Medio: El Diario
Fecha de la publicación: martes 12 de octubre de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Asamblea Legislativa Plurinacional
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En las últimas
dos semanas hubo profusión de rumores, comentarios y criterios sobre lo que se
estaría gestando en las cámaras legislativas, por presión del Ejecutivo, con
miras a la aprobación de leyes relacionadas con normas sobre enriquecimiento
ilícito, transacciones, posesión de fortunas, etc., etc., que han creado
incertidumbre, preocupación y hasta angustia en la población, porque se
trataría de afectar la economía de todos los hogares y que, con el estilo
netamente comunista, “todo estaría destinado a beneficiar las arcas nacionales
en detrimento del pueblo”.
Nadie niega el
derecho y obligación del gobierno de estudiar y aprobar, con intervención del
Poder Legislativo, medidas que corrijan o complementen el conjunto de códigos
que el país necesita para un mejor funcionamiento; pero que se lo haga dentro
de márgenes de diálogo, concertación y entendimiento; que lo que se piensa
hacer no sea bajo amenazas o siembra de temores en la población, y que no sea
medio de presión. Lamentablemente, quienes han difundido una serie de
comentarios, noticias y rumores sobre cuestiones tan delicadas, incluyendo
algunos parlamentarios, parecen estar convencidos de que el “poder lo permite
todo”, cuando la verdad es que si lo permite es dentro de márgenes de
cordialidad, respeto, diálogo y concertación, sin utilizar amenazas ni
infundiendo miedo. Todo ha mostrado en estos días que se confunde el diálogo y
la concertación con el miedo, el temor y la creación de condiciones forzadas
para conseguir “aceptación voluntaria” a medidas que parecen coercitivas por la
manera de propagarlas.
Las autoridades
nacionales, por las múltiples experiencias que han acumulado, saben que el
diálogo es el mejor medio para convenir y concordar lo que se busca, lo que se
considera necesario porque se conviene en que se conoce la profundidad e
importancia de los temas puestos en mesa de diálogo; pero obrar a ciegas, sin
fundamentos claros y precisos, sin difusión de los proyectos y sin que ambas
partes lo hayan estudiado –previa y someramente– es, simplemente, tratar de
imponer a la fuerza.
Las autoridades
de gobierno no deben obrar bajo presión, ni la población bajo temores por
posibles medidas a ser tomadas en caso de rechazo por la parte que se siente
afectada. Planteamiento o sugerencias que sean motivo de diálogo deben ser presentados
con los mayores detalles, para que sean comprendidos y sean dados los pasos
correctos y en ámbitos de cordialidad.
Funcionarios de
cualquiera de los poderes del Estado deberían estar convencidos de que
solamente el diálogo construye, porque se lleva a cabo dentro de parámetros de
cordialidad, educación y concertación; deberían estar seguros de que el miedo y
la amenaza no hacen otra cosa que agravar los problemas y enturbiar las
conversaciones; lo más grave es que, en muchos casos, se puede esperar
reacciones airadas por las presiones ejercidas. Dialogar y convenir es obrar
con altura y cordialidad; no hacerlo así es provocar lo que no se querría y
daría lugar a resultados negativos y contrarios a los propósitos buscados.



