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Medio: Ahora el Pueblo
Fecha de la publicación: miércoles 01 de septiembre de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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Desde antes de que se lleven a cabo las elecciones de 2019,
cuando Jeanine Añez se autoproclamó presidenta de Bolivia y se consumara el
golpe de facto en el país, la derecha utilizó una serie de acusaciones sin
fundamentos y, sobre todo, impuso un discurso, ayudada por algunos medios de
oposición, de un supuesto fraude electoral, mucho antes de que los ciudadanos
vayan a las urnas.
Este discurso, magnificado por el primer candidato opositor
a Evo Morales, Carlos Mesa, se fue tejiendo de tal manera que una parte de la
población, pese a conocer los resultados oficiales de los comicios, no quiso
aceptar los resultados y salió a las calles cuando los discursos alborotados no
tenían sustento alguno.
Era evidente que Mesa, al igual que la poca oposición que
había en ese momento, sabía que los resultados no iban a ser favorables, por lo
que decidieron utilizar las mentiras para justificar lo que se venía luego, la
imposición de una presidenta que no cumplió los pasos establecidos por las
normas, como lo aclara el informe del GIEI y que en el abuso de sus
atribuciones decidió perseguir a los políticos afines al MAS, encarcelar a
quienes no estaban de acuerdo con su régimen y levantar armas, en el uso
desproporcionado de la fuerza, en contra de la población boliviana.
Los resultados fueron nefastos, 38 personas muertas, cientos
de heridos, encarcelamientos absurdos y la pérdida de la imagen de Bolivia ante
la comunidad internacional, sin contar el daño económico producido al Estado,
en medio de actos de corrupción que por poco sepultaron a las empresas
bolivianas, llevando al país a uno de sus peores momentos por la recesión
económica y la alta tasa de desempleo.
Luego llegó otra mentira más, que fue el informe de la OEA,
que incumplió una serie de tratados con Bolivia y sólo sirvió para aumentar el
calor de los conflictos en el país, generando inestabilidad en todas las
regiones y reavivando viejas tendencias racistas, persecución y amedrentamiento
a los medios.
Ahora, casi un año después de que los resultados de las
elecciones dieran la razón al Movimiento Al Socialismo (MAS), quien ganó
indiscutiblemente en 2020, la oposición aún insiste en sus acusaciones
infundadas y discursos que tratan de justificar sus acciones en el pasado.
Sin embargo, en el momento en que se pide las explicaciones
o incluso las pruebas, dan un paso al costado y no quieren aceptar las
investigaciones para probar su discurso. Un claro ejemplo es el desafío del
Procurador General, quien retó a la derecha a revisar las actas electorales una
por una, con tal de confirmar o descartar estos hechos La respuesta era la
esperada, no quieren hacerlo.
Mesa es el claro ejemplo, desde hace rato habla de un fraude
en 2019, pero nunca mostró un solo documento o indicio que respaldara sus
palabras o la de sus colegas, al igual que exautoridades, muchas de las cuales
ya fugaron del país.
“El historiador golpista habla de fraude, pero se niega a
presentar pruebas. Ofrece enjuiciar a su cómplice Jeanine Áñez, pero pide
liberarla. Habla de reformar la justicia, pero exige cuoteo. Reclama debido
proceso y se niega a declarar en la Fiscalía. Mesa es el fraude monumental”,
escribió Morales en su cuenta de Twitter.
La justicia aún investiga estos hechos. Lo que para los
opositores, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, y las autoridades de
la Iglesia Católica se trata de persecución política, para las víctimas y
familiares de los fallecidos en 2019 se trata de justicia. Lo que hay que tomar
en cuenta es que, mientras poco a poco se destapan los hechos irregulares y se
demuestra con auditorías, documentos y otros elementos fehacientes que sí hubo
golpe y masacres en Bolivia, la derecha se sigue escudando en discursos vacíos,
sin pruebas, sin argumentos y lo peor, sin ganas de querer demostrar sus
acusaciones.



