Medio: Ahora el Pueblo
Fecha de la publicación: viernes 10 de septiembre de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Las instituciones
de los derechos humanos en Bolivia jugaron un rol protagónico en toda la
conflictividad política; antes, durante y después de la subversión del orden
constitucional vigente, 12 de noviembre de 2019. Desde diferentes entes que
supuestamente debían velar por los derechos no solamente cívicos o políticos de
quienes representaban, sino fundamentalmente de los derechos humanos se llegó a
naturalizar e institucionalizar la violencia como legitima en las protestas
sociales contra el gobierno del Movimiento Al Socialismo.
En ningún país
democrático del mundo las instituciones que velan por el cumplimiento de los
derechos humanos de la población permitirían que previa a la realización de las
elecciones nacionales se aliente su desconocimiento y fomente la desobediencia
civil como aconteció en nuestro país. Del 21 de octubre al 8 de noviembre de
2019 grupos armados irregulares cercaron las instituciones públicas, hostigaron
y agredieron a servidores públicos, saquearon e incendiaron los Tribunales
Electorales Departamentales; se naturalizó, fomentó y legitimó la violencia
fascista desde los propios Comités Cívicos, Comité Nacional de Defensa de la
Democracia – Conade, actores políticos opositores, Asamblea Permanente de
Derechos Humanos de Amparo Carvajal; entre otros.
Se generó una
estrategia de escalada de violencia secuencial patrocinada por Luis Fernando
Camacho, Marco Pumari, Carlos Mesa, Samuel Doria Medina, Jorge Quiroga Ramírez,
Eduardo León, Luis Larrea, Waldo Albarracín, Luis Revilla, los grupos armados
irregulares Resistencia Juvenil Cochala y Unión Juvenil Cruceñista.
Mientras más
escalaba la violencia, paralelamente se construía todo un relato de legitimidad
y de legalidad de la mano de actores que creían fervientemente en una doctrina
de derechos humanos para unos (los que protestaban contra el gobierno del
MAS-IPSP) y una condena sistemática para otros (los defensores del denominado
Proceso de Cambio). Esta doctrina de derechos humanos selectivos rápidamente
fue adoptada por los medios hegemónicos de comunicación ahondando más la
polarización del país.
Hasta la fecha ni
la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Amparo Carvajal, ni los Comités
Cívicos, ni el Conade, ni ninguno de los actores políticos mencionados
precedentemente han respondido ante la justicia por la violencia desatada en la
quema y saqueo de los Tribunales Electorales Departamentales de Potosí,
Chuquisaca, Santa Cruz, Pando y Beni. Tampoco han respondido por el permanente
hostigamiento del Órgano Electoral en La Paz. La violencia contra las
dependencias y funcionarios de Impuestos Nacionales, Ministerio de Educación,
Aduana Nacional, Banco Unión, YPFB, Migración, Fiscalía Departamental, Tribunal
Departamental de Justicia y la Jefatura Departamental de Trabajo.
La doctrina de los
derechos in-humanos en Bolivia se evidencia en las declaraciones más recientes
de Amparo Carvajal refiriéndose a la Resistencia Juvenil Cochala como “una
resistencia necesaria”. Siendo que este grupo armado irregular en particular
protagonizó el destrozo de la Casa de Campaña del MAS-IPSP el 22 de octubre,
ataques con armamento artesanal (bazucas) a dirigentes sociales el 24 de
octubre en la noche, ataque con petardos, piedras y otro tipo de armas a la
marcha pacífica de los afiliados de las Seis Federaciones del Trópico de
Cochabamba el 29 de octubre; operativos de generación de terror y agresiones
físicas a militantes y simpatizantes, así como a autoridades del Movimiento Al
Socialismo durante toda la jornada del 8 de noviembre.
Hasta el día de hoy
ni Conade ni la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Amparo Carvajal
emititieron un solo comunicado o pronunciamiento de rechazo o repudio a todas
esas acciones violentas, ni defendido los derechos humanos violados
sistemáticamente por los grupos armados irregulares Unión Juvenil Cruceñista y
Resistencia Juvenil Cochala. Las familias de las 37 personas muertas, más de
800 personas heridas y más de 1500 personas detenidas ilegalmente tampoco
encontrarán resguardo a sus derechos por parte de estas instituciones puesto
que mucho antes del Golpe de Estado de noviembre de 2019 se construyó toda una
doctrina de derechos selectivos; derechos humanos para unos y derechos
in-humanos para otros. (Gabriel Villalba es abogado y analista político).



