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Medio: Diario Andaluz
Fecha de la publicación: martes 17 de agosto de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes
(GIEI-Bolivia) entregó este martes su informe sobre las vulneraciones de
derechos humanos durante 2019 y concluyó que hubo masacres en Sacaba y Senkata,
además de una violencia racista que requiere sanción. Asimismo, observó
deficiencias para garantizar la independencia judicial en el país.
“El GIEI no duda, sin embargo, en calificar a los hechos
de Sacaba y Senkata como masacres. Es esencial que quienes resultaron
víctimas obtengan justicia reparación por los daños que le fueron provocados y
atención inmediata”, explicó en la presentación la argentina Patricia Tappatá,
integrante del Grupo que fue encargada de presentar las conclusiones.
El GIEI analizó las violaciones a derechos humanos desde el
1 de septiembre de 2019 hasta el 31 de diciembre, periodo en el cual hubo en el
país al menos 37 fallecidos en el marco del conflicto electoral.
Tappatá señaló que, además de los muertos, “centenares
recibieron lesiones de consideración tanto físicas como psicológicas” y que lo
ocurrido involucra la responsabilidad del Estado y de particulares
“La Policía y las Fuerzas Armadas, de modo separado o en
operativos conjuntos, usaron la fuerza de modo excesivo y desproporcionado y no
previnieron adecuadamente los actos de violencia, dejando desprotegidos a los
ciudadanos y ciudadanas. Por su parte particulares promovieron y protagonizaron
actos de violencia y ataques a bienes públicos”, detalló.
En la investigación también que encontrron casos de
violencia sexual y de género.
Sin embargo, la experta aclaró que “para sanar
heridas es preciso reconocer que hay personas afectadas en ambos lados del
espectro político” y que “no se puede concebir un proceso de
recomposición del tejido social sin abandonar antes la idea de que las víctimas
son las de nuestra identidad política”.
Violencia racista
La integrante del GIEI señaló que las manifestaciones
de protesta y bloqueos no ocurrieron de modo inesperado, sino fueron precedidas
por discursos antagónicos de líderes reconocidos y por decisiones
políticas y accionesque socavaron la credibilidad en las instituciones y
desconocieron acuerdos esenciales para el ejercicio de la democracia.
Señaló que en ese entonces “se apeló a la identidad
étnica como criterio que señalaba la pertenencia o no a la sociedad boliviana,
las adhesiones políticas fueron peligrosamente racializadas y en momentos
trascendentes de la vida de Bolivia pretendieron ser usadas como factor de
exclusión de los espacios institucionales”.
Añadió que, en ese marco, “la violencia racista
perpetrada contra los pueblos indígenas, incluyendo a las mujeres indígenas que
fueron especialmente atacadas en esa época deben ser reconocidas y los
responsables sancionados”.
La primera recomendación del GIEI, en ese sentido consiste
en realizar una Cumbre Nacional sobre el Racismo y la Discriminación, para
“promover espacios de consenso y de diálogo, para trabajar un sentido de
destino común en la diversidad.
Agregó que “el orden patriarcal debe desnaturalizarse,
porque este implica no sólo la jerarquía establecida entre hombres y mujeres
sino también entre indígenas y no indígenas”.
También se recomendó a líderes políticos y sociales “deben
abstenerse de utilizar la problemática del racismo, las opciones religiosas y
de género para generar discursos de odio”.
Justicia y fuerzas de seguridad
El GIEI observó que “la justicia y las fuerzas de seguridad
quedaron rezagadas en el proceso de cambio”. Tapattá señaló que “los ciudadanos
no confían en ellas las perciben hostiles, lejanas a sus realidades e intereses
y reproductoras de discriminación”.
También señaló “la existencia de serias deficiencias en
el Estado boliviano para garantizar y respetar la independencia y autonomía del
poder judicial y del Ministerio Público, además de debilidades en la
capacidad de esas instituciones para garantizar la debida diligencia y debido
proceso”.
Recomendó que se garantice la independencia del poder
judicial a través de cambios en los sistemas de designación y estabilidad
profesional de jueces y fiscales, que deben ser seleccionados mediante
convocatorias públicas, procesos transparentes y criterios objetivos de mérito,
por fuera de simpatías partidarias.
Indicó que esto incluye que autoridades políticas
eviten pronunciarse sobre investigaciones y procesos penales en curso o por
iniciar.
También planteó que debe acotarse el uso habitual y casi
preestablecido de la prisión preventivam, y que los derechos de las personas
privadas de libertad en el sistema carcelario deben ser atendidos con la mayor
urgencia para eliminar las prácticas abusivas que caracterizan a todo el
circuito penitenciario.
Para la Policía y Fuerzas Armadas, el GIEI recomendó que
“son dos instituciones que deben estar subordinada al poder civil y sometidas a
controles internos y externos, con reglas de transparencia y rendición de
cuentas”.
También la experta argentina llamó a que el informe “no sea
visto como la fotografía de un tiempo violento pero breve que ya pasó, sino
como el nuevo umbral ahora más elevado y exigente de lo intolerable”.




