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Medio: La Razón
Fecha de la publicación: martes 17 de agosto de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes
(GIEI), que investigó los hechos de violencia y violaciones a los derechos
humanos ocurridos entre el 1 de septiembre y el 31 de diciembre de 2019,
determinó que hubo “racismo y desprecio a los símbolos indígenas” durante los
sucesos de ese año.
El GIEI, en un resumen no oficial del informe de su trabajo
investigativo, señala que “las acciones iniciales del gobierno interino (de
Jeanine Áñez), como la eliminación de la wiphala de los espacios oficiales, la
promoción del cristianismo evangélico como norma de orientación del Estado y
los discursos racistas, sirvieron para rechazar la identidad, la cultura y la
historia (de los) indígenas”.
Es así que los expertos observaron numerosos incidentes de
racismo en Bolivia que, según su trabajo investigativo, “sugieren que ciertos
sectores de la sociedad siguen siendo hostiles a la noción de un Estado
Plurinacional inclusivo”, porque “durante el conflicto alrededor del proceso
electoral de 2019, los principales acontecimientos incluyeron un componente
significativo de discriminación, intolerancia y violencia racial, que reavivó
una problemática histórica y estructural de identidad arraigada en el Estado
boliviano”.
En ese sentido, subrayaron que en el conflicto el clima de
polarización ideológica en la población creció en la medida que los líderes
políticos también incentivaban o toleraban la violencia que ejercían sus
simpatizantes, a lo que “se sumó la ineficaz intervención de las autoridades
del Estado”.
“Esta polarización impulsó dos tendencias: la
estigmatización de la población indígena, campesina, rural, en situación de
pobreza o de tez morena como simpatizante del MAS; y la incorporación de una
ideología religiosa al movimiento político de oposición”, se advierte en el
documento.
Pues el GIEI recuerda que, por ejemplo, el uso de la Biblia
y la religión durante los cabildos de los comités cívicos jugaron un papel
relevante para “justificar la causa divina de su movimiento contra Evo Morales
(quien renunció a la presidencia el 10 de noviembre de 2019 asfixiado por
protestas que denunciaban un supuesto fraude electoral, por un motín policial y
una ‘sugerencia’ militar para que dimitiera) y fomentar una idea anti
indigenista que pretende restaurar el protagonismo del catolicismo en la vida
pública”.
Además, según el trabajo del GIEI, los hechos de
discriminación racial se expresaron en mayor medida en las acciones conjuntas
de militares y policías. Es así que “la represión y el uso de lenguaje racista
y anti indígena se dirigió exclusivamente en contra de la población movilizada
que en su mayoría era indígena, obrera y campesina, tal como ocurrió en
Betanzos, Yapacaní, Montero, Sacaba y Senkata”, se destaca en el resumen del
informe.
Por eso también la gran mayoría de las personas heridas,
asesinadas o detenidas desde el 10 de noviembre pertenecían a ese segmento
poblacional y en particular, de acuerdo al documento, las personas arrestadas o
detenidas fueron víctimas de agresiones verbales de naturaleza racial como el
uso peyorativo de palabras: “indio”, “perro” y “colla”.
“Sin embargo, la estrategia de mano dura estigmatizaba a la
totalidad de esta población. Así, el GIEI reconoce múltiples actos de
discriminación contra los pueblos indígenas en el período analizado (y) éstos
se concretaron en violencia selectiva contra miembros de pueblos y comunidades
indígenas, persecución específica de personas indígenas en posiciones de
autoridad, insultos y epítetos racistas, incluso por parte de representantes de
las autoridades, y ataques a símbolos de identidad como la wiphala o el vestido
indígena”, se reafirma en el documento.



