Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 19 de septiembre de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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El título responde a un editorial reciente de otro
matutino de circulación nacional que, con motivo de la propuesta de “Reforma”
que estamos trabajando un grupo de abogados, nos calificó de “juristas de la
oposición”, sin siquiera conocernos y, peor, sin saber exactamente lo que
plantearemos los próximos días y semanas.
Parece no comprenderse que la Reforma Judicial es una
demanda inaplazable no de litigantes y abogados, sino una necesidad urgente
para preservar la convivencia democrática hoy amenazada por la polarización
suicida, y donde hasta alguna prensa piensa que, o estás con el gobierno o eres
de la oposición, como si todo fuese negro o blanco.
Lo hemos dicho varias veces, la administración de
justicia padece de carencias estructurales centenarias que se arrastran desde
la fundación: la carencia de independencia e idoneidad de la mayoría de los jueces,
la carencia de un presupuesto mínimo para atender un servicio público que
debería ser digno, la carencia de acceso universal de un servicio judicial que
llega a pocos, y finalmente, aunque no en último lugar, la carencia de
estrategias estatales de mediano y largo plazo para salir del cortoplacismo de
todos los gobiernos que, llegando, anuncian reformas, revoluciones y
transformaciones que luego las archivan.
Es inocultable que políticas autoritarias, los últimos 15
años, han agravado sobre todo el sometimiento de los jueces. Sin duda, visiones
hegemonistas que pretendían hacer de la administración de justicia un otro
mecanismo estatal de dominación de la sociedad, como pregonó el
exvicepresidente García Linera, agravaron en extremo la dependencia de los
jueces del poder político, profundizando su falta de idoneidad, extendiendo la
corrupción y la ineficiencia hasta el extremo del colapso en el que hoy nos
encontramos.
Pero estas visiones autoritarias no nos pueden hacer
perder de vista que nunca hemos tenido una correcta administración de justicia
y que, por lo mismo, son casi 200 años en los que siguen en la cuerda floja de
la incertidumbre los derechos, las libertades, la seguridad jurídica, el
desarrollo, la paz social y el respeto gubernamental a la Constitución y la ley
que, en suma, son los valores que un sistema de justicia tiene que defender y
preservar.
Y esas carencias centenarias agravadas tienen el rostro
degradante de 16.000 bolivianos sin sentencia hacinados en las cárceles, de
miles de litigantes que en años solo han encontrado dilación, impunidad,
chicanas y coimas que eternizan los procesos. Y, peor, en la indefensión de
miles de mujeres agredidas por el machismo y que son las sobrevivientes de esta
pandemia impune de los feminicidios que cada 3 días nos arrebata con violencia
a una compatriota.
Y, ¿nuestra justicia? Con notables y contadas
excepciones, a la deriva. Con jueces supremos que desaparecen sentencias,
fabrican fallos prorroguistas, extravían 200 procesos disciplinarios de jueces
inferiores y que, además, cobran por nombrar jueces a fiscales con prontuario,
o vocales departamentales a jueces prevaricadores.
No, no se puede aceptar que la tragedia judicial, que hoy
ha tocado fondo, se partidice entre oposición y gobierno, para que cualquier
propuesta sea triturada por la polarización, mucho más, cuando, más allá de
algunas iniciativas gubernamentales rescatables, casi nunca en estos 40 años de
vida democrática se encaró, de manera estructural, la reforma de la justicia
con las urgentes medidas inmediatas, pero sobre todo con el horizonte de
mediano y largo plazo.
La reforma judicial seria, debería ser una cruzada
nacional transversal al conjunto de la sociedad. No debe ser un ariete
circunstancial de los opositores sin propuesta alternativa, ni un recurso
ocasional demagógico de los gobernantes sin programa.
Repetimos una vez más. Ya no podemos esperar nada del
estado y del gobierno; la reforma judicial debemos impulsarla desde la
sociedad y la gente a través de un referendo ciudadano. En eso estamos
trabajando el grupo de juristas al que se refirió el periódico en cuestión.
Pero será una propuesta que no viene desde la oposición y no va contra el
gobierno, propuesta que la presentaremos en los próximos días y, que quede
claro desde ahora, no tiene banderío partidario y no quiere, para nada, ser
parte de la polarización y la intolerancia que nos está llevando al abismo.
Ojalá sea no solo el inicio de un debate nacional
profundo, sino un punto de encuentro para alcanzar algunas soluciones que le
hagan bien a nuestra democracia y, sobre todo, a la gente.



