Medio: Jornada
Fecha de la publicación: jueves 30 de septiembre de 2021
Categoría: Autonomías
Subcategoría: Autonomía Indígena
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Bolivia es desde 2009 un Estado plurinacional al menos en
papeles, pues aunque hubo avances en cuanto al reconocimiento de los pueblos
indígenas en la Constitución, aquellos que no están bajo el paraguas del
oficialismo sienten que son invisibles y sus derechos y formas de vida no son
respetados.
La llegada de una marcha indígena a Santa Cruz que reclama
el respeto pleno de sus derechos ante las invasiones de sus territorios hizo
rememorar las primeras movilizaciones de estos sectores en los años 1990.
Entonces una marcha desde la Amazonía a La Paz puso en el
mapa por primera vez a esas etnias ignoradas durante décadas por el Estado y
logró entre otros que se propongan reformas constitucionales para reconocer sus
derechos.
Esto finalmente quedó plasmado en la Constitución vigente
desde 2009 con la que Bolivia pasó de ser República a Estado plurinacional y
además reconoció ampliamente los derechos de 36 pueblos indígenas.
El quiebre
El gubernamental Movimiento al Socialismo (MAS) y su máximo
líder, el expresidente Evo Morales, se atribuyen enteramente estas conquistas,
algo que critican otros indígenas que retiraron su apoyo al proyecto «masista».
El punto de quiebre con estos sectores fue la brutal
represión policial en 2011 de una marcha indígena contra un proyecto de Morales
para construir una carretera que partía en dos una reserva natural sin
consultar a sus habitantes como mandan las normas internacionales y la misma
Constitución.
La nueva Constitución fue producto de las «luchas» indígenas
de 1990 contra la «discriminación y marginación» estatal en las «tierras altas»
o zona andina y las «tierras bajas», como se llama a las regiones de la
Amazonía, el oriente y el chaco bolivianos, dijo a Efe la diputada opositora
quechua Toribia Lero.
Lero reconoció que tras la crisis social de 2003, varios
sectores confiaron a Morales la «agenda de lucha de los pueblos indígenas»,
pero también cuestionó que luego el oficialismo «poco a poco se apropia y
despoja de estas luchas» a los indígenas «y hace ver como si fueran del MAS».
Luego de la Constituyente, el partido de Morales empezó a
aprobar leyes que «son más nefastas que las neoliberales» porque propiciaron la
invasión de territorios indígenas, incendios forestales y proyectos mineros, de
hidrocarburos o infraestructuras en esas tierras o en áreas protegidas,
denunció.
¿Andinocentrismo?
Pese al reconocimiento constitucional a las 36 naciones
indígenas, hay quienes denuncian un «andinocentrismo» por parte del Gobierno
nacional, que suele privilegiar lo quechua y aimara, los pueblos más numerosos
en Bolivia, con 1,2 millones de personas el primero y 1,1 millones el segundo,
según el censo de población de 2012.
Las críticas apuntan a la predominancia de la simbología de
estas etnias en construcciones como la nueva casa de Gobierno o el Parlamento,
la celebración del Año Nuevo Andino ampliada a las otras regiones bolivianas, o
el uso de la wiphala, la bandera que representa principalmente a las culturas
andinas y es símbolo patrio desde 2009, entre otros.
«Hay una intención de imponer una hegemonía de cultura sobre
todo andina hacia todo el territorio nacional. Estaríamos hablando de un
andinocentrismo y eso repercute de manera negativa para muchos pueblos que
estamos en las tierras bajas», dijo a Efe el vocero de la Coordinadora Nacional
de Defensa de los Territorios Indígenas Originarios Campesinos de Bolivia
(Contiocap), Álex Villca.
Villca, indígena uchupiamona, consideró que hay una
«invisibilidad tendenciosa» sobre todo hacia los pueblos indígenas de tierras
bajas que «muy poco» lograron desde 2009.
«Seguimos viviendo en un Estado monocultural, no hay la
aplicación del Estado plurinacional» porque los derechos indígenas no se
cumplen plenamente, manifestó.
Para Lero, el «andinocentrismo» es más que nada simbólico
porque si bien hay «una instrumentalización exagerada de los símbolos andinos»,
en los hechos, los derechos de los indígenas de tierras altas también son
vulnerados.
Incluso la representación política de las naciones andinas
ha sido escasa en los Gobiernos de Morales, Jeanine Áñez y Luis Arce, acotó
Villca.
Plurinacionalidad y tensiones
Para el activista, «hablar de la plurinacionalidad implica
el reconocimiento y respeto a todos los pueblos indígenas», pero el oficialismo
insiste en «imponer una ideología» que no representa a todos y que «más allá de
buscar la unidad, nos está llevando a una separación».
Esa tensión se hizo evidente en estos días por un incidente
entre el Gobierno y la gobernación de Santa Cruz en torno a la iza de la
wiphala en la efemérides cruceña.
El dirigente recordó que durante el Gobierno transitorio de
Áñez también hubo un uso predominante de la flor del patujú, otro símbolo
patrio, por lo que demandó a los políticos un cese del «manoseo» de los
emblemas indígenas.
Lero sostuvo que la wiphala es propia de los pueblos
indígenas y «no de los partidos políticos» y también cuestionó el «uso
exagerado» de la bandera por parte del MAS.
La posibilidad de que los indígenas tengan participación
política al margen de un partido, el respeto por sus territorios, usos y
costumbres, su libre determinación y su participación en la elaboración de
programas que se adecuen a sus necesidades son algunos pendientes que están en
las normas, pero no se cumplen, según Lero y Villca.



