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Medio: La Razón
Fecha de la publicación: martes 17 de agosto de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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“Para garantizar el funcionamiento adecuado del Estado
democrático, las instituciones militares o policiales no deben hacer
sugerencias o recomendaciones de índole política a gobernantes, especialmente
en tema tan delicado como la renuncia a funciones públicas”.
El criterio fue expresado por el Grupo Interdisciplinario de
Expertos Independientes (GIEI) en su informe sobre la violencia y la violación
de derechos humanos en la crisis poselectoral de 2019, cuyo informe conoció La
Razón.
En la recepción del informe de parte de la experta argentina
del GIEI Patricia Tappatá, la mañana de este martes en el salón de actos del
Banco Central de Bolivia (BCB), Arce citó el documento para denunciar que la
renuncia el 10 de noviembre de 2019 de Morales fue a causa de un “golpe de
Estado”.
“Los hechos y argumentos legales demuestran con claridad que
en nuestro Estado Plurinacional de Bolivia se dio un golpe de Estado, que hubo
graves violaciones a los derechos humanos, que se perpetraron masacres y
ejecuciones extrajudiciales por parte del gobierno de facto”, dijo el
mandatario.
En su informe, el GIEI cuestiona duramente el papel de la
Policía Boliviana y de las Fuerzas Armadas en la crisis poselectoral de 2019,
aunque se inhibe de comentar sobre si hubo o no golpe de Estado, como denuncia
ahora el oficialismo, o fraude electoral en 2019, como denuncia la oposición.
“Sin embargo, ante su responsabilidad de recomendar medidas
de fortalecimiento institucional, el GIEI considera oportuno destacar que las
fuerzas militares y policiales tienen, en cualquier país, responsabilidades
democráticas del más alto nivel”, dice el GIEI.
Y complementa: “La circunstancia de que esas instituciones
ejercen directamente el monopolio del uso de la fuerza en nombre del Estado y
de la sociedad, o sea que han recibido la atribución exclusiva de practicar
actos violentos en defensa del orden y de la legalidad, hace estrictamente
necesario que se subordinen y sean controladas por el poder civil”.
La noche del 7 de noviembre, varios destacamentos policiales
se declararon en motín, en coincidencia con las protestas de entonces
convocadas por el Comité pro Santa Cruz y las vigilias propiciadas por fuerzas
política de oposición al Movimiento Al Socialismo (MAS). “El amotinamiento
llevó a que se identificara a la institución policial como un factor que
contribuyó a la inestabilidad de la democracia”, concluyó el GIEI.
El equipo consideró que “la capacidad de actuación armada de
esas instituciones demuestra que la diferencia entre una sugerencia y un
ultimátumpuede no ser más que una cuestión semántica”.
Además, recomendó un ajuste estructural en ambas
instituciones. “La situación estructural de la Policía Boliviana y de las
Fuerzas Armadas merece un trabajo de comprensión más amplio sobre las
necesidades de ambas instituciones para superar lo que, en ocasiones, es un
comportamiento autocrático”.
A las 16.09, casi una hora antes de la dimisión de Morales,
el entonces comandante de la Policía Boliviana, coronel Yuri Calderón, leyó un
comunicado difundido en las redes sociales de la institución. “Nos sumamos al
pedido del pueblo boliviano de sugerir al presidente Evo Morales que presente
su renuncia para pacificar al pueblo de Bolivia”, dijo.
Casi a la misma hora, similar actuación tuvo las Fuerzas
Armadas. En conferencia de prensa, el entonces comandante de las Fuerzas
Armadas, general Williams Kaliman, acompañado del Alto Mando, también sugirió
la renuncia del mandatario.
Morales, acompañado del vicepresidente Álvaro García,
renunció a las 16.50 en Chimoré, en el Chapare, adonde viajó luego de
dificultades al abordar el avión presidencial (los jefes militares se lo
impedían).
“La información descrita y analizada en el Informe revela
que, durante la crisis política de 2019, las fuerzas policiales y militares
asumieron conductas que contribuyeron al aumento de la violencia y la violación
de los derechos humanos”, remata el informe parcial al que accedió La Razón.
Tras la renuncia de Morales, y luego de dos días de
desgobierno, la entonces segunda vicepresidenta de la Cámara de Senadores,
Jeanine Áñez, se proclamó sucesivamente titular del órgano camaral y mandataria
por sucesión en sendos actos sin quorum ni asistencia del MAS.



