Medio: La Razón
Fecha de la publicación: jueves 09 de septiembre de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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El
expresidente Eduardo Rodríguez Veltzé visitó este jueves los estudios de La
Razón Radio en La Paz y en una extensa entrevista consideró que el mandato de
Jeanine Áñez, que asumió la presidencia del país en medio de la crisis
poselectoral de 2019, ha sido inconstitucional, pero de hecho, porque logró
convivir con la Asamblea Legislativa hasta la realización de nuevas elecciones.
Usted en 2005 llegó al Gobierno
siendo presidente de la Corte Suprema de Justicia enmarcado en la Constitución
y en ese contexto ¿cómo percibe que ocurrió el cambio de gobierno en 2019?
Hay algunas similitudes en las transiciones de 2005 y de
2019 que pueden contribuir a entender ciertos aspectos fundamentales. En 2005
se produjo la renuncia del presidente Carlos Mesa, pero no fue atendida
inmediatamente por el Congreso; se recordará que surgieron dificultades en la
ciudad de La Paz, hubo manifestaciones que impidieron que se reúna el Poder
Legislativo.
El Poder Legislativo, como tenía un mandato constitucional de
atender, aceptar o rechazar la renuncia y definir la sucesión, para reunirse
tuvo que irse a Sucre, (donde también) se produjo varios destrozos e incidentes
de protestas.
Las directivas camarales tuvieron que alojarse en un cuartel y
en algún momento hubo una decisión política por unanimidad en las bancadas
(para) asumir el desafío constitucional de preservar el mandato que le daba la
Constitución al Congreso para conocer la renuncia, aceptar o rechazarla y
definir la sucesión bajo el marco que definía la propia Constitución.
Y así lo hicieron, decidieron reunirse en la Casa de la
Libertad, sesionaron, deliberaron, votaron y acordaron por unanimidad aceptar
la renuncia del Presidente del Estado, aceptar la declinación a la sucesión del
Presidente del Senado, de Diputados y, honrando a la Constitución, me llamaron
a mí y me dijeron preséntense en la Corte para que lo recojan en 20 minutos y
luego va a ser trasladado a la Casa de la Libertad porque ese es el mandato
constitucional que corresponde.
A diferencia o tal vez similitud de 2019, (cuando hubo) un
ambiente digamos de caos social, hubo protestas y hubo dificultades de mantener
el orden social, el curso de las elecciones, conteos rápidos alterados, etc. Y
es ahí donde, a mi juicio, surge una similitud y un rumbo distinto. La Asamblea
Legislativa no tuvo capacidad de mantener un liderazgo para sesionar, conocer
las renuncias presentadas y acordar una sucesión conforme al orden
constitucional y obviamente ahí surgieron los incidentes que se conocen.
Aparentemente se precipitaron unas renuncias por violencia
contra algunos líderes de las Cámaras, otros lo hicieron voluntariamente o
(también) bajo presión, pero aun así no mantuvieron ese sentido de cuerpo
colegiado que debía de todas maneras reunirse y en esas circunstancias se
produjo un espacio (…) improvisado, que bajo el auspicio, incluso de alguna
participación diplomática, precipitaron una interpretación equivocada de la sucesión,
que es esta teoría de la sucesión ipso facto, en la cual yo no participé y
apareció la señora Áñez, se autoproclamó primero como presidenta del Senado y
luego como presidenta del Estado, (pero) sin quorum y sin que se cumpla esta
condición esencial de que (…) el Legislativo es el que debió sesionar y definir
la sucesión.
Posiblemente las condiciones no eran fáciles, pero a diferencia
de 2005, esta Asamblea Legislativa no persistió (…) y no se dio la prerrogativa
constitucional de conocer, admitir o rechazar la renuncia (de Evo Morales) y
nombrar a su sucesor.
¿Entonces considera que fue
inconstitucional la sucesión de 2019?
Claro, no estaba, no se produjo conforme al mandato de la
Constitución, pero fue una presidencia de hecho y que también logró en su caso,
en el correr de los días, la convivencia con la Asamblea Legislativa, que, a mi
juicio, convivió con este poder instalado para garantizar la recuperación
democrática vía elecciones y eso fue lo que sucedió.
Hubo un reconocimiento…
Por supuesto.
Precisamente esto es lo que
ahora tiene que resolverse, si bien puede resultar un falso debate decir que
hubo fraude o golpe de Estado, el sistema político necesita absolver todas
estas narrativas para intentar un acuerdo posterior y así encaminar, por ejemplo,
una reforma judicial…
No, yo no creo que tenga que ver una cosa con la otra. Para mí,
los acontecimientos de 2019 y el Gobierno digamos de transición ya es parte de
hecho, de lo que se llaman hechos cumplidos. Hubo una presidencia
autoinstalada, una convivencia con el Legislativo, la reconfiguración del
(Órgano) Electoral y pues eso no tiene ya nada que ver con los buenos
propósitos u obligaciones constitucionales de seguir avanzando; no creo que
debamos quedar sujetos a lo que caprichosamente intentan decir que fue golpe,
fue fraude, no, fue lo que fue; y si hay juicios, serán las autoridades
judiciales las que resuelvan, pero no podemos hacer depender de la prevalencia
de una u otra narrativa la secuencia de la administración del Estado. Yo
encuentro que no debería ser un óbice, en absoluto.
Lo cual tampoco implica
dejar todo sin que se resuelva judicialmente…
No, porque esos juicios van a generar responsabilidades que no
tienen absolutamente nada que ver con la posibilidad de reconstituir un órgano
del poder público y mejorarlo gradualmente en la reforma que se diseñe. Los
juicios de responsabilidad o juicios ordinarios van a definir la
responsabilidad de los actores de esos incidentes, responsabilidades que se
calificarán conforme al ordenamiento penal y eventualmente surgirán las
acciones posteriores de recuperación de daños, etc. Ese es el tema, hay una
judicialización criminalizada, se está persiguiendo a ciudadanos que estuvieron
involucrados por delitos, no hay un análisis de responsabilidad política; los
jueces no definen la responsabilidad política, por eso yo insisto en que si
alguna vez, en algún tiempo, se analiza cuál es el alcance de los juicios de
responsabilidad, debería examinarse también la dimensión política de los
actores, que no necesariamente es criminal.
Pero ahí el Gobierno está
empeñado en demostrar que no hubo fraude. ¿Usted cree que hubo fraude?
Para mí, lo que debe regir en este análisis es el principio de
preclusión electoral, que no significa otra cosa que hay ciertas actuaciones
que una vez cumplidas cierran el análisis y la revisión de las actuaciones
anteriores y simplemente se mira adelante. Entonces, las elecciones de 2019 se
produjeron, los ciudadanos concurrieron en paz, cumplieron su obligación,
elaboraron las actas en cada mesa, éstas se transmitieron y el descalabro se
produjo básicamente a partir de las expresiones del Órgano Electoral.
El Órgano Electoral tuvo el desacierto de frenar un conteo
rápido, un informe de la OEA (Organización de Estados Americanos) aparentemente
se entregó más rápido de lo que se esperaba y hubo divergencias en su alcance,
etc. Pero la verdad es que en determinado momento, el propio Ejecutivo
determinó o planteó la realización de otra elección y el cambio de los miembros
del Tribunal Supremo Electoral y la verdad es que a los pocos meses se los
cambió íntegramente y se convocó a nueva elección que se produjo y (ahora) hay
un nuevo Gobierno. (Entonces) en términos amplios, a mi juicio, lo que pasó en
la elección de 2019 ha sido objeto de este principio de preclusión y aquí
terminemos y miremos el futuro. Yo no encuentro mucho sentido práctico volver
sobre esos hechos que ya han sido superados y no tendrían ningún sentido porque
al haberse realizado una nueva elección, esa es la que tiene validez
constitucional (…) y los efectos de revisar una elección cumplida (…) no tiene
a mi juicio ningún sentido práctico.
Pero el procurador Wilfredo
Chávez se dio la tarea de revisar todas las actas de las elecciones de 2019.
¿Valdrá la pena?
La primera observación que me surge es el tema de la
competencia. La Constitución en 2009 ha instalado cuatro órganos de poder, uno
de ellos, el Electoral, cuyas competencias por la Constitución tienen relación
con el ámbito electoral, (es decir) conducir, procesar los actos electorales y
determinar sus resultados; no es una atribución del Procurador; yo francamente
creo que hay un conflicto de competencias ahí (…) y además creo que lo ha dicho
el Tribunal Supremo Electoral que el principio de preclusión sigue vigente,
entonces francamente yo creo que está invadiendo un ámbito de competencia que
le responde a otro órgano de poder que ya se ha pronunciado.
Pero el Procurador asegura
que busca esclarecer de una vez, sin afectar la preclusión, si hubo o no fraude
electoral y en otro caso si hubo golpe o no, porque son factores que en este
momento generan divergencias serias en la opinión política…
Puede que en la mirada de los políticos (se diga si) se va a
imponer el fraude o se va a imponer el golpe, (pero) este es un típico ejemplo
de un debate falso, un debate improductivo. Hoy deberíamos estar debatiendo,
por ejemplo, cuál es nuestra capacidad como Estado (para enfrentar la
pandemia), deberíamos estar debatiendo el tema de la educación (…), las
condiciones del mejoramiento de la renta pública (…) y cómo podemos encarar un
nuevo tiempo en el ámbito de las relaciones exteriores (porque) todavía tenemos
situaciones en nuestro relacionamiento internacional con graves deficiencias en
designaciones diplomáticas, lineamientos de política exterior. Hay temas mucho
más importantes que saber si fue golpe o fraude para la imaginación de la
gente.



