Medio: El Diario
Fecha de la publicación: lunes 13 de septiembre de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Quienes no tenemos deudas ni con el oficialismo ni con la oposición, nos sentimos libres de toda atadura, en esta controvertida coyuntura política. Estamos en condiciones, por lo tanto, de sustentar la verdad histórica, sin temor, duela a quien doliere. Aunque haya amenazas en contra la libertad de expresión. Se trata de cumplir con la tarea cotidiana de orientar de manera objetiva, oportuna e imparcial.
El mensaje va dirigido, en particular, a quienes están enfrascados en riñas internas, que deterioran la imagen democrática boliviana, en Latinoamérica. No olvidemos que todo lo que se hace dentro de nuestras fronteras, trasciende ante la región y el mundo. Los gobiernos democráticos y organismos internacionales toman nota de todo ello.
Sólo nos debemos a la Patria, digna de mejor destino, que nos ofrece pan y cobijo, para seguir soñando con un futuro mejor. Posiblemente somos la mayoría de 11 millones de bolivianos. De ahí que no cansaremos para desearle suerte y que le vaya bien en el venidero. Que todo ello redunde a favor de sus hijos, que atraviesan momentos difíciles por la crisis económica, educativa, sanitaria y el desempleo, que aún se mantiene alto, pese a los esfuerzos para reducirlo.
En este contexto hacemos un llamado a la cordura, a todos quienes están inmersos en inútiles luchas intestinas. Es hora de dar prioridad a los supremos intereses nacionales y deponer intereses sectarios. La confrontación solo resta y divide. No sigamos echando combustible al fuego ni reavivando viejos rencores. No sigamos echando sal a la herida, porque contribuiremos a que se gangrene. Debiéramos tratar de restañarla, para lograr la unidad nacional. Es que unidos, entre orientales y occidentales, ricos y pobres, trabajadores y empresarios, venceremos la adversidad. Debiéramos dar ese paso tan importante, obviando diferencias político – ideológicas. Desunidos nos iremos al despeñadero. Pasaremos a la historia sin pena ni gloria. Como petulantes y parlanchines, de la politiquería barata. Seremos el hazmerreír de las generaciones que vienen. La historia nos condenará con términos lapidarios. Aún es tiempo para ponernos a buen recaudo.
Parece que seguimos respirando por la herida. Para unos hubo fraude y para otros, golpe. A unos se los encarcela y a otros se los libera. El favoritismo siempre ha sido, desgraciadamente, sinónimo de impunidad. Jamás tuvimos una justa justicia, ella siempre estuvo al servicio de los omnipotentes.
Debiéramos despojarnos, al mismo tiempo, de intereses particulares e incentivar las verdaderas inquietudes de inclusión social. A partir de los años 50 del siglo pasado, convivimos en un sistema de inclusión social. Desde entonces tuvimos no solo mensajeros, o personal de servicio, sino ministros, subsecretarios y parlamentarios, de origen campesino. Los ideales de los Chipana y los Ramos, de la década del 40, se hicieron realidad y dieron su fruto. Esto ha sucedido en la República, proceso tan estigmatizado hoy. Y debiéramos seguir profundizando ese renglón, para que todos, sin diferencias, se sumen al carro del progreso, que conlleva bienestar social.
En suma: es momento de trabajar por la Patria, que nos necesita, en democracia.



