MAS).
Y es que Montes no solo no ha cerrado el frente chaqueño,
cuyo último capítulo acabó con el Gobernador exigiendo la devolución de fondos
del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) que durante años se hubieran
entregado al Chaco, que era exactamente lo contrario de lo que los líderes
chaqueños opinan, sino que además se ha abierto dos más.
Uno, el del Prosol, cuya deflagración se venía dilatando y
que finalmente se precipitó una solución aceptada este mismo sábado, pactando
un calendario de pagos a muy largo plazo, y el otro, el de la canasta
alimentaria, que según denuncian los adultos mayores pasará a ser absolutamente
singular, es decir, una al año y no una al mes.
El problema para Montes no es tanto abrir todos los
conflictos en el mismo mes, cuando el presupuesto ya está aprobado y camino a
la consolidación en el Presupuesto General del Estado (PGE), sino ejercer en
todos como el vocero, el negociador, el didacta y el último decisor. Es verdad
que no dista mucho de cómo manejaba el Municipio, pero su equipo ya no es que
sea pequeño, sino que prácticamente no existe.
El MAS Tarija, a puñetes
Lo cierto es que el MAS Tarija no logra articular oposición
porque no logra siquiera un mínimo acuerdo que lo haga políticamente viable. El
Congreso de Cercado en el Coliseo Universitario acabó de nuevo a golpes y
sillazos, algo que ya se ha convertido en rutina. Las excusas son las de
siempre: el intervencionismo de Carlos Acosta, que no quiere dejar el cargo, y
las pretensiones de otras matrices por tomar el control de la departamental.
El plan del MAS nacional es tener un partido fuerte que le
marque el paso al Gobierno de forma que Evo Morales siga siendo el referente en
los próximos cuatro años, pero no todos están de acuerdo en esa estrategia y,
al final, el poder real lo tiene el Gobierno de Luis Arce.
El volantazo nacional
En cualquier caso, toda la atención política la ha
arrastrado el nivel nacional, pues la semana empezó fuerte, con un paro cívico
a medio gas, le siguió un wiphalazo muy funcionarial y tras un día de reflexión
o chaqui en el que el presidente cívico cruceño le dio por llamar cuervos a los
altiplánicos que viven en Santa Cruz, el Gobierno decidió bajar la Ley de la
polémica el jueves y el viernes arrojar dos bombas de humo ahondando sobre lo
mismo, el golpe, con el Tribunal Constitucional diciendo que no fue
constitucional la sucesión de Jeanine Áñez que sí avaló en varios momentos en
2019, y con el Procurador Wilfredo Chávez recontando las actas de 2019 en una
semana para decir lo mismo: que no hubo fraude sino golpe.
La cadena de hechos deja tocado a casi todos. El Gobierno
queda debilitado y la oposición redobla la apuesta criticando otras leyes.
Comunidad Ciudadana intenta engancharse a ese tren para salvar su posición de
primera fuerza de oposición. El Comité Cruceño vuelve a ensuciarse con la
xenofobia y el separatismo.
Y mientras tanto, los datos económicos no acaban de cuadrar,
el empleo no se recupera, el PIB tardará al menos hasta 2023 para recuperar el
nivel de 2019, y la pandemia sigue mientras se estanca la vacunación. Pero no
pasa nada.



