Medio: El Deber
Fecha de la publicación: lunes 18 de octubre de 2021
Categoría: Autonomías
Subcategoría: Autonomía Indígena
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Son más de 600 personas de los pueblos indígenas de
tierras bajas las que
permanecen acogidas en el coliseo de la Universidad Autónoma Gabriel René
Moreno (Uagrm).
Tras una caminata de
37 días desde Trinidad, algunos empezaron a notar que sus organismos no
funcionaban a la perfección, y con el auxilio de organizaciones voluntarias
descubrieron que no estaban tan sanos como creían.
Probablemente el
caso más emblemático sea el de Marcial Fabricano, conocido como tata Marcial.
Según el médico Germán Pinto, director de la fundación Fundacruz, que monitorea
la salud de los indígenas desde Cuatro Cañadas, el vocero de la marcha
no tenía idea de su diabetes, tampoco los doctores, porque antes le habían
realizado prueba de glucosa que no dio señales de alarma. Celebró que el tata
no hubiera entrado en coma diabético porque fue asistido a tiempo, y dijo que
debido a esa experiencia, hoy tratan de hacer el mejor seguimiento posible a
los que ya fueron identificados como diabéticos o con otras afecciones.
“Les hacemos
periódicamente un pequeño análisis de glucosa y vamos detectando, pero
el problema es que a veces brota de la noche a la mañana, como le sucedió al
señor Marcial Fabricano; incluso le habíamos hecho pruebas antes y no
manifestaba”, explicó.
Pinto además indicó
que en estos días se sabrá si Fabricano es o no insulinodependiente.
“Recién estaban haciéndole estudios para determinar eso”, informó.
Pero el tata no es
el único. Su caso fue visible, pero Fabricano es el cuarto de los
marchistas en ser internado.
María José Antelo,
de la Fuerza Humanitaria Cascos Rojos, explicó que cuatro marchistas, en total,
fueron hospitalizados por distintas razones, y alguno tuvo que retornar
a su comunidad para evitar futuras complicaciones.
Según Antelo, la
esposa del presidente de la Central de Organizaciones de los Pueblos Nativos
Guarayos (Copnag) presentó colecistitis (vesícula inflamada) por obstrucción
biliar y tuvo que ser sometida a una cirugía en el hospital de
La Pampa. Estuvo internada una semana y media, luego regresó a su lugar de
origen.
“Hubo complicaciones
para que la atiendan, al principio no había espacio y ella estaba con mucho
dolor. Tuvimos que buscar medicamentos, no teníamos los recursos y nos
faltaba cubrir una receta de Bs 200. Además, inicialmente no querían
atenderla porque no tenía una fotocopia de su carnet”, contó.
Actualmente existe
otra persona ingresada, un indígena del Tipnis de la tercera edad,
debido a una hernia, y que se sentía bastante adolorido, dijo Antelo.
Por último, también
fue internada una mujer que se descompensó y se desmayó por
deshidratación. “Una ambulancia del Sisme vino directamente para llevarla,
gracias a las gestiones de los encargados médicos de la Uagrm”, explicó.
Cuando estuvieron
por Pailón, según Antelo también hubo una mujer que se descompensó
porque ya venía con problemas en su sistema inmune. “Ella ya se encontraba
en mal estado porque venía con remedios”, agregó.
En el caso de los
diabéticos, Antelo indicó que es muy difícil que mantengan una alimentación
saludable, a veces por testarudez, pero también porque la comida que más
abunda en las donaciones es el carbohidrato. “Lo que más traen es arroz,
fideo y yuca”, dijo.
Hasta el momento, a
los Cascos Rojos les ha tocado atender a dos diabéticos, Marcial
Fabricano y Ramiro Zenteno, este último del Tipnis, en la parte del Trópico
de Cochabamba. “Ramiro es testarudo, come todo lo que le traen”, aseveró.
Los Cascos Rojos
también detectaron a cuatro hipertensos, pero es muy probable que existan
patologías que aún no se hubieran encontrado, ya que se monitorea más a los que han
dado señales de alerta.
De los
aproximadamente 600 marchistas, Fundacruz, de Germán Pinto, atendió a más de la
mitad de ellos. Dice que no fue nada fácil al comienzo, ya que especialmente en
ciertas comunidades, como los ayoreos, son reacios, y los más accesibles fueron
los chiquitanos. “Encontramos diferentes patologías, desde anemia hasta
problemas de insulina. Solo cuando el dolor era insoportable se acercaban a
nosotros”, dijo.
Ganarse la confianza
fue todo un desafío. Los voluntarios de Fundacruz empezaron por los niños, con
juegos didácticos. “De ese modo fueron asimilando mejor las cosas y ahora ya
hay más confianza”, aseguró, mientras que a su lado, madres e hijos
hacían fila para vacunarse contra la influenza y recibir otras
atenciones.
De acuerdo a Pinto,
la mayoría de los que superan los 50 años son hipertensos, y adicionalmente a
eso, no controladas. “Están descubriendo las patologías que tienen. En
el tema de la diabetes, es mínimo el cuadro que se encuentra, pero sí hay
algunos que están complicaditos y en base a eso se los está tratando”, afirmó.
Una de las
afecciones más comunes, según Pinto, son los resfríos, la deshidratación y los
problemas musculares. “Pudimos atenderlos gracias al Colegio de
Fisioterapia, con la aplicación de algunos donativos, como Flogiatrin,
sueros rehidratantes, vitaminas en sueros, etc.
Pinto agradeció a
instituciones como la Iglesia Católica, que está apoyando bastante, también al
Club de Leones, Davosan, y al Comité Cívico por los medicamentos y también
alimentos. Sin embargo, siguen faltando los remedios, y ahora más que todo los
hipertensivos e insumos para diabéticos, porque con los controles van
encontrando más casos. Asimismo, piden vitaminas en inyectables, potasio,
complejo B, zinc, y sueros fisiológicos de 500 ml, “porque no son como los
de la ciudad, no aguantan mucho tiempo sentados. Necesitamos
reconstituirlos después de más de 37 días de caminata porque ellos no son muy
controlados ni consecuentes en el tema de salud”, reconoció.
Otros pacientes en
la marcha son las embarazadas, si bien se contaron cuatro, quizás existan más,
y alguna sin control alguno, como el caso de Jenny Chuqui, indígena takana que
llegó de su TCO y que ya regresó a su territorio, con cinco meses de
gestación y desconociendo el estado de su bebé.
La preocupación de
Pinto es que, de continuar los marchistas con sus peticiones en vilo,
probablemente sean testigos de algún nacimiento, ya que hay mujeres con
avanzado estado de gestación. Una de ellas es Santa Francisco, una guaraní con
siete meses de embarazo que tuvo la oportunidad de conocer el sexo de
su bebé antes de partir de su comunidad, por Camiri, pero que durante la
caminata y en los últimos días no ha sabido en qué estado se encuentra, y que
ya presenta algunos dolores.
“Tengo
molestias, pero no he podido hacerme chequeos porque no traje mi
cartón de los controles médicos”, dijo.
Santa llegó
acompañada de su padre y de sus dos hijos mayores, de cuatro. El pequeño
por nacer será su quinto descendiente.
Pinto dijo que
cuentan con el apoyo de un centro de salud para la atención de las gestantes, y
que se está coordinando con otros para hacerles los controles necesarios. “Ojalá
no tengamos un primer nacimiento en medio de la marcha”, bromeó.
En coordinación de
varios grupos, entre ellos los de la Uagrm, se ha dado atención odontológica a
los indígenas. Les han hecho tomas de muestras para elaboración de
placas, se ha trabajado con la Uagrm para hacerles algunas extracciones
dentales, a fin de ir preparándolos para que les hagan prótesis parciales.
También hay quienes
no saben qué problema tienen, un ejemplo es el de la esposa de Emilio Noza, del
Tipnis. Según Noza, ella cree que tiene reumatismo, ya que desde hace tiempo
sufre molestias en las articulaciones, pero que en estos días se están
acentuando de forma considerable y más dolorosa.
Otra de las
indígenas que prefirió no ser nombrada, del grupo de la tercera edad, supone
que tiene algún desgaste óseo a la altura de la cadera, porque luego de
los 37 días de marcha no logra calmar el dolor. Quiere hacerse una
radiografía, y por el momento solo espera que se le presente la oportunidad,
aprovechando que está en la ciudad, donde se supone que existen más recursos.
Coronavirus
Pinto aseguró que
hasta la fecha no se han detectado casos de covid-19 dentro del grupo de los
marchistas. “Gracias a Dios nadie ha dado positivo a covid-19, lo que más
tienen son resfríos mal curados y estamos tratándolos para que no deriven en
una bronquitis. Este clima complica la situación, pero por suerte la
gente que ha llegado ya superó el resfrío, y ya concluyó el tema viral
de los siete días. Algunos quedan todavía y esta lluviecita con frío podría
reiniciar los problemas”, alertó.
En los reportes de
Fundacruz solo aparecen 20 de los más de 600 marchistas vacunados y 50
con prueba PCR durante los días de marcha.
Pinto dijo que se
hicieron las pruebas gracias a insistencia. “Vino el secretario departamental
de Salud, se hizo un registro de 50 personas con PCR y 20 vacunados, poco para
la población que tenemos porque la gente es un poco reacia. Ahora mismo
estamos en el tema de socialización de las vacunas, de las enfermedades,
etc. Ellos sienten rechazo por la manipulación del hisopado nasofaríngeo,
piensan que les ocasionará alguna complicación más adelante”, explicó.



