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Medio: La Razón
Fecha de la publicación: viernes 20 de agosto de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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Contenido
La presentación oficial del informe del Grupo
Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) sobre los hechos de
violencia de septiembre a diciembre de 2019 ha removido el ambiente político
boliviano y ha brindado bases para evaluar esos sucesos a la luz de datos
empíricos y no solo de suposiciones o “narrativas”, amplificadas,
particularmente, en los medios de comunicación.
Sin embargo, y a pesar de la abundante evidencia presentada
sobre los excesos del Estado, especialmente desde el momento en que se operó la
sucesión presidencial a través de una ruptura del orden constitucional, la
interpretación del informe por parte de agentes políticos, activistas y medios
de comunicación ha hecho énfasis, casi exclusivamente en la identificación de
culpables y en no pocos casos en un desesperado intento de equiparar los actos
de la administración de Morales con los de Áñez.
Poco o casi nada se ha dicho respecto de uno de los
propósitos principales de la investigación y su correspondiente informe:
“asegurar el derecho a la verdad” y su correlato en la reparación de los
derechos vulnerados. Parecería que ni políticos, ni activistas, ni periodistas
son capaces de mostrar si no empatía, un poco de compasión por las víctimas y
familiares de quienes perdieron la vida en ese doloroso momento de la historia
boliviana reciente.
Si bien es cierto que las recomendaciones contenidas en el
informe del GIEI “buscan impulsar acciones y pautas metodológicas encaminadas a
garantizar que las investigaciones penales contribuyan al esclarecimiento de
los hechos y a la atribución de eventuales responsabilidades”, que se reconoce
que “los avances en la investigación, juzgamiento y sanción de los responsables
continúan siendo limitados” y que preocupa “que la mayoría de violaciones de
los derechos humanos documentadas en este informe permanecen impunes”, también
lo es que urge ir más allá del simple señalamiento de quienes estuvieron
involucrados.
Por eso el informe propone, para asegurar una investigación
penal y su consiguiente juzgamiento, diversas medidas vinculadas con la urgente
y demorada reforma del sistema judicial, incluyendo: garantizar la
transparencia y objetividad del ejercicio de la acción penal; la realización de
investigaciones adecuadas, oportunas y exhaustivas; la participación efectiva
de las víctimas y de sus familiares en el proceso penal, y la investigación de
todas las categorías de violaciones de los derechos humanos, entre muchos
otros. Pero también instruye trabajar en la restitución, rehabilitación,
satisfacción, compensación a las víctimas y deudos de las y los fallecidos y
asesinados.
Toca, pues, que las autoridades del Estado, pero también los
líderes de las diferentes oposiciones, se hagan cargo de enmendar los daños
causados a la sociedad e, incluso si son incapaces de dejar de pensar en
castigos y venganzas, incluyan estos temas en su agenda política y discursiva.
No actuar de esa manera solo profundizará el dolor y el daño sufridos por el
país.



