Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: lunes 28 de octubre de 2019
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Los bolivianos estamos acostumbrados a la vida dura, al
atraso, a las carencias, a perder casi todo, desde el mar hasta la creencia en
un futuro mejor. Pero lo que más duele es que desde el poder se mienta
cotidianamente, se engañe con un cinismo sin límites; el Presidente para
aprobar la nueva constitución en 2009 prometió no presentarse en la
nuevas elecciones, mintió; el 21 de febrero de 2016 convocó a un
referéndum para consultar si podía presentarse como candidato, dijo que si
perdía por un voto se iría a su casa, mintió.
Nos dijo que tenía un hijo a quien lo mantenía y cuidaba su
salud, mintió, no tenía hijo. Expresó que respetaría los resultados de las
urnas en 2019, mintió, no sólo no dijo la verdad, sino que ordenó un fraude
descomunal que lo pretende ungir como presidente por otra vez consecutiva.
Desde el poder, el Presidente ha instalado a la mentira como
forma de gobierno, ha colocado al cinismo como la modalidad de hacer política.
Un primer mandatario debe ser un hombre dotado de ética y de valores, es eso lo
que debería transmitir a la población, a los jóvenes, a los niños, pero; en
lugar de eso ha conducido a la más grande violación de los valores y de la
ética.
No nos sorprende que quienes lo siguen, su entorno
inmediato, aplauda las mentiras y use también el cinismo como forma cotidiana
de hacer política; es que ese entorno sabe muy bien que la obsecuencia es el
mejor camino para escalar en el poder y mantenerse en él. Por eso, los
obsecuentes se ven obligados a adivinar qué desea comer el Presidente, qué
quiere vestir, a quiénes odia, para reprimirlos con prontitud.
La obsecuencia no admite crítica, ni autocrítica, ella es
mayor cuando es más grande el poder del caudillo o del dictador, esos
obsecuentes, también ellos, están desprovistos de valores, lo único que desean
es mantener en el poder eternamente al caudillo. No es la Agenda 2025 la que
importa, no interesa la salud, la educación o el desarrollo de Bolivia, lo que
le importa al caudillo y a su entorno es mantenerse el poder para gozar de él
prebendalmente.
Las dictaduras del presente no vienen, como en los viejos
tiempos, de la mano de las tanquetas de los militares o de golpes de Estado
entre militares y civiles, hoy caminan las vías de la destrucción del Estado de
derecho, de la subordinación del Poder Legislativo, Judicial y Electoral a los
deseos del caudillo, camina por la vía de la judicialización de la política,
usando a los fiscales enjuiciar a los que disienten del Gobierno, usan el
control de los medios de comunicación para propalar su propaganda que siembra
odio y que divide a los bolivianos.
Son regímenes que odian el medioambiente, que lo destruyen,
como en Bolivia, que no aman a la Madre Tierra, a la cual sólo la usan como
discurso de legitimación, son los que ayudan a quemar la Chiquitania para
ampliar la frontera agrícola en favor de los empresarios y cocaleros, son los
que expresan que aman a los indígenas, pero los reprimen como en
Chaparina y el Tipnis.
Los jóvenes, los estudiantes de secundaria o de la universidad,
las mujeres han entendido esto, no conocieron las dictaduras de Barrientos ni
de Banzer, pero están comenzando a conocer la dictadura de Morales, saben muy
bien que el fraude montado por el gobierno implica la transición de un gobierno
dictatorial a una dictadura, a un modelo igual al venezolano y
nicaragüense.
Esto ya no se cura ni siquiera con la segunda vuelta, la
democracia requiere otro gobierno, otros valores. Los jóvenes del presente son
portadores de nuevas visiones de futuro, ellos llevan en sus espaldas la
necesidad de recuperar los valores, de rescatar la ética, de evitar que la
mentira, el engaño y el cinismo sean las políticas de Estado.
Duele esta Bolivia que ve cercenada su democracia, nos sale
un nudo en la garganta al ver cómo se opera el fraude y la represión y cómo se
inicia la dictadura, podemos tener lágrimas contenidas o verlas salir a
borbotones, pero esa no es señal de debilidad, simplemente es expresión de
rabia, de bronca, de enojo contenido, pero esa lágrima se junta con la convicción
de evitar la dictadura.
Quizás no haya segunda vuelta, tal vez el régimen no caiga
de inmediato, pero conocedores de la historia, sabemos que no hay dictaduras
eternas, los cementerios están llenos de exdictadores. Los jóvenes, nuestros
hijos y nietos, deben tener esa certeza. Si las dictaduras del pasado mataron a
nuestros familiares, hermanos, si nos metieron en prisión, si nos botaron al
exilio, aquí estamos con convicción democrática para alejar a la dictadura.
Sus represiones no nos han rendido, tampoco ahora.



