Medio: El Deber
Fecha de la publicación: lunes 11 de octubre de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Otra vez se ha ido de Bolivia el cocalero Morales, dejando a
su partido sin caudillo y al país sin dictador.
Que no haya dictador es algo por lo que nadie tendría que
reclamar, sino festejar, pero que no haya caudillo en el partido gobernante es
más complicado.
Si el otra vez fugado volviera cuando se le hayan pasado sus
miedos quizá imponga a sus seguidores, comenzando por su títere que hace de
presidente, un nuevo relato.
No habría que extrañarse si esta vez dijera que escapó
porque los yungueños, al derrotar a la policía, estaban decididos a dar otro
golpe para derrocar al MAS y capturar a su huidizo caudillo.
Por el momento, ha ordenado a su dependiente despedir a los
jefes del Alto Mando militar porque se negaron a respaldar a la policía en
Villa Fátima aduciendo que necesitaban una orden escrita para proceder.
Es decir que ha encontrado una hilacha para sostener que, de
veras, se trató de otro “golpe”, y que tuvo que salir del país a fin de
preservar la más valiosa joya que tiene su partido: él mismo.
No cree en las encuestas y por eso no ha dado importancia a
una que detectó que 86% de los bolivianos lo repudian.
Los que están en problemas son los huérfanos. El títere a
cargo de la presidencia no sabe si debe seguir repitiendo aquello del “golpe” o
cambiar de disco. Está como gallina sin huato.
Los fiscales y jueces han advertido que el padrino se fue y
decidieron cambiar de actitud ante la resistencia: suspendieron la citación al
gobernador de Santa Cruz, dejaron en su cargo al alcalde de Cochabamba y
decidieron que los jóvenes de la resistencia cochala se defiendan en libertad.
Un poco más y decidirán poner en libertad a la prisionera
Áñez, a los dos generales presos, a los dos almirantes, a los 25 oficiales de
alto rango y a los 145 suboficiales, además de dejar sin efecto los castigos a
los policías acusados por la causa del anterior “golpe”.
Por precavidos, los parlamentarios masistas han decidido, en
vista de la fuga del caudillo, dejar en suspenso la ley que desconoce el
derecho a la propiedad privada.
Pero, además, han advertido a los cocaleros masistas de
Yungas que no pueden crear otro mercado para la coca, porque el que existe, el
que fue recuperado a sangre y fuego por los yungueños, es el único legal.
No se sabe qué será de la Confederación de Cocaleros de
Bolivia, Perú y Colombia que se había propuesto crear, ni de la alianza de
cárteles que incluya a los de México.
En fin, todo un enorme vacío el que ha dejado el escapista.



