Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 29 de septiembre de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Pese a que la crisis de salud, ambiental y económica continúa empeorando en nuestro país, las autoridades siguen obstinadas en peleas por símbolos y por discursos en actos públicos. Es vergonzoso que mientras Bolivia ya ha perdido más de un millón y medio de hectáreas al fuego, y mientras se están evacuando niños de la Chiquitania afectados por el humo de los incendios, las autoridades están acusándose de ser o no ser dueños de la “hacienda”. ¿Hasta cuándo vamos a seguir como país en esta polarización inútil, que se enfoca en atacar y defender los egos de los ofendidos y no en responder a las necesidades reales de nuestra gente? Como ciudadanía no podemos engañarnos y pensar que la democracia se la defiende cayendo en peleas infantiles como las que vemos en las noticias. La democracia se la construye con acciones y asociaciones estratégicas, noviolentas e incluyentes, no con discursos de odio y separación.
Es innegable que el gobierno actual ataca de forma abusiva a quienes considera sus oponentes, pero no debemos reaccionar impulsivamente sino saber leer lo que demuestra. El gobierno demuestra paranoia al atacar y expulsar a miembros de su propio partido, como lo hicieron con Eva Copa, cuando sienten que alguien no se alinea con su cúpula de poder. El gobierno demuestra miedo al encarcelar a una madre y ex-presidenta como Jeanine Añez porque ella simboliza la incapacidad del MAS de aferrarse eternamente al poder. El gobierno demuestra desesperación al atacar de forma violenta a periodistas y líderes en los Yungas porque necesita asegurar su control sobre todo el sector cocalero. Si uno analiza estas acciones en conjunto, se da cuenta que la raíz de todo esto es el miedo: El gobierno actual, como muchos de sus aliados en América Latina hoy, tiene pánico a perder el poder porque desde lo ocurrido el 2019 sabe que es posible.
Lo importante para nosotros como ciudadanía boliviana es entender que ante toda esta paranoia y miedo del gobierno, nosotros no tenemos que actuar como espejo de ese abuso repitiendo esa misma paranoia, violencia y miedo desde el otro lado. La mejor forma de fortalecerse para cualquier régimen autoritario es que sus opositores se radicalicen y se vuelvan violentos. Por mucho que la intención de este o cualquier gobierno sea generar violencia y agresión, nuestras acciones son nuestra decisión y no tenemos por qué copiar la misma acción de quien nos agrede. No tenemos que actuar como niños pequeños que reflejan y repiten los errores de sus padres, quienes son la figura de poder, y en el caso del país la figura de poder es, obviamente, el gobierno.
Porque nosotros como ciudadanía, y sobre todo mi generación, no somos hijos de este gobierno. Somos hijos de madres y padres, que ya sea en el altiplano, valles o llanos orientales, que venimos de historias de trabajo y auto-sustento ante la ausencia del estado, de unión entre ciudadanía -ya sea en sindicatos o en cooperativas- para suplir nuestras necesidades nosotros mismos. Somos hijos de luchas indígenas tan heróicas y legendarias que siguen marchando hoy, caminando y cruzando el territorio nacional para recordarnos lo que Bolivia les debe y nos debemos todos a nosotros mismos: Respeto y unidad.
Tenemos que trascender el miedo que destila el gobierno para quitarlo de los lentes con el que vemos a los del “otro” lado de Bolivia, porque estamos sufriendo todos por igual: En estos últimos meses se ha derramado sangre boliviana por abuso del gobierno tanto en los Yungas como en la Chiquitania. No podemos seguir teniendo odio y miedo entre bolivianos. Desde el miedo no se le puede hacer frente al abuso.
El abuso se lo frena desde una juventud organizada de forma pacífica y articulada, fuera de las estructuras “oficiales” y muchas veces corruptas de las universidades. El abuso se lo frena desde medios de comunicación que eduquen a la ciudadanía sobre valores democráticos para que entiendan y valoren el trabajo periodístico, en vez de distraerla con farándula y superficialidades. El abuso se lo frena desde empresarios educados en su rol activo para expandir o frenar el poder de un gobierno abusivo, que después también vendrá por ellos. Y el abuso se lo frena con líderes, de partidos o ciudadanía, que se exijan a sí mismos más de lo que critican en su oponente, no lo mismo.
El gobierno, con sus actos, ya ha demostrado su dirección anti-democrática. La decisión de enfrentar esto desde el miedo y la división, o con valentía, no violencia y en unidad, es nuestra.



