Medio: La Razón
Fecha de la publicación: martes 12 de octubre de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Es fea. Y como ya viene siendo costumbre, Luis Fernando no pierde oportunidad para hacer gala de su irreverencia frente al Gobierno, al cual amenaza con vencer en un segundo round. Me pregunto ¿cuál fue el primero? Seguramente se refiere a la pelea que su padre arregló con un árbitro que se supone debía resguardar la continuidad de un gobierno constitucional. Si es así, imagino que la fama de bravucón que se viene labrando esforzadamente en realidad debe agradecérsela a su billetera patrimonial, que seguramente ya está emitiendo cheques en blanco entre las barracas. Está claro, sin embargo, que el Gobernador de Santa Cruz tiene la convicción de que la democracia se construye a golpes, nunca mejor dicho.
Su curiosa teoría de transición democrática la comparten hoy una miríada de opositores, intencionados y circunstanciales, que equiparan la represión de Chaparina, condenable sin duda, con las masacres de Sacaba y Senkata, donde se asesinó a bolivianos a quienes además se les negó la condición de ciudadanos, al rebajarlos a la categoría de bestias humanas. Ya no me referiré a la ironía de las palabras de Rómulo Calvo, pues se requiere ser un verdadero hombre de cromañón para golpear campesinos y mujeres de pollera a bordo de una camioneta pintada con la esvástica nazi. Son esas pequeñas sutilezas de la oposición que me hacen dudar si en realidad tiene algún valor el análisis del discurso. Imagino que yo también puedo declararme como defensor de los derechos de los animales, después de disfrutar una buena parrillada, claro está.
Ya lo notó otro columnista en este medio, al hablar sobre la caída de uno de los pocos ídolos de la derecha a causa de su incoherencia liberal y su pose democrática: ni el más recatado de sus líderes puede superar la prueba de la vista gorda, esa donde te muestran videos de personas asesinadas a punta de fusil, frente a los cuales debes permanecer inmutable. ¡Tenemos un ganador! ¡y en primera vuelta! Lo triste es que incluso la fraudulenta imagen conciliadora de Carlos Mesa está pasando de moda, y viene entrando en boga la más abierta y reaccionaria agresividad en contra del mundo popular. La gente quiere sangre y los representantes del Conade no se ruborizan al momento de defender a los paramilitares de la Resistencia Juvenil Cochala, que seguramente hoy celebran la libertad condicional con la que fueron beneficiados sus cinco líderes la pasada semana. Olvidé que a Al Capone lo condenaron por evadir impuestos y no por reventar cabezas con un bate de béisbol. Espero no estar dando ideas…
Lo cierto es que frente a la hipocresía uno puede reaccionar solo de dos maneras: indignarse hasta apretar los dientes y los puños, o reírse hasta comprender que poco en este mundo tiene sentido. Para defender la impunidad de los perpetradores del golpe de Estado, las masacres y la seguidilla de violaciones a los derechos humanos, escogieron nada menos que el 10 de octubre, fecha en la cual se supone debemos celebrar la recuperación de la democracia, secuestrada durante un tiempo por una tropa de uniformados al servicio de las clases privilegiadas y con el apoyo de los EEUU. Pero, ¿qué más da? Después de todo, los “pititas” se cubrían la espalda con la bandera boliviana mientras desfalcaban al Estado y vendían al país al FMI. Sócrates tenía razón: el drama y la comedia se tocan.
Pero no quiero reír, por mucho que me invite la vida a ello. Creo que son tiempos de miedo, no a Camacho, por cierto, que es más bien producto del ego (¿compensatorio?), sino al fanático fascista que muchos llevan dentro, y que no se avergüenzan al momento de dejar libre. Si mal no recuerdo, creo que había un estudio de Adorno llamado La personalidad autoritaria, que señalaba que un facho solo no hace nada, pero cuando se siente en enjambre, grita “¡Sieg Heil!”.
El mejor remedio contra la radicalización reaccionaria es la educación y una comprensión cabal del ser humano. Charles Taylor es un filósofo canadiense que dedicó una buena parte de su tiempo a objetar aquella noción del ser humano como innatamente egoísta y mezquino, recordándonos que más que producto de nuestros genes, somos, sobre todo, hijos de la historia. Y la historia manda que, para vivir, el ser humano necesita de la sociedad, y que ninguna sociedad funciona sin un sentido, aunque sea básico, de moralidad.
En octubre de 2020, el 55% de los bolivianos condenaron la bestialidad de Camacho y su falsa sonrisa (¿olvidaste ese round?), en franca expresión de una genuina moralidad democrática.



