Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: lunes 13 de septiembre de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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El gobierno de Luis Arce, sobre todo después del informe del
GIEI, ya no puede darle un barniz de legitimidad ni legalidad al juicio
de responsabilidades y el resto de procesos que viene promoviendo. De
hecho en Bolivia es probable que ya no haya un fallo judicial sobre el que no
pese la sombra de la corrupción.
El informe del Grupo de Investigadores Expertos Internacionales
(GIEI), de la OEA, recomendó que para avanzar en un proceso de reconciliación
con justicia para las víctimas de los sucesos de 2019 y 2020, se debe buscar
una reforma a la justicia. El gobierno reaccionó positivamente a la propuesta
del GIEI y aparentemente busca un consenso con la oposición con representación
parlamentaria para intentar esa reforma.
Quizás algo simple aprendieron del 2019, donde se
empecinaron en ir a elecciones con un Órgano Electoral mellado por la
injerencia del MAS, completamente desacreditado ante las fuerzas políticas y la
opinión pública; por tanto incapaz de resolver el cuestionamiento a los
resultados, las denuncias de fraude y de otras irregularidades del
proceso.
El MAS está en una encrucijada: continúa solo (como
acostumbra) para imponer una reforma judicial a su medida o negocia con la
oposición y convoca a organizaciones de sociedad civil, profesionales y otros
actores no afines al gobierno que le den la legitimidad necesaria al proceso.
De optar por el accionar impositivo propio de su
“autoconcepción” como proceso revolucionario: “la revolución no se negocia, se
impone…”, ya debe haber previsto que el resultado no será aceptado y los fallos
judiciales nunca tendrán la legitimidad que pretenden y no servirán para
su intención de rescribir este momento de la historia.
De optar por lo segundo debe estar dispuesto a resignar sus
ambiciones de llevar adelante juicios sumarios y pactar en términos claros los
principios de la reforma judicial. El rol que le queda a la oposición en ese
escenario, no será el de buscar salvar responsabilidades
personales, sino apuntar a una forma real y profunda de la justicia. Ojalá esté
a la altura.
Por eso, ahora que el masismo ya no puede pensar en “modo
revolución”, quizás sea el momento de viabilizar una reforma a la justicia.
Pero no la que Iván Lima y el masismo quieren, sino la que Bolivia necesita. Y
para esto no hay que reparar en las urgencias del tiempo ni cerrarse de
antemano a cambios constitucionales, si se requieren; de lo contrario
estaríamos buscando una reforma que parte con vicios y una solución que solo
posterga el problema
En el tema justicia, el MAS se apresta a dar el salto: de la
revolución a la reforma. El proceso constituyente apostó por una visión que
pretendiendo ser más transparente y democrática la justicia decantó en lo
populista. El artículo 178 de la CPE, establece que “la potestad de
impartir justicia emana del pueblo boliviano”. Esta convicción dio paso a la
revolución de la justicia propuesta por el gobierno de Evo Morales: los jueces
y los administradores de justicia debían entonces elegirse por voto popular,
como ocurrió el 2011.
Pero el experimento -aunque a muchos nos apena- no dio
resultados positivos, al punto de que probablemente el único tema sobre
el que hay un consenso nacional -luego de la reivindicación marítima-, sea el
de la profundización de la degradación y corrupción del sistema de
justicia. Empero no fue solo por la forma de elección, sino la injerencia
política constante en el proceso de selección de candidatos, patrocinio en
campaña de candidaturas (aunque está prohibido); finalizando en la propia
administración de justicia.
Toda “revolución” termina debilitada y disuelta en una
“reforma”. Hoy el masismo no tiene ese impulso que en años pasados lo llevaba a
imponer sus medidas casi a la fuerza, por eso pide “consenso” y “reforma”. La
oposición partidaria y ciudadana podrían tomar ventaja de esta situación y
presionar por una reforma en serio, que límite por fin el poder del masismo sobre
la justicia.



