Medio: La Razón
Fecha de la publicación: domingo 10 de octubre de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Justo hoy, 10 de octubre, se cumplen 39 años desde que
Bolivia retornó a la democracia, en octubre de 1982. Poco más de una generación
en la que seguro que en más de una ocasión estuvo a punto de interrumpirse la
vigencia del orden democrático… Claro, aquí empieza el problema, cuando se
recuerda lo ocurrido en octubre- noviembre de 2019: ¿Hubo fraude o golpe? acaso
sea una disyuntiva que acompañe por generaciones a los bolivianos y que siempre
tienda a dividirlos en esos dos bandos: que fue fraude y no golpe; que no fue
fraude y sí golpe. Hay quien piensa que si los bolivianos no salimos de este
debate, se verá gravemente afectada nuestra convivencia democrática, el
desarrollo mismo de la democracia. Pero hay quien piensa que no, que el
“dilema” fraude o golpe no debería entorpecer ni la convivencia democrática ni
su desarrollo institucional.
Nuestros analistas invitados, el politólogo Marcelo Silva y
el sociólogo Fernando Mayorga, coinciden precisamente en la necesidad de ubicar
el fraude o golpe en su justa medida y lugar y no dejar que ello nuble la
mirada sobre lo que ha llegado a ser la democracia boliviana en estas casi
cuatro décadas, y lo que aún podría, tendría y hasta debería ser.
INCOMPLETA. Lo del fraude o golpe, señala Silva, “es un tema
que desgraciadamente desubica la discusión central sobre la democracia”, desvía
la atención acerca del hecho, por ejemplo, de que “la democracia entendida solo
como una forma de participación política hoy queda absolutamente incompleta”.
La democracia implica otros parámetros, sociales, culturales
y económicos, afirma. Reducirla a la pura pelea por el poder no deja ver que
ésta tiene muchos más problemas: las desigualdades y sometimientos culturales
(el intento de imponer un monoculturalismo), la persistencia de la
discriminación de raza, género y por religión, entre otras; ni hablar de la
desigualdad económica como una de las mayores trabas a la democracia.
Por eso, dice Silva, “lo que hay que hacer es ampliar la
noción de democracia, saliendo del ámbito político”.
Más aún, destacan ambos estudiosos, si hay algo de lo que
los bolivianos debieran sentirse orgullosos es de su “modelo democrático”, la
democracia intercultural.
“La Constitución de 2009 tiene como dato más destacable el
reconocimiento de tres formas de democracia: la representativa, la directa o
participativa y la comunitaria; eso que en la ley del régimen electoral se
define como la democracia intercultural, y que es el rasgo peculiar del modelo
democrático boliviano”, cuyo desarrollo se explica solamente por la fuerte y
consistente presencia en el quehacer político de actores populares, sobre todo
campesinos e indígenas, destaca el sociólogo Mayorga.
“El modelo de democracia intercultural consiste en fomentar
la democracia representativa, fortalecer la democracia participativa e impulsar
la democracia comunitaria; son esos tres modelos que sostienen la democracia
intercultural”, afirma, por su lado, el politólogo Silva.
COYUNTURAL. El del fraude o golpe, en últimas, es un tema
coyuntural, prosigue Silva, el cual no debiera ser resuelto si no en la
justicia. “El tema es que una de las condiciones fundamentales para fortalecer
la democracia es establecer una reforma muy seria al sistema de justicia. Y la
discusión de golpe o fraude deber ser dilucidada en el ámbito de la justicia,
pero una justicia que tenga legitimidad y confiabilidad.
La discusión o fraude o golpe siempre se quedará en un
discurso político utilitario “en tanto y en cuanto la justicia no determine el
hecho con pruebas fácticas y una correlación de los hechos de qué es lo que
realmente pasó”, asevera el politólogo.
Ahora, concluye Silva, hay que preguntarse si el dilema
fraude o golpe en verdad es parte de la preocupación cotidiana de la
ciudadanía. “La ciudadanía está en otra cosa, tiene otras prioridades que la
clase política, es un efecto burbuja; la clase política cree que su agenda es
la agenda de la sociedad, y no es así; la agenda de la sociedad en este momento
está difiriendo grandemente de la agenda política; está pensando en la
reactivación económica, en educación y salud; esos son los temas
fundamentales”.
Para el sociólogo cochabambino Mayorga, definitivamente la
tal disyuntiva o fue fraude o fue golpe, en realidad, no es un dilema, como se
lo quiere hacer ver. “No es un dilema, porque no hay relación entre los dos,
excepto en el discurso de los actores políticos, que los hacen aparecer como si
fueran una antinomia, es decir, una cosa o la otra, cuando esto, por lógica, no
tiene relación”.
Pudo o no haber habido fraude, apunta, “pero hay que
separar, dejar a un lado ese tema para preguntarse si hubo o no hubo golpe”.
El problema es, continúa Mayorga, que así “mal planteado” el
tema, impide emprender una reflexión a fondo de nuestra democracia. “La
democracia es evaluada a partir de una postura que se asume respecto a una u
otra explicación (o fraude o golpe) y ahí lo que se hace es no tocar el tema”.
En la reflexión del estado y perspectiva de la democracia
boliviana, además de valorar el gran avance que significa la democracia
intercultural, Mayorga prefiere la historia.
RETROCESO. “El último año hubo una ruptura del orden
constitucional, y eso implicó un retroceso en los avances que había en términos
democráticos, pero ese retroceso duró un año y fue la propia acción colectiva,
la fortaleza de los sectores populares de la sociedad, que permitió que se recupere
la democracia, que el proceso político se encauce hacia una solución electoral
de la crisis en que entró el país desde octubre de 2019. Esto está demostrando
la convicción democrática de los sectores populares, que, desde la década de
los 40 con los mineros, desde los 80 con los campesinos e indígenas, claramente
muestra su convicción, su apego a la democracia y su apuesta por la vía
electoral”, propone Mayorga para comprender el valor de la democracia.
La historia la hacen los pueblos y las grandes construcciones
sociales, como la democracia, son fruto de su mayor o menor intervención. Por
esto, Mayorga dice: “La presencia de mineros, de campesinos e indígenas, lo que
ha provocado ha sido una ampliación de la democracia, porque han ingresado a la
lucha política mediante las reglas de la democracia representativa
inicialmente, sectores que han estado excluidos”.
Esta presencia popular y no otra cosa, guste o no, es lo que
explica la presencia y vigencia del Movimiento Al Socialismo (MAS), con todos
sus pros y contras, provoca Mayorga: “Esa presencia se ha traducido en estas
cuatro victorias sucesivas del MAS, y la instauración de un nuevo modelo estatal
con la Constitución de 2009”.
DEBILIDAD. El problema es, continúa Mayorga, que este
impulso democrático popular todavía “convive con una debilidad institucional
del sistema de partidos, que sigue siendo la tarea pendiente, porque, excepto
el MAS, que es el único con presencia nacional, aunque es una entidad muy
peculiar porque está implicada por estas organizaciones populares, las otras
organizaciones son débiles, efímeras, inestables, y mientras no se consoliden
otras fuerzas políticas, vamos a seguir en esta debilidad del sistema de
partidos como espacio donde se produzca la disputa programática”.
“Después de 30 años, uno puede decir que la democracia se ha
ampliado con esta presencia popular, la democracia es más representativa, pero
no hay un punto de equilibrio con la dimensión institucional de la
representación política”, resalta el sociólogo.
¿Optimismo por el futuro de la democracia, pese a las
actuales amenazas? Claro que sí, asegura Mayorga. “Después de la ruptura
constitucional, hubo un golpe de Estado que además venía con mucha fuerza en
términos de restauración de un proyecto oligárquico, de una política económica
neoliberal, porque fue una derrota política muy fuerte la del MAS (en 2019), y,
sin embargo, en menos de un año, no por acción del MAS como partido, sino por
acción de esta red de organizaciones populares, articuladas en torno al Pacto
de Unidad, se logra restituir la democracia a través de la vía electoral, y
además con unos resultados contundentes para disipar esa situación de crisis
política que durante un año vivió el país. Esa es la fuerza de la interpelación
democrática y la convicción de estos sectores populares de la sociedad para
seguir profundizando la democracia”, concluye Mayorga su evaluación.
Hacia el (buen) juego
de mayorías y minorías
Si hay algo que en la práctica muestra la mayor o menor
calidad de la democracia, su fortaleza, es el adecuado, considerado, juego
entre mayorías y minorías, y el respeto por las reglas y valores democráticos,
coincidieron en señalar los analistas María Teresa Zegada (socióloga), Manuel
Mercado (especialista en comunicación política) y Marcelo Arequipa
(politólogo), en el programa por streaming de La Razón Piedra, papel y tinta
del miércoles 6 de octubre.
La directora de LA RAZÓN y conductora del programa, Claudia
Benavente, planteó a sus invitados tres ejes sobre los que habría que reflexionar
la democracia: el juego de las mayorías y minorías, los principios democráticos
en diferentes contextos sociales y culturales, y la importancia de las reglas
de juego y de las instituciones en la vida democrática.
Al respecto, Mercado estableció una regla básica
democrática, guste o no: “La primera condición para lograr un buen
relacionamiento entre mayorías y minorías es aceptar el principio de que la
mayoría manda”; si no se asume este principio, “corremos el riesgo de anular
cualquier otro tipo de construcción posterior”.
Inmediata y naturalmente surge la cuestión de la
consistencia de las mayorías y minorías: aparte del número, cuán grande es la
mayoría en relación con la minoría (porque no es lo mismo 51 a 49, que 65 a 35,
o 40 a 30, 20 y 10), así como la representatividad social, cultural, regional
que puedan tener ambas.
El problema en todo caso es cómo “se van construyendo los
equilibrios entre mayorías y minorías”, insistió Mercado.
Tan importante es reconocer el principio de “la mayoría
manda” que solo sobre esto se construye, “cuantitativa y cualitativamente, el
sistema democrático”, en el que las minorías están efectivamente representadas,
y hasta puede ser decisiva su opinión en determinados temas.
Por su parte, Arequipa añadió que acaso el fondo del juego
de pesos y contrapesos de la democracia en Bolivia, en lo concreto, no sea
tanto la independencia de poderes, sino precisamente cómo es la relación entre
mayorías y minorías. “El verdadero inicio de la separación de poderes está
justamente en esa fórmula mágica de entender el peso de la mayoría y el papel
que cumple la minoría, y además si esa minoría tiene capacidad de veto”,
destacó.
Y he aquí que Arequipa propone la enorme incidencia de otro
actor en el juego democrático, los medios de comunicación social; para el caso,
cómo la alianza más o menos ética entre ciertas minorías y medios puede dar
lugar a lo que algunos estudiosos llamaron ya la “veto-cracia”, el poder
desmedido de las minorías de invalidar, precisamente, la voluntad de la
mayoría, y eso, gracias a la labor dirigida, de campaña encubierta, de medios.
Zegada, que participó en el programa desde Cochabamba,
añadió a la discusión el gran avance que hubo de las “tecnologías electorales,
justamente para evitar el aplastamiento de las minorías por las mayorías”; esto
plantea, aseveró, el problema de la representatividad que llegan a tener las
mayorías y las minorías. En el país, este es un problema irresuelto, dijo,
refiriéndose a la representatividad del voto urbano con relación al rural, a la
sobrerrepresentación para ciertos sectores que se da.
No hay que olvidar que para la distribución de escaños de
diputados en la Asamblea Legislativa Plurinacional, por ejemplo, en el país,
además del factor poblacional, se aplica el criterio de equidad, de que a costa
de la subrepresentación en los departamentos del eje (un diputado por 120.000
votos) haya sobrerrepresentación en Pando y Beni (un diputado con 50.000
votos), por ejemplo.
Como actor mediático de incidencia en la democracia, agregó
Zegada, al lado de los grandes medios tradicionales ahora hay que tomar muy en
cuenta a las redes sociales.



