Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 08 de septiembre de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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El ministro de
Justicia, Iván Lima, ha planteado una reforma judicial de seis ejes que no
contempla el cambio más importante: la despolitización de la justicia a través
del nombramiento de magistrados y operadores judiciales idóneos e
independientes.
Por lo tanto,
cualquier esfuerzo corre el riesgo de ser apenas un listado de buenas
intenciones o, peor aún, una cortina de humo para aplacar las críticas a la
abierta manipulación del sistema judicial por parte del partido gobernante.
Recordemos que el
informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) emitió
un diagnóstico lapidario sobre la justicia y la Fiscalía de Bolivia, que
resumió en cuatro constataciones: 1) la falta de independencia de la
administración de justicia, 2) la ausencia de garantías del debido proceso y
debida diligencia en materia penal mediante la instrumentalización del sistema
de justicia para la persecución política, 3) el uso abusivo de la prisión
preventiva, y 4) los obstáculos al derecho al acceso a la verdad y la justicia.
Son tareas concretas
que el gobierno de Luis Arce debería encarar antes de buscar justicia para las
víctimas de los hechos de 2019; caso contrario, todo intento en ese
sentido estará bajo sospecha. La comunidad internacional ha coincidido en pedir
que se respete el debido proceso en los juicios que se instauraron contra los
opositores porque tiene conocimiento de que lo menos independiente que existe
en Bolivia es la Justicia y la Fiscalía.
Simulando que
responde positivamente a la crítica nacional e internacional, el ministro Lima
planteó los siguientes ejes para una reforma judicial: 1) Balanceo del
conflicto para distribuir los jueces de manera más equitativa en el país, 2)
acceso a la justicia, 3) independencia judicial, 4) soluciones TIC, 5)
desarrollo normativo y 6) transparencia.
En el acápite de la
independencia judicial, prevé la promoción y fiscalización de procesos meritocráticos
y transparentes, pero nada se dice sobre la forma de elección de los
magistrados, que ahora son nombrados por voto popular, de listas elaboradas por
la mayoría oficialista de la Asamblea Legislativa. Para cambiar este mecanismo,
es necesario reformar la Constitución y lograr un acuerdo nacional para la
despolitización de la justicia.
En cambio, Lima
plantea un proceso abstracto que no incluye el cambio de operadores judiciales
ni fiscales, por lo que su planteamiento se queda en la superficie del
problema. Hay que recordar que el Ministro de Justicia ya fracasó en su primer
intento de reforma judicial cuando parecía tener buenas intenciones. Si no
reencamina su propuesta actual, corre el riesgo de fracasar por segunda
vez.



