Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: domingo 29 de agosto de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Asamblea Legislativa Plurinacional
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Es atinada la propuesta de “acuerdo nacional”
formulada esta semana por Carlos Mesa y CC, no solo con motivo del informe del
Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), sino frente a la
escalada suicida de polarización y confrontación que está sufriendo el país.
El
punto de partida sería la viabilización de los juicios de responsabilidades por
las muertes y la violación de derechos humanos ocurridas a fines de 2019, cuya
autorización depende de 2/3 de la Asamblea Legislativa, para lo que CC plantea,
básicamente, el cambio del Fiscal General en 90 días y el cambio de la
modalidad de selección de postulantes a magistrados para las elecciones
judiciales de 2023.
La
propuesta mesista de “acuerdo nacional” es oportuna, tiene aciertos, pero
también imprecisiones, omisiones y equivocaciones que deberían subsanarse: Las
imprecisiones están en el cambio de Fiscal, en 90 días “a través de un
mecanismo legal”, ya que la ley 260 del Ministerio Público, en su Art. 24,
señala dos mecanismos claros: destitución por sentencia en juicio de
responsabilidades, o renuncia aceptada. Enjuiciar al Fiscal ante la Asamblea
para destituirlo podría llevarnos años y entonces, hay que decirlo claro, sin
imprecisiones, el acuerdo nacional debería contemplar el pedido expreso de
todas las bancadas, al señor Lanchipa, para que dé un paso al costado
renunciando, teniendo en cuenta, además, que su permanencia ya es insostenible
luego de que el informe del grupo de expertos evidenció su incompetencia en las
investigaciones fiscales de 2019.
Sí, hay
que “reconstituir el Ministerio Público” y un primer paso para ello debería de
ser la elección parlamentaria por 2/3 de una persona idónea, independiente y
proba, luego de un concurso de méritos y examen de competencia que,sí se puede,
y debe hacer, incluso en menos de 90 días. La modificación de la Ley del
Ministerio Público para que también la Asamblea Legislativa designe a los
fiscales departamentales, parece prescindible, mucho más si un nuevo Fiscal
General independiente y probó será quien los nombre hacia adelante.
La
notoria omisión en la propuesta es la del restablecimiento inmediato de todas
las garantías jurisdiccionales que prevé nuestra Constitución en su Título IV,
para todos los enjuiciados, lo que no puede ser obviado o subsumido en el
concepto general del “debido proceso”, ya que se están cometiendo inaceptables
atropellos procesales contra la expresidenta Áñez que tienen que acabar. Debe
acordarse la libertad de los detenidos (con medidas sustitutivas que impidan
cualquier fuga) y deberá respetarse el derecho a la defensa, al juez natural, a
la presunción de inocencia, a la integridad física y psicológica…
Y el
equívoco grave, de la propuesta de CC, es hacer depender los juicios de
responsabilidades del cambio de los magistrados supremos en las próximas
elecciones judiciales de fines de 2023. Mesa, tal vez sin darse cuenta, está
proponiendo que el juicio de responsabilidades se sustancie en 2024, de acá a
dos años y medio, cuando tengamos nuevos magistrados electos por sufragio, con
una distinta selección de postulantes por un comité ciudadano a crearse, ya sea
vía reforma constitucional o vía “ley de independencia judicial…”.
No pues
señor Mesa, hay 37 familias que han perdido a sus seres queridos y que claman
justicia, hay centenares de heridos que exigen reparación, pero, además, está
en curso la muerte civil de la expresidenta Áñez. Nadie puede esperar al año
2024, como ya lo propuso equivocadamente el ministro Lima el pasado 19 de
agosto afirmando que “todos los juicios de responsabilidades en la etapa
preparatoria duran incluso dos años (…) y para este juicio ya habremos elegido
nuevos magistrados…”.
El
argumento de CC es que el actual Tribunal Supremo no es confiable. Claro que no
lo es y, por ello, hace dos semanas, en esta columna, propuse que para el
enjuiciamiento de la expresidenta Áñez, a tiempo de restablecer sus derechos
jurisdiccionales, se designe una comisión parlamentaria de veeduría del juicio
o que se pida esa veeduría a Naciones Unidas para que siga paso a paso las
actuaciones de los jueces supremos, cuyo rol no comienza, como piensan Mesa y
Lima, después de la “etapa preparatoria” a cargo del Fiscal General, sino que
su sala penal oficia todo el tiempo, desde la formulación del dictamen
acusatorio, como juez de control jurisdiccional, que dispone la libertad de los
acusados imponiendo medidas sustitutivas, que resuelve los incidentes y
excepciones, que recibe la prueba anticipada, que controla plazos y que
preserva los derechos constitucionales de las víctimas y de los procesados
impidiendo los abusos del propio fiscal y de los investigadores.
Pero la
propuesta de CC es perfectible. Ojalá en esa dirección responda el Gobierno y
el resto de la oposición, callando a algunos de sus portavoces radicales que ya
la han descalificado. Es la intolerancia y la falta de propuesta lo que más
bien está descalificando a los políticos.
El autor es
político y abogado



