Medio: El Diario
Fecha de la publicación: domingo 19 de septiembre de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Tener dinero es malo. Ser pobre, lo propio. Y ser político, aún peor. Posiblemente este último personaje es el más estigmatizado en nuestro tiempo. Es que los políticos, o quienes presumen de tales, con algunas excepciones, lo que perfeccionaron fue el oportunismo, el transfugio y la mentira, en 39 años de democracia. Se venden con facilidad, por un plato de lentejas. He ahí algunos rasgos, de quienes practicaron, a tiempo completo, esa actividad tan venida a menos.
Con esos recursos manipularon a los incautos. Ganaron elecciones poco transparentes. Impusieron sus designios políticos, inspirados en experiencias foráneas. Anduvieron siempre tras el asesoramiento de extranjeros, quienes desconocían la realidad social, económica y cultural del país. Ni remotamente conocían las reacciones de éste, en casos de conflictos.
Surgieron, entre aquéllos, los nuevos ricos, como afrenta a los más necesitados, que se multiplican en pandemia. Lo hicieron succionando el esmirriado erario nacional. Se hablaba, hasta no hace mucho, de 500.000 empleados públicos y que se requería de 4.000 millones de bolivianos para pagar sus haberes mensuales. Parece que esta realidad no ha cambiado, porque, posiblemente, aquéllos representan un importante caudal de votos para el oficialismo. Pocos políticos habrían levantado una pala o una piedra, para ganarse la vida. La mayoría siempre lo hizo de manera fácil o sea sin derramar gotas de sudor.
Muchos de ellos, encaramados en diversos cargos públicos, no tuvieron sensibilidad humana para reducir sus haberes, a favor de quienes sufrían por los efectos del virus de origen chino. En tiempos que éste cubría de cruces el territorio nacional. Que multiplicaba el número de personas desempleadas. Que profundizaba la pobreza y extrema pobreza. Que paralizaba la producción nacional. Que ocasionaba el cierre de importantes unidades empresariales generadoras de empleo. Aquéllos fueron los únicos que, en esa etapa de emergencia sanitaria, no se vieron perjudicados. Sus intereses económicos, o sea sus sustanciosos haberes, se mantuvieron intactos. Garantizados, con siete candados. Mientras la mayoría de la población tuvo que atravesar momentos difíciles.
Por culpa de los políticos, disociadores por principio y rencorosos por estrategia, estamos en la situaciòn de siempre. Sobreviviendo a las necesidades más elementales del cotidiano vivir. Parece que éstas no tienen visos de solución mediata ni inmediata. Peregrinando tras la segunda dosis de vacuna contra el covid-19. Mientras se hace más patente la amenaza de una cuarta ola. Con reducidos empleos, lo que aumentado, ciertamente, el comercio informal y reducido el número de formales. Con el contrabando que nos golpea desde el flanco argentino y peruano, afectando tremendamente, a la producción nacional. Al extremo que fueron quemados puestos aduaneros en algunos puntos fronterizos. Por causa de esa actividad, que moviliza alrededor de 3.000 millones de dólares al año, nuestros militares fueron agredidos por carabineros chilenos. Ellos cumplían con sus tareas específicas, según las autoridades bolivianas.
En suma: de veras que los políticos, de cualquier origen o tendencia ideológica, se han constituido en un lastre. Ojalá cambien, por el bien del país.



