Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: jueves 19 de agosto de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Este ingenioso
vocablo, Evo-arrepentidos, me fue obsequiado vía inbox por mi amiga Marcela
Roca Sánchez. Rindo tributo a su autoría y paso a tratar de ponerlo en boga
mediante una audaz expansión de sentido. Lo hago sobre todo, porque pertenezco
a la grey así bautizada, aunque acá me reservaré el derecho a no exhibir mis
datos personales. Me interesa el fenómeno en el que resulté catalogado, pero
aborrezco en general la exultación biográfica. Es más, mi introspección lleva
tal retraso que ni siquiera he podido fijar a cuál de las ramas de esta familia
pertenezco.
Siendo menos
numerosas que las tribus de Israel, los Evo-arrepentidos formamos tres linajes
diferenciados. Están quienes abominan el giro azul del país entero, los que se
fastidian con el Movimiento al Socialismo (MAS) como proyecto político y los
que solo se lamentan por la conducta atrabiliaria de Evo y su camarilla.
Para fines
didácticos, asignémosles a cada uno una letra, con la ventaja adicional de que
esta forma de ordenarlos sopesa el grado de frustración en curso. En los
Evo-arrepentidos del tipo A, el desencanto es tamaño elefante y casi un motivo
de auto-expatriación. Los del B alientan esperanzas en el nacimiento de un
nuevo partido que corrija el rumbo equivocado, mientras los del C aguardan
ilusionados el afianzamiento de Choquehuanca o la irradiación victoriosa de Eva
Copa o Damián Condori.
Vamos ahora al
detalle cada identidad.
Los del grupo A
afirman que Evo y el MAS enterraron sus banderas, cometieron traición a sus
ideales, pero que al hacerlo, tuvieron éxito y se hicieron viables. Los
Evo-arrepentidos A miran con horror que el país haya aplaudido cada una de las
claudicaciones y que muchos suspiren aliviados al ver que Evo no trajo el
modelo cubano o soviético a la Bolivia plurinacional y capitalista de nuestros
días. El diagnóstico que resume algo esta postura está en aquella frase
estremecedora acuñada por Silvia Rivera: “Evo es la derecha”. Quienes
evalúan las cosas de este modo no solo están enojados con el partido de Estado,
sino que además se angustian porque la población boliviana haya terminado
convalidando el giro del MAS al esquema depredador y expansivo.
Los Evo-arrepentidos
del grupo B también piensan que Evo y el MAS incumplieron sus promesas, se
burlaron de sus electores, cometieron traición a sus principios, pero que ante
ello, una gran masa de desencantados está en la faena de reparar los daños y forjar
una reconducción oportuna. Este segmento señala que el MAS se ha convertido en
un partido tradicional, que ha escamoteado el vigor de las organizaciones
sociales, a las que ha corrompido hábilmente, pero que en la base de la
sociedad boliviana aún bullen recursos suficientes para desandar el camino y
volver a plantar el programa de transformaciones abandonado en algún momento
por sus portadores efectivos. Mientras los del grupo A afirman que el MAS ha
tenido un comportamiento oportunista de adaptación a las nuevas circunstancias,
los del B perseveran en subrayar la traición. Mientras los A miran resignados
como el país y sus poderes fácticos han pervertido al MAS, los B sostienen que
los verdaderos cambios están en la congeladora y que solo cabe esperar su
reactivación milagrosa.
Pasemos ahora a la
tercera familia. Los Evo-arrepentidos C sostienen que Evo y el MAS cumplieron
con todas sus promesas realizables: nacionalizaron el gas, pusieron en pie lo
plurinacional, aprobaron una nueva Carta Magna, vertebraron el país y abatieron
la extrema pobreza. Éste sigue siendo no solo el mejor, sino además el único
modelo realista para darnos patria. Sin embargo, ello no significa que ser C
resulte confortable. Al contrario, los C no entienden cómo habiendo ampliado tanto
las cuotas de bienestar de la gente, al MAS le haya hecho falta violar su
Constitución y empujar al país a la polarización más cruel solo por el capricho
individual de Evo de convertirse en presidente vitalicio.
Así, si los A miran
con tristeza el país en el que nos hemos convertido, los B porfían en que
las capas profundas de la sociedad mantienen su potencial transformador y que
para desplegar su dinamismo anestesiado, solo requieren retirar aquel obstáculo
enorme llamado MAS. Entre tanto, los C invierten toda su energía en incitar al
MAS a convertirse en una entidad democrática, que termine repudiando a su
caudillo y restableciendo asambleas y rotaciones que haga realidad aquel sueño
de un instrumento político derivado de las organizaciones sociales.



