Medio: El Deber
Fecha de la publicación: miércoles 15 de septiembre de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Mi columna del 30 de agosto pasado en Brújula Digital (La
mala propuesta económica de Comunidad Ciudadana) provocó la reacción del
diputado de CC Miguel Roca, en el mismo medio (Incongruencias de un profesor de
economía), y un posterior debate público generosamente organizado por Ceres
(https://www.facebook.com/dialogosalcafe/videos/1055965058485440). Agradezco
nuevamente al diputado por su tiempo y buena disposición a debatir ideas. El
ejercicio argumentativo de cara a la gente y sin ataques personales es siempre
positivo.
Hay muchas cosas puntuales que se podrían seguir diciendo
sobre la propuesta económica de CC. Después del intercambio con el diputado
Roca, sin embargo, uno no puede más que confirmar que el problema de su
propuesta es de fondo y no de forma o políticas específicas. La diferencia
entre lo que propone CC y lo que yo pienso que un partido de verdadera
oposición debería proponer, es abismal. Esta diferencia probablemente se resuma
en una frase textual de su columna. Miguel Roca dice que, para él y CC, aunque
el libre mercado es un buen asignador de recursos, este “NO promueve el
desarrollo…” (así, con el NO en mayúsculas). Y ya está. Si así viene la mano es
muy poco lo que se puede avanzar. La evidencia empírica muestra
contundentemente que esa afirmación es un despropósito. Los países que dejan
funcionar al libre mercado se desarrollan rápidamente y sacan a millones de
personas de la pobreza. Los países que hacen lo contrario (Cuba, Venezuela,
Corea del Norte y Argentina, por ejemplo), se sumen en el subdesarrollo y
condenan a su población a la miseria. Si esto no se entiende, entonces
cualquier propuesta de política dará chapuzones sin rumbo.
Un buen indicador de cuán libres son los mercados en
diferentes países es el índice de libertad económica (Fraser Institute o
Heritage Foundation). Analizando esos datos es muy fácil ver que la población
más pobre en los países con mayor libertad económica tiene un ingreso anual
casi diez veces mayor al de la población más pobre en los países con menor
libertad económica. La esperanza de vida es quince años más alta en los países
con mayor libertad económica que en los países con menor libertad económica. La
tasa de mortalidad infantil es siete veces más baja en los países con mayor
libertad económica que en los países con menor libertad económica. El
porcentaje de la población viviendo en extrema pobreza es 21 veces más bajo en
los países con mayor libertad económica que en los países con menor libertad
económica. No existe, de hecho, un solo indicador de desarrollo para el que los
países del cuartil más bajo en el índice de libertad económica le lleven
ventaja a los países del cuartil más alto. Por donde lo vea, diputado Roca, es
imposible no concluir que el libre mercado definitivamente sí promueve el
desarrollo.
Probablemente porque CC no entiende lo anterior o, si lo
hace, considera que no es políticamente rentable decirlo a voz en cuello, esa
agrupación política no está dispuesta a imaginar, proponer y enamorar a la gente
con una nueva visión de país. Si estamos de acuerdo en que el enemigo principal
es el estatismo, su ineficiencia y su nefasta influencia sobre la libertad
individual, pues entonces una propuesta seria debería ser eliminarlo. Si el
problema es que la izquierda le sigue metiendo la mano al bolsillo a la gente
para que sean los políticos los que decidan qué hacemos y cómo, pues la
propuesta debería ser movernos hacia la derecha y el libre mercado. Pero CC se
espanta y le hace el quite al debate ideológico. Si ven el video de nuestra
conversación, verán cómo el diputado Roca repite lo que él piensa que es
políticamente rentable: “Ya no hay izquierdas ni derechas,” “debemos ser
prácticos,” “discutir ideología y teoría es lindo, pero necesitamos trabajar en
lo posible,” “antes de pensar en una nueva casa, debemos parchar y remendar la
que tenemos,” etc.
Pero ese es el camino equivocado. No podemos imaginar un
nuevo país sin considerar ideas, principios y valores fundamentales. La
ideología es una brújula que nos permite tener un norte. Debemos saber hacia
dónde vamos si no queremos seguir chapuceando sin rumbo, preocupados solo por
apagar incendios en el corto plazo y parchar lo que ya viene mal. Y, ojo, que
se entienda bien, la ideología no es dogma. El dogmático va hacia su norte
empeñado en hacerlo en línea recta y por lo tanto se cae en barrancos o se topa
con montañas insalvables. El estratega ideológico, en cambio, sabe que a veces
se deben tomar curvas que pueden alargar el proceso, pero que nos permitirán
movernos hacia el objetivo.
Si CC tuviera el norte ideológico claro, entonces propondría
agresivamente sacar al Estado del medio y devolverle al individuo la
responsabilidad del desarrollo. Esto se logra, por ejemplo, eliminando
regulaciones laborales (salario mínimo, doble aguinaldo, aportes laborales, la
imposibilidad de despedir personal sin una “terminación justificada”, etc.)
para que así nuestras empresas reduzcan sus costos y contraten más. Esto
también se logra eliminando impuestos y trabas burocráticas para atraer
inversión extranjera, privatizando las empresas públicas y reduciendo el gasto
público, no simplemente “racionalizándolo.” ¿Sabía usted que tenemos 17
ministerios, 53 viceministerios y casi 200 entidades dependientes de esos
viceministerios? Solo la partida de gastos y salarios del sector público es de
más de seis mil millones de dólares. ¡Eso representa casi el 20% del
presupuesto, 32% de los gastos corrientes y 130% del déficit público registrado
el 2020! Si de verdad queremos sacarnos al estatismo de la espalda, entonces
debemos proponer reducir esta brutal burocracia por lo menos a la mitad.
Devolverle al individuo la responsabilidad del desarrollo y
movernos hacia el libre mercado también se logra eliminando el impuesto a las
grandes fortunas, reduciendo el impuesto a las utilidades, eliminando todos los
aranceles de importación, y pensando además en el largo plazo privatizando
educación y salud usando vouchers. Nada de esto está en la propuesta de CC.
Solo hay parches a la casa en la que nos obligan a vivir, no los planos de una
nueva.
La oposición debe entender que no solo queremos cambiar a
los encargados del Estado, sino que queremos reducirlo. Debemos entender que el
verdadero enemigo no es el MAS, sino el paradigma que este partido encarna.



