Medio: El Deber
Fecha de la publicación: martes 31 de agosto de 2021
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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En una nueva búsqueda de argumentos para intentar borrar de la historia
el fraude electoral de octubre de 2019 y asentar la teoría de que en el país se
produjo un “golpe” de Estado, el procurador Wilfredo Chávez anunció que el
gobierno hará una revisión de las actas –“acta por acta”- de la elección de ese
año para demostrar, supuestamente y en sus palabras, que “no hubo fraude”.
“Voy a ver las 35.000 actas y veremos los resultados finales, para que
la teoría del fraude se caiga para siempre”, afirmó el procurador en tono
desafiante aludiendo además a Carlos Mesa “para que el perdedor acepte que fue
derrotado dos veces de manera descomunal”.
Tras esas expresiones, lo primero que llama la atención son los cambios
de frente que van ensayando las autoridades de gobierno: primero dijeron que la
auditoría de la Organización de Estados Americanos (OEA) solicitada por el
entonces presidente Evo Morales no era vinculante; luego sostuvieron que la OEA
no cumplió el procedimiento; después, que esa auditoría no mencionaba
específicamente la palabra “fraude”; más tarde dijeron que la OEA no revisó el
recuento de votos; y finalmente aseguraron que lo que hizo la OEA no fue una
auditoría sino que solamente hizo un informe de análisis.
Y con relación a la revisión de 35.000 actas que están digitalizadas en
el Órgano Electoral Plurinacional, hay que recordar que muchas de ellas fueron
quemadas cuando incendiaron algunos tribunales electorales departamentales, las
mismas que fueron llenadas tomando como referencia imágenes fotografiadas por
el sistema de transmisión rápida de resultados (TREP).
Por otra parte, el problema no fue el mal recuento de votos de esas
actas, sino las actas mismas, sobre las cuales pesaron muchas denuncias de
falsificación y otras irregularidades, algunas de ellas apuntadas en la
auditoría de la OEA porque varias actas de un mismo recinto de votación fueron
completadas por una sola persona, lo que es considerado una transgresión ilegal
de las atribuciones de los jurados de mesa y siembra dudas sobre los resultados
reportados.
Cuando se escuchan propuestas o decisiones como la que hizo el
procurador, da la sensación de que los representantes del gobierno hacen
anuncios pensando solo en el consumo interno del electorado propio, es decir
que hablan para “su gente”, porque en ocasiones esas ideas pecan de insensatez:
si el problema del fraude electoral se resolviera con la simple revisión de las
actas, eso se pudo haber hecho el mismo día de las elecciones y el país se hubiera
evitado auditorías, nuevas elecciones y todo lo que después vino.
También es preciso recordar que las elecciones de octubre de 2019
fueron anuladas por el entonces presidente Evo Morales ante las denuncias de
fraude. Por tanto, ¿qué sentido tiene revisar unas actas de una elección
anulada precisamente por las irregularidades cometidas en el llenado de esas
actas?
Los intentos del gobierno por borrar de la historia el fraude electoral
están llegando a extremos insospechados, pero también absurdos; tras las
contundentes ratificaciones de la OEA, Unión Europea y otros actores, el
gobierno busca nuevos argumentos, y continúa dedicando su tiempo y energía en
el tema político que no es del interés de la gente y mientras tanto descuida
hacer gestión de gobierno en temas trascendentales para el país como la
recuperación económica y la salud de la población.
En esa tarea, el procurador Wilfredo Chávez asume una actitud cada vez
más agresiva ya no contra los actores políticos de la oposición, sino contra
los medios de comunicación y sus periodistas: ayer acusó de mentir a una
periodista de una red televisiva que lo entrevistaba, a lo que la comunicadora
tuvo que exigirle guardar respeto.



