Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: jueves 19 de agosto de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Leer el informe del
Grupo Internacional de Expertos Internacionales (GIEI) que investigó los
sucesos comprendidos entre septiembre y diciembre de 2019, durante los
gobiernos de Evo Morales y Jeanine Añez, es revivir la violencia y el horror de
aquellos días, cuando murieron 37 compatriotas en una pelea política que no
debió existir.
Lejos de las
predicciones de la oposición en sentido de que el informe sólo favorecería al
MAS y lejos también de los deseos del oficialismo de que este estudio le
serviría para alimentar su teoría del golpe y para terminar de aplastar a sus
rivales políticos, la investigación del GIEI resultó ser ecuánime y, como
correspondía, repartió culpas a uno y otro bando, no porque eso sea
políticamente correcto, sino, porque así sucedieron los hechos.
Los sucesos de
Sacaba y Senkata fueron calificados de masacres y, según el reporte, las
fuerzas del orden, en aquellos dos escenarios, cometieron ejecuciones sumarias
contra los manifestantes. Esta responsabilidad, sin duda, recae sobre el
gobierno de Jeanine Añez que, en vez de ser juzgada por un golpe inexistente,
debería ser sometida a un juicio de responsabilidades por aquellos sucesos.
Se podría decir
que el resultado de la pesquisa sobre esos dos eventos violentos era
previsible para el MAS y para la oposición. Sin embargo, ninguno de ellos
esperaba que el informe indagara sobre las causas estructurales de la violencia
y que mirara también la gestión de Evo Morales.
El documento deja
establecido que el expresidente Morales se prorrogó en su mandato, que sólo
debía ser de dos períodos. Hizo posible el tercero argumentando que el Estado
acababa de ser refundado y que el primer período no contaba, y para optar por
el cuarto, desconoció el resultado del referendo del 21 de febrero de 2016, en
el que la mayoría de los bolivianos le dijo No a una nueva reelección. El
GIEI menciona estos dos antecedentes para entender dónde está el origen de la
crisis boliviana.
Luego, el informe va
dando a conocer los resultados de la investigación, según el lugar donde ocurrieron
los actos violentos; varios de ellos sucedieron durante el gobierno de
Morales, como las muertes de Montero, los sucesos de Vila Vila, los ataques de
Playa Verde y otros más.
Otros ocurrieron
durante los días en que se produjo el vacío de poder, debido a las renuncias de
Evo Morales y los demás integrantes de la cadena de mando, aspectos que también
son señalados con claridad por el informe. En esta categoría ingresan los
ataques registrados en La Paz contra los buses PumaKatari, las casas de Waldo Albarracín
y de Casimira Lema.
Y, finalmente,
desemboca en las masacres de Sacaba y Senkata, que ocurrieron durante el
gobierno de Añez.
Por tanto, la
responsabilidad recae en Morales porque gobernó hasta el 10 de noviembre y en
Añez que asumió el poder desde el 12 de noviembre.
“En el último
trimestre del año 2019 se cometieron graves violaciones de los derechos humanos
en Bolivia (…) Lo ocurrido involucra la responsabilidad del Estado por actos de
agentes estatales y de particulares”, se lee en el informe.
Queda claro que los
agentes estatales son policías y militares que hicieron uso de la fuerza y los
particulares son personas, en muchos casos, que respondían al gobierno de
Morales, como ocurrió en Montero, donde se armó un grupo “en calidad de
guerrilla”.
El reporte revela
también que durante aquellos aciagos días se cometieron delitos sexuales y de
género. Varias mujeres fueron obligadas a desnudarse, fueron amenazadas de ser
violadas y fueron manoseadas en diferentes contextos, entre ellos, El Alto, La
Paz, Cochabamba y Vila Vila, donde las víctimas eran del bloque opositor.
Lo que corresponde
ahora es buscar justicia para las víctimas, pero está claro que, con unos
operadores tan obedientes al poder de Evo Morales, eso no podrá ser posible. El
MAS ya ha anunciado que impulsará el juicio de responsabilidades en contra de
Añez, pero debería juzgar también a Evo Morales.
Lo que no hace el
informe es dar cuerda al golpe inventado por el MAS ni al fraude descubierto
por la OEA. De hecho, señala que no entrará en esa polémica y tal vez ésa sea
la mayor decepción del MAS. La investigación terminó siendo un golpe a la
retórica del golpe.



