Medio: El Diario
Fecha de la publicación: lunes 30 de agosto de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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Es censurable todo lo que ocurre en nuestro país con la
administración de justicia y la consumación de crímenes, especialmente con los
asesinatos cometidos contra mujeres y niños, porque casi diariamente son
conocidos datos sobre el encuentro de cadáveres de mujeres. En el sentir de la
población, es condenable que las fuerzas policiales no siempre puedan
identificar a autores de hechos criminales contra mujeres y niños que, luego de
ser vejados, son asesinados y hasta descuartizados por sádicos que no paran en
su insania. La colectividad ya no confía y vive temerosa de lo que pueda
ocurrir con cualquiera de sus seres queridos; no atinan a comprender cómo es
posible que no haya posibilidad de que los tribunales de justicia no puedan
actuar en contra de quienes violan las leyes.
Desde hace varios años se habla sobre la urgencia de “moralizar el Poder
Judicial” y nada o poco se avanzó; se dijo también que los cuadros policiales
serían reorganizados y nada ocurre en las filas de la institución del orden que
debería cuidar con más celo la seguridad de la población.
El gobierno, casi imitando lo que anteriores regímenes ofrecieron, persiste
en su idea de “reestructurar el Poder Judicial”. Pero no hay forma ni modo para
llevar a cabo “siquiera tocar superficialmente al Poder Judicial”, por temor a
represalias o, peor, que las respuestas sean incremento de la delincuencia. El
gobierno parece sentirse incapaz de adoptar medidas punitivas contra criminales
que caen presos en la policía y que, en muchos casos, solo son “alojados” por
un par de días y luego liberados. ¿Qué ocurre realmente con tanta permisividad
con quienes violan las leyes y hacen escarnio de la vida y seguridad de la
población?
La verdad sentida por la población es que la delincuencia actúa con inmunidad
e impunidad porque no son sentados precedentes aplicando las leyes sobre los
autores de crímenes. Se dice que “el gobierno debería designar nuevos jueces y
reorganizar la Policía”; pero, hasta ahora, todos los gobiernos han fracasado
en sus intentos y habría que ver si los Colegios de Abogados, en conjunción con
las universidades, pueden estudiar estos casos y sugerir las mejores
soluciones; de otro modo, si no hay remedio para sentar precedentes castigando
enérgicamente tanta delincuencia, el crimen seguirá indefinidamente y nadie
estará seguro. Por otra parte, quienes tienen vocación para maltratar a mujeres
y niños y hasta asesinarlos, deberán contener su maldad e insania y quienes
sean culpables de asesinatos castigarlos con máxima severidad.
Finalmente, es de esperar que sean ciertos los anuncios de reorganizar la
Policía y disponer mayor vigilancia en las ciudades; por otra parte, no ser
permisivos con los criminales al extremo de liberarlos a pocas horas o días de
habérselos descubierto y apresado.
Hay que lamentar que la población siente la inutilidad de pedir que
senadores y diputados se preocupen de estos casos, puesto que los
parlamentarios solo velan por intereses y conveniencias personales y
partidarias y el país está rezagado para ellos a planos muy secundarios. De
todos modos, habrá que enterarlos, el Poder Judicial es incapaz y la Policía es
impotente ante el crimen.



