Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 15 de agosto de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Los aportes “voluntarios”
exigido por el MAS a los funcionarios públicos siempre fueron conocidos, pero
hace años se negaba tal situación. Recuerdo que cuando las denuncias se
filtraban a la prensa, no faltaba el dirigente que se sentía ofendido y
aseguraba que “algunos compañeros aportaban voluntariamente”, pero que no había
ningún descuento por planilla u obligatorio a todos los funcionarios públicos.
Yo trabajé en un
viceministerio durante seis meses, en un proyecto financiado por Naciones
Unidas, de modo que, en realidad, yo estaba contratado por la ONU, aunque
ejercía mis funciones en la entidad estatal. Yo fui testigo del método de
cobranza arbitrario que se ejercía contra mis compañeros. Por ese entonces,
estaba llegando a La Paz la denominada “contramarcha” de gente del TIPNIS afín
al gobierno. Dos personas ingresaron a la oficina y comenzaron a cobrar,
escritorio por escritorio, cincuenta bolivianos para apoyar a los marchistas.
Nadie se quejó y entregaron el aporte “voluntariamente”.
Además, esos mismos
cobradores, luego de unos días volvieron para indicar que había que ir al
recibimiento de los marchistas y designaron las funciones que se debían
cumplir: algunos compañeros debían ser parte del público, aplaudidores; otros,
debían marchar; a otros les tocaba repartir refrigerios…
Muchos colegas de esa
oficina no eran del partido, pero eran extorsionados, pues, si no entregaban
los aportes, serían despedidos, tal como ya había sucedido con algunos
rebeldes. No obstante, en los medios de prensa, los ministros desmentían estos
cobros irregulares e incluso decían que se harían investigaciones para
sancionar a los responsables.
En tal sentido, no sé
si es un alivio que ahora el MAS haya decidido transparentar estos “aportes
voluntarios”, fijando una escala de acuerdo a los salarios que ganan los
funcionarios. La hipocresía indigna, de modo que sí, se puede pensar que el MAS
está cambiando sus malas artes, aunque la práctica extorsiva sigue vigente,
siempre camuflada tras ese eufemismo irritante: aporte voluntario.
El alivio es para las
autoridades, que ya no tendrán que mentir, y solo dirán que los aportes son
determinación del congreso de su partido, punto. Pero esta actitud cínica, de
total irrespeto a los derechos laborales y a la libertad individual, es
preocupante. El MAS ya no quiere guardar las formas; sobre todo Evo Morales,
quiere demostrara que, aunque no es presidente, él es quien manda, y por
demostrar su poder abusivo está dispuesto a lo que sea.
Es más, ese es el
fin, demostrar que puede pisotear cualquier derecho, que puede humillar al
actual presidente, que puede usar bienes públicos, porque su poder es
ilimitado, y que nadie se olvide de ello. Es la estrategia del terror, lo que
todo dictador, o aspirante, hace en algún momento. Primero, empieza con el populismo
y la hipocresía, encantar a los votantes; luego viene la etapa de sacarse la
máscara y aterrorizarlos.
Obviamente, estos
aportes voluntarios socavan los cimientos de la institucionalidad, porque los
mandatos de un partido quedan por encima de las normas legales, de los
derechos, y porque apuntan a que todos los funcionarios públicos sean
militantes del MAS, es decir, que los méritos no valen nada si no hay el aval
del carnet de militancia, y mejor aún, el aval de un dirigente, a quien (como
me reveló un colega de cuando trabajé en aquel viceministerio) hay que darle un
porcentaje del salario por la recomendación. Corruptelas menores, se
podría decir, pero que tienen un mismo origen: la extorsión a los funcionarios,
ahora aceptada y normada por el partido gobernante.
Lo que se viene a
corto plazo es una escalada de la corrupción, pues los funcionarios tienden a
recuperar los aportes y descuentos. Y la corrupción es imposible sin el visto
bueno de los superiores, quienes a su vez tiene superiores y así sucesivamente.
No es que en Bolivia no haya habido corrupción antes del MAS, lamentablemente
es una práctica con la que hemos aprendido a convivir. Pero siempre se espera
que el gobierno haga todo por erradicarla, no que la incentive indirectamente
al extorsionar a los funcionarios, militantes o no.
El dinero que recauda
el MAS se emplea en varios fines, como movilizar gente y generar violencia en
las calles, ¿o alguien cree que Gustavo Torrico patea gente en el suelo gratis?
Hace unas semanas
reapareció el tristemente célebre exministro de Defensa, Javier Zavaleta, y
declaró, sin asomo de vergüenza, que el gobierno de Morales no sacó a al
ejército a las calles, que no provocaron ninguna muerte, que prefirieron
renunciar antes que reprimir al pueblo. Lo que no cuenta es que financiaron la
movilización de gente para que haya enfrentamiento civil, y que fruto de esos
enfrentamientos se dieron las primeras muertes durante los conflictos de 2019.
Ese financiamiento de
la violencia lo pagamos nosotros, porque los salarios de los funcionarios
públicos se pagan con el dinero de todos los bolivianos y bolivianas, y de ahí
provienen los “aportes voluntarios”.
Y claro, ahora, Evo
Morales se pasea por los cielos gracias a esos aportes que de voluntarios no
tienen más que el nombre. Evo sigue dándose la vida que se daba cuando era
presidente, y ahora, de manera indirecta, la seguimos financiando los
ciudadanos y ciudadanas que pagamos impuestos.



