Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 01 de septiembre de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Con algarabía o enojo, como siempre simultáneos y
enfrentados, nuestro país ha recibido la opinión consultiva emitida por la
Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre la reelección indefinida
y su impacto en la salud de la democracia hemisférica.
Fueron cinco los jueces que juzgaron de forma adversa la
aplicación de esta figura legal en cuatro países americanos: Venezuela,
Nicaragua, Honduras y Bolivia. A su vez, fueron dos magistrados, los que
expresaron su disidencia minoritaria con la radiografía sombría de sus colegas.
Como toda entidad vigorosa, junto a su postura oficial, la
CIDH publica también ambos criterios discrepantes con lo cual el debate luce de
cuerpo entero. Dada la pereza mental de los partidarios de la reelección
indefinida en Bolivia, aquella resultó la única forma de conocer eventuales
argumentos en su favor. Por la buena factura literaria de su texto, quisimos
reseñar acá la postura de Raúl Zaffaroni, el juez disidente argentino, quien
además es abogado personal de Evo Morales.
¿Cómo argumenta Zaffaroni? Con astucia, como
corresponde a un abogado de crecido colmillo. No comete, por ejemplo, el error
de su defendido Evo Morales, quien cada que trina, busca ponerse manidamente al
lado de la actual canciller alemana o del fallecido F.D. Roosevelt, como
queriendo implicar que si ellos se quedaron tanto tiempo en el poder, ¿por qué
él no? Ilustrado y solvente, Zaffaroni inicia su alegato remarcando lo
siguiente: “Me felicito de que en mi país no se admita la reelección indefinida
y siento que no se adopte el sistema parlamentario”. Así, de entrada, el
juez kirchnerista avala la práctica de su país natal y evita que le cuelguen
una etiqueta fácil a fin de invalidar su razonamiento.
El argumento fuerte de Zaffaroni es que ninguno de los
tratados internacionales interamericanos menciona la reelección indefinida. El
mutismo al respecto, dice él, prueba que jamás hubo la voluntad de prohibirla
(tampoco de promoverla). Ante el silencio neutral acerca del tema, el
juez nos advierte que la Corte no puede ahora agregar arbitrariamente una
complementación no acordada a la norma vigente. Luego Zaffaroni recuerda que la
reelección indefinida solo puede ejecutarse siempre y cuando el electorado así
la confirme con su voto. Desde ahí, la argumentación se despliega con suprema
sencillez. En efecto, mientras sea el pueblo el que decida soberanamente quién
puede o no ser reelegido en una competencia simétrica y limpia, no habría de
qué preocuparse.
Enseguida Zaffaroni blande la espada de la soberanía. Le
dice a sus colegas que ninguna instancia y tampoco un tratado internacional pueden
decidir los atributos de un sistema electoral internamente decidido por un
estado independiente. Luego se afianza rememorando que la prohibición de la
reelección indefinida no ha impedido que en varios países, una minoría se haga
del poder, simulando una rotación entre los contertulios del mismo club
oligárquico. Son las hendiduras, dice él, por las cuales se infiltra el
autoritarismo en un fingido juego de alternancia. Aquí Zaffaroni parece incluso
apoyarse en el clásico diagnóstico de Vargas Llosa sobre la dictadura perfecta
mexicana.
Para blindar sus objeciones, el juez argentino admite el
hecho de que si se da rienda suelta a la reelección indefinida, podría asomarse
el riesgo de que el gobierno auto-perpetuado de ese modo se incline por violar
los derechos humanos, en especial, los de las minorías que suelen ponerle
piedras en el camino. ¿Cómo? Pero si el pueblo ha elegido
porfiadamente a ese gobierno, ¿por qué debemos presuponer que ha cometido un
error? Acá, su conclusión suena simplemente deslumbrante: “De este modo,
el tribunal (la CIDH) asumiría una función de cuidado, de vigilancia o tutela
de los pueblos del continente para evitar que corran el riesgo de equivocarse y
ser engañados al votar”. En suma, Zaffaroni aboga por el derecho de los
electores a errar cuántas veces sea necesario o conducente, y nadie desde
Washington tendría que arrogarse la facultad de enmendarle la plana.
No cabe duda de que nuestro juez disidente ha probado con
creces su elocuencia, salvo por un mínimo detalle. En Bolivia, el 21 de febrero
de 2016, pero incluso antes, el 28 de enero de 2009, el pueblo decidió apoyar
con su voto una Constitución en la que la reelección indefinida continua queda
expresamente prohibida. Moraleja: si tu argumento central es la defensa de la
soberanía popular, no omitas mencionarla cuando de pronto te incomoda.



