Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: jueves 30 de septiembre de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
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Tras la crisis que detonó en 2019, el MAS optó por inclinarse hacia el campo de la victimización, hacia un terreno donde “intenta reconstruir una legitimidad moral”. Esto en el marco de una “guerra informacional”, librada a partir, precisamente, de las elecciones fallidas del 20 de octubre de 2019, según un estudio.
El cerco cognitivo del MAS y el movimiento insurreccional de finales de 2019 en Bolivia, cuyo autor es François Soulard, identifica que “la irregularidad electoral del 20 de octubre de 2019” desencadenó una crisis política.
En la fase inicial de dicha crisis, el MAS, según el estudio, estaba “contra las cuerdas”, en una situación defensiva tras su implicación en una ruptura mayor: “la irregularidad electoral y una probable usurpación del marco constitucional”.
En ese trabajo se indica que Morales, ante un callejón sin salida, apostó a la contra-ofensiva de alto riesgo. “Sabe probablemente -se lee el estudio- que se dirige a un callejón sin salida en el duelo psicológico si se conforma con justificar las irregularidades y aceptar el escrutinio inicial o la reprogramación de las elecciones”.
En ese sentido, en lugar de librar una “batalla en retirada”, Morales hace otra apuesta. “Opta por mover las líneas de interpretación del conflicto hacia el campo de la victimización, de las maniobras conspirativas y de la violencia recibida; es decir, a un terreno donde dispone de márgenes de maniobra para modificar las percepciones e intentar reconstruir una legitimidad moral”, se lee en el informe.
En ese estudio, además, se sostiene que para el MAS, “el asunto ha consistido en confinar la percepción del conflicto lo más posible en el registro de la victimización”.
Según el trabajo académico, esta estrategia permite al partido azul oponerse continuamente a otro marco de lectura de los enfrentamientos y transformar al adversario en un actor no legítimo.
“Arrinconado por las movilizaciones ciudadanas que lo pusieron frente a su propia falla, el MAS revirtió las modalidades de argumentación y de percepción de una situación que amenazaba socavar seriamente su legitimidad, para luego despojarse del poder escenificando un golpe de Estado”, se sostiene el estudio.
Para ello -se agrega en el informe- el MAS “tuvo que mantener este objetivo encubierto y permanecer por debajo de los umbrales demasiado imprevisibles de provocación por la violencia”.
La metodología de ese trabajo se basa en la reconstrucción de los hechos a partir de fuentes abiertas (artículos de prensa, informes, testimonios compartidos en las redes sociales) y sobre su interpretación desde una perspectiva de las relaciones de fuerza y de la guerra informacional.
“El presidente pone la apuesta radicalmente del lado de la contra-ofensiva de alto riesgo”.
Estudio de François Soulard
“Opta por mover las líneas de interpretación del conflicto hacia el campo de la victimización”.



