Medio: Opinión
Fecha de la publicación: domingo 29 de agosto de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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La posición del
Gobierno nacional con respecto a la Secretaría General de la Organización de
los Estados Americanos (OEA), manejada por el uruguayo Luis Almagro es clara:
la identifica como uno de los actores “responsables” de los hechos luctuosos de
2019. El Gobierno entiende que el informe preliminar del 10 de noviembre de ese
año, cuando la OEA concluyó que hubo “irregularidades en el proceso electoral”,
fue uno de los elementos que desató la crisis social.
El miércoles pasado,
el ministro de Justicia, Iván Lima, y el canciller, Rogelio Mayta,
interpelaron a Almagro en el Consejo Permanente de la OEA, pues consideran que
el uruguayo incurrió en “injerencia”. Por ello, ahora Bolivia evalúa los
escenarios para dirimir el debate sobre 2019, dirigiendo el foco,
especialmente, en el diplomático oriental.
Ahora bien, ¿cuáles
son las instancias a las que las autoridades del país podrían recurrir para
sostener su postura? Según el análisis de juristas especializados en derecho
internacional público, son tres, mientras que el panorama no parece favorable
para las expectativas del Gobierno. Además, los juristas consultados descartan
la figura de “injerencia” e “intervención” en asuntos internos.
LOS CAMINOS Son
pocas las vías que parecen asomar para que el Gobierno pueda arremeter contra
la Secretaría General de la OEA y Almagro: recurrir a la Corte Internacional de
Justicia de la Haya (CIJ), apelar a la Unión Europea (UE) e ir en busca de una
nueva pericia; y, por último, procurar apoyo directamente en la Organización de
las Naciones Unidas (ONU) extendiéndole el caso, son las alternativas.
El abogado y
analista internacional Álvaro Del Pozo, y el jurista Luis Inarra, docente
catedrático y parte del Instituto de Estudios Internacionales (IDEI),
contemplan la figura de que Bolivia pueda apelar a la CIJ, aunque ven pocas
chances de que logre éxito. Del Pozo, conocedor de que el oficialismo apunta a
Almagro, descarta que se dé un juicio contra él. “Imagino que el Gobierno
podría intentar pedirle una opinión consultiva a la Corte de la Haya en cuanto
a acciones del señor Almagro. Un juicio no puede ser, porque los estados son
los únicos sujetos frente a la CIJ, pero podría solicitar una opinión
consultiva sobre injerencia realizada desde la Secretaría General. Lo veo poco
probable. En resumen, no encuentro posible ningún escenario jurídico que pueda
dañar la situación de Almagro”.
Inarra, por su
parte, observa que el escenario está muy polarizado no solo en Bolivia, sino en
la comunidad internacional, divididos entre derechas e izquierdas. En ese
sentido, “las fichas del juego de ajedrez internacional se van posicionando a
partir de que la gran mayoría de los países miembros de la OEA no comulgan con
gobiernos populistas”, dice.
Uno de los
señalamientos que hicieron público Lima y Mayta es que Almagro cometió
“injerencia”. Esto, bajo la idea de que presuntamente el diplomático se
envolvió en asuntos de orden interno. Lima ejemplificó el comunicado del 9 de
agosto pasado, cuando Almagro recordó el carácter vinculante de la auditoría de
2019 y, además, objetó la pericia hecha por la Universidad de Salamanca, que
recientemente concluyó que “no hubo manipulaciones” en dicho proceso electoral.
“Más allá de que
sean ciertas o no las acusaciones contra Almagro, hay intereses. El Gobierno,
si está convencido de que hay una injerencia en temas internos por parte de la
OEA, podría recurrir a un tribunal internacional, en este caso, la CIJ”, relata
Inarra. Sin embargo, cree que el Gobierno lleva mucha desventaja, tomando en
cuenta que firmó el acuerdo en 2019, en el que estuvo conforme con respetar las
conclusiones de la auditoría de la OEA.
“El Gobierno,
entonces de Morales, solicitó la auditoría. Más allá de que el informe sea
verídico o no, la auditoría se dio con el consentimiento del Gobierno. Eso le
limita el margen de acción para acudir a un tribunal internacional. Eso, en lo
jurídico. Ahora, las acusaciones que lanza el MAS en contra de Almagro son
personales. Ahí, debe demostrar que el Secretario General influyó
arbitrariamente en ese informe de las elecciones de 2019. No hay mayores
pruebas”, analiza el jurista.
Sobre las
posibilidades de que Bolivia recurra a otras esferas de la comunidad
internacional, el experto Sergio Castro, también del IDEI, considera que es
probable que lo haga ante la Unión Europea (UE) y la Organización de las
Naciones Unidas. Enumera esas dos. Sobre la primera, asume que habrá un
rechazo, pues facilitó una misión tanto en el proceso eleccionario de 2019 como
en 2020. Respecto a la ONU, ve mayor diplomacia.
“La comunidad
europea va a rechazarlo, pues la UE fue observadora en 2019 y también en el
gobierno transitorio. Reconoció a Áñez como presidenta interina. Retrotraerse a
las causas que habrían generado (la llegada del) gobierno transitorio no son
jurídicas, pero que pueden recurrir, sí. La ONU es mucho más diplomática. Puede
recibir el asunto, pero será una denuncia que se quedará en una declaración
jurídica”.
Sobre instalar el
debate con nuevas pericias, Del Pozo explica que es factible, pero que
realizar otros informes luego de casi dos años “minimiza las posibilidades de
una investigación seria porque no habrá un levantamiento de información
novedosa”. “Puede ser que busquemos otra pericia y nos digan que no encontraron
irregularidades, claro, pero después de dos años es complicado”.
SUSTENTO LEGAL Tanto
Del Pozo como Castro refieren que la discusión planteada por el oficialismo
pasa más por instalar un discurso político que por tener sustento jurídico. “El
Gobierno quiere establecer un precedente jurídico para limpiar la imagen
política de Evo Morales, pero jurídicamente no se puede hacer nada”, asevera
Castro.
Tampoco Del Pozo
augura buenas expectativas para el Gobierno, en el entendido de que la
estrategia sea apuntar contra Almagro y “deslegitimarlo”. Observa que una de
las intenciones es que pierda apoyo por parte de los estados miembros o que sea
apartado de la Secretaría. “En lo político, todo es posible, se pueden decir
muchas cosas. En el campo jurídico veo pocos escenarios. El Gobierno no va a
lograr el apoyo necesario para deslegitimarlo como para forzar una renuncia. Y llevar
a Almagro a una instancia jurídica es personal, por lo tanto, tendríamos que
hablar de un delito. Alguna autoridad habló de llevarlo a la Corte Penal
Internacional (CPI) por delitos de lesa humanidad que, en teoría, fueron
motivados por el informe de la OEA. Lo veo imposible”.
En cuanto a Almagro,
Inarra observa que se busca “presionarlo para que renuncie o, al menos,
restarle apoyo en la OEA”. No obstante, este se encuentra “tranquilo” porque
goza del respaldo de Estados Unidos y la “mayoría”. Así, Bolivia intenta, según
su perspectiva, tejer alianzas con otros países, como es el caso de Perú,
mediante las visitas de autoridades y exautoridades a Pedro Castillo. “Eso es
netamente político”, concluye el abogado.
INJERENCIA La
jurista y docente catedrática de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) Liz
Escobar descarta por completo que exista injerencia por parte de la OEA.
Argumenta que desde el momento en que Bolivia firmó la Carta Democrática
Interamericana, deja sentado que “en ese caso no implica que el Estado haya
sido violado”. “Firmó dos convenios: uno, con la OEA, que fue con la finalidad
de respetar el informe (el segundo) convenio, de la Carta Democrática, que
establece en sus artículos 1 y 2 que la democracia es una obligación de los
estados porque nos hace vivir en sana convivencia. Aquí hay mala interpretación
de nuestros representantes”.
Escobar destaca que
“el gobierno pasado de Evo Morales acordó que todos los informes de la OEA
tengan carácter vinculante”. Castro va en la misma línea y advierte que
“Bolivia, cuando ratifica esa carta, establece que el concepto de democracia ya
no es un asunto interno, sino internacional”.
Una hipotética salida de la OEA
REDACCIÓN: Una
probable salida de Bolivia de la Organización de los Estados Americanos (OEA)
traería consigo graves consecuencias en la estabilidad democrática y en el
comercio internacional. Así, al menos, lo comprende el abogado especialista en
derecho internacional público Sergio Castro, quien recuerda el caso de
Venezuela, cuando este país decidió abandonar ese organismo internacional.
“El Estado podría
asumir una posición política, igual a la asumida por Venezuela. Ese país no
quería cumplir las sentencias de la Corte Interamericana, se retiró. Después,
no deseaba estar sometido a las decisiones del Consejo Permanente de la OEA y
se apartó. Si Bolivia no quiere obedecer jurídicamente estos hechos, que son
verdad en derecho, debería recurrir a mecanismos políticos y abandonar estos
organismos internacionales”, detalla el jurista.
No obstante, alerta
sobre la figura. “Esta decisión tendría que ser justificada para el pueblo
boliviano porque las consecuencias serían gravísimas para la estabilidad
democrática del país y para el comercio internacional”.
Por otro lado,
plantear la idea de “procesar” a Luis Almagro en Bolivia es erróneo para
Castro. Si bien existe la figura de la jurisdicción universal, a la que se
acoge España, por ejemplo, “eso no existe en la ley penal boliviana”, según
palabras del abogado catedrático.



