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Medio: El Deber
Fecha de la publicación: jueves 14 de octubre de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Causa gracia –y también perplejidad– escuchar a altos
dirigentes masistas y hasta a ministros del actual Gobierno, hacer un elogio
del trabajo, de la producción, de las exportaciones, del PIB, y pretender
ilustrar a la población boliviana, como si fuera idiota, expresándole que los
bloqueos, las marchas y los paros dañan la economía nacional, que afectan a la
gente más pobre que vive del día a día, que ahuyentan a los inversores nacionales
y extranjeros; en suma, que estos bloqueos son una peste que nos está matando.
Sin embargo, el mayor aporte que ha entregado Evo Morales a
la política boliviana, ha sido justamente el bloqueo de caminos. Esa ha sido la
esencia de su talento político. Los paros, marchas y bloqueos, con
enfrentamientos en barricadas y con muertos, lo llevaron a la presidencia en
algunos años de lucha, aunque también un bloqueo de tres semanas, solo con
“pititas” como él mismo calificó, lo hizo salir corriendo del poder, perdiendo
hasta sus alpargatas en la precipitada huida.
Siempre hubo manifestaciones políticas en Bolivia, desde
luego, pero los bloqueos criminales son invento de Morales, con un aplicado
aprendizaje del MAS, que luego derivó en contagio nacional. No obstante, los
masistas, una vez en el gobierno, fueron implacables con los marchistas o
bloqueadores de la oposición. Entonces sí bloquear era malo. La Policía fue
inclemente con una tremenda profusión de gases y garrotazos, como los
“movimientos sociales” (milicias del MAS), cuando la ciudadanía quería
protestar contra las acciones impopulares y deschavetadas de una administración
que, milagrosamente, se llenó de dinero gracias a la festiva venta de gas
natural, que dilapidó sus ingresos en suntuosidades faraónicas olvidándose de
la miseria popular.
Nos correspondió participar en la política en las épocas en
que los cocaleros bloquearon la carretera Cochabamba-Santa Cruz, durante
aproximadamente tres semanas o un mes. Tiempo en que se perdieron cientos de
millones de dólares porque se malograron los productos perecederos que iban
hacia los puertos del Pacífico y porque el resto de la producción (soya
principalmente) no llegó a los barcos a tiempo para cargarse y las naves
partieron vacías y los contratos internacionales, que no esperan soluciones
callejeras, se anulaban. Cortes constantes en la ruta fundamental de la
economía nacional, principalmente en defensa de la hoja de coca de Chapare
destinada al narcotráfico, hacían los masistas, sin fijarse en las inmensas
pérdidas ocasionadas a la economía. Son los mismos sujetos que hoy provocan
hilaridad y rabia al escucharlos pontificar sobre las virtudes del trabajo y
del crecimiento del PIB, cuando no saben nada de lo uno ni de lo otro.
Si las huelgas y las marchas son expresiones de protesta que
están aceptadas en la Constitución, los bloqueos que inmovilizan el tránsito de
bienes y personas no lo están. Los “paros movilizados” que no son otra cosa que
parapetos móviles destinados a paralizar una ciudad se contradicen hasta en su
nombre. ¿Dónde se han visto “paros” que sean “movilizados”? ¿Qué invento es
ese? Pinchar llantas y romper cristales de vehículos que no respetan las
huelgas es pan de cada día. Y chicotear a los choferes que incumplen con los
“paros movilizados” produce una imagen de salvajismo que solo se puede dar en
sociedades primitivas como la boliviana, en aquellas que se someten a la
justicia comunitaria, que no es más que el desconocimiento a la ley y la
venganza artera contra el adversario.
Esta es la ley que ha impuesto Evo Morales y el MAS. En
otras naciones hay bloqueos sin duda, pero una vez al año o dos, no
periódicamente. En otros lugares sirve el diálogo. Aquí todos mienten en su
propósito de dialogar y de debatir los problemas del Estado. Sin embargo, para
dialogar y debatir se necesita una cultura básica: el ser capaces de oír al
adversario y respetar su opinión. Sin duda que la acción del bloqueo que
provoca tantos males y enardece a las muchedumbres es una peste boliviana que
no parece tener cura y que se extiende en el vecindario. He ahí el mayor aporte
del MAS.



