Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: martes 31 de agosto de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Históricamente, los gobiernos de corte autoritario han
pasado por diversas etapas antes de convertirse en tiranías. Una de ellas es la
negación de la verdad, cuando ésta no conviene a sus fines. El gobierno de Luis
Arce parece estar atravesando por ese período, por eso se ha dado a la tarea de
intentar borrar, cambiar, distorsionar o difuminar algunos hechos que puedan
ser perjudiciales para el proyecto de poder.
La última acción en ese sentido fue sacar un informe de la
Contraloría para decir que la Organización de Estados Americanos (OEA) no hizo
ninguna auditoría al fallido proceso electoral de 2019. Esa afirmación arrancó
algunas risas, otras ironías y muchas reacciones de indignación porque no se
puede negar una verdad de la que todos hemos sido testigos hace apenas año y
medio. El propio gobierno de Evo Morales pidió a la OEA que haga una auditoría
vinculante al proceso electoral de 2019, pero cuando este estudio descubrió que
hubo dolo (fraude) en el manejo de los datos, decidió negar sus resultados.
Pero, el procurador general del Estado, Wilfredo Chávez, superó a todos sus
correligionarios al decir que tal auditoría no se hizo.
La prueba de que esta conducta es una constante en Chávez es
que hace poco también afirmó que, en 2019, no se registraron las renuncias de
Álvaro García Linera, Adriana Salvatierra ni Víctor Borda, con lo que pretende
afirmar que no hubo vacío de poder y, en consecuencia, quien haya asumido el
mando incurrió en un golpe de Estado.
La afirmación de que la OEA no hizo ninguna auditoría apunta
al mismo objetivo, instalar la idea de que en Bolivia no hubo fraude electoral
y que, en cambio, se perpetró un golpe de Estado.
Toda esta posverdad o, mejor dicho, esta suma de mentiras es
para apuntalar la misma tesis y, de paso, aplastar a los rivales políticos con
juicios y encarcelamientos injustos.
El informe de la Contraloría se basa en aspectos formales para
desconocer la auditoría de la OEA, como la fecha y modo en que se dio a conocer
el informe. Qué importancia puede tener que el informe preliminar se haya
entregado el 10 y no el 13 de noviembre y cuál es la relevancia de haberlo
hecho público sin haberlo entregado previamente al gobierno.
Ahora el gobierno desafía a contar las 35.000 actas del
proceso electoral de 2019 para demostrar que no hubo fraude, algo que es
imposible porque el proceso ya precluyó y, por otro lado, ¿qué grado de
credibilidad podría tener el gobierno auditando las actas de un proceso
electoral en el que pretende ser juez y parte?
Ya es tiempo de que el gobierno deje de subestimar la
inteligencia de los bolivianos y cese en la publicación de historias que nada
tienen que ver con la realidad.



