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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: jueves 14 de octubre de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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La tensión política del país va en ascenso y los líderes, lejos a la reconciliación, están echando gasolina al fuego, como ocurrió en las últimas horas con el presidente Luis Arce y el dirigente cívico de Santa Cruz, Rómulo Calvo. El primero amenazó con defender su victoria del 55% en las calles y el segundo se refirió a la wiphala, un símbolo patrio reconocido en la Constitución, como un trapo.
Luis Arce, aparentemente, abandonó sus funciones de presidente de todos los bolivianos para convertirse, al menos durante el día del wiphalazo, en un jefe miliciano que arengó a sus huestes para que salgan a defenderlo en las calles y alabó a los que ya lo hicieron, convertidos en grupos de choque, el día del paro cívico.
“Tenemos a un pueblo que va a hacer respetar su voto popular en las calles. Si no quieren respetar en las urnas, nos vamos a hacer respetar en las calles, hermanas y hermanos”, dijo desde Cochabamba.
Y en La Paz defendió la acción violenta perpetrada por los militantes de su partido que, durante la jornada de paro, arrinconaron y agredieron a quienes salieron a bloquear las calles, con lo que el mandatario está proscribiendo el derecho a la protesta y está incitando a sus seguidores a actuar con violencia.
“El pueblo boliviano le dio una lección a la derecha golpista, asesina, antidemocrática. El golpismo quería parar y el pueblo le dijo: ¡a trabajar! (…). Ellos han demostrado todo este tiempo que son unos incapaces, unos inútiles para manejar el Estado”, dijo.
Estos discursos enguerrillados han sido pronunciados en medio de un mar de wiphalas que, pese a ser un símbolo patrio, ha sido instrumentalizado otra vez por un partido político que la está convirtiendo en la bandera de la confrontación.
Y en la otra orilla, Calvo habló con actitud patronal cuando dijo que los migrantes “no sean malagradecidos”, “no sean cuervos”, como si algún ciudadano libre de este país tendría que agradecer a otro por lo que logra con el esfuerzo de su trabajo.
Discursos así, de uno y otro bando, no ayudan, solo confrontan. Pero, entre los dos el que mayor responsabilidad tiene por sus actos y sus palabras es el presidente Arce porque, en teoría, gobierna para todos los bolivianos y porque tiene el monopolio del poder y la fuerza, los que usa para hacer frente a sus rivales políticos.
Calvo también es un líder al que se le debe exigir responsabilidad a la hora de hablar, pero sus condiciones no son las de un jefe de Estado y, por tanto, su responsabilidad es diferente.
Está claro que Luis Arce decidió seguir la senda autoritaria y confrontacional y nada se puede esperar de su liderazgo con miras a la reconciliación entre bolivianos. La tragedia es que, de esta forma, Bolivia se encamina al desastre.



