Medio: La Razón
Fecha de la publicación: lunes 16 de agosto de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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La filtración, el jueves, y la publicación oficial al día
siguiente, de la opinión consultiva de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos (Corte IDH) sobre la reelección indefinida ha puesto en el tablero
político un nuevo elemento respecto del debate sobre las perspectivas del
expresidente Evo Morales. Es previsible el inicio de un debate que no siempre
discurrirá por los caminos de la razón.
Aunque la opinión consultiva (solicitada a fines de 2019 por
el Presidente de Colombia a nombre de la oposición boliviana) data de hace ya
varias semanas, su versión final recién fue conocida oficialmente el viernes,
luego de que se notificara a las partes interesadas. En síntesis, dice que la
reelección indefinida no puede considerarse un derecho humano autónomo y que su
práctica puede ser dañina para la democracia representativa. Dos de los siete
jueces a cargo votaron en disidencia y presentaron sendas argumentaciones para
su posición.
En el primero de los tres párrafos de opinión, tras una muy
extensa argumentación, la Corte IDH señala que el derecho a la reelección
indefinida no está “protegido por la Convención Americana sobre Derechos
Humanos ni por el corpus iuris del derecho internacional de
los derechos humanos”. El segundo afirma que prohibir la reelección indefinida
“es compatible con la Convención Americana sobre Derechos Humanos” y otros
instrumentos de similar alcance; finalmente, que “es contraria a los principios
de una democracia representativa y, por ende, a las obligaciones establecidas”
en los diferentes instrumentos normativos sobre DDHH.
Las reacciones al documento, sin excepción, discurrieron por
un cauce previsible, comenzando por la del expresidente, quien teme que la
opinión consultiva sirva “para desestabilizar políticamente la democracia”, y
terminando con las autoridades actuales de gobierno, quienes esperan una
posición del Tribunal Constitucional antes de hacer afirmaciones sobre el
futuro inmediato.
La oposición, por su parte, ya manifestó su deseo de
procesar judicialmente al expresidente por su intento de ser reelecto a pesar
de los resultados del referéndum de febrero de 2016, y a nadie deberá
sorprender si tal propósito sirve para estériles batallas discursivas, pero no
para efectivamente llegar a los estrados, pues a menudo la impaciencia termina
siendo contraria a las formas y al debido proceso, como se ha demostrado
ampliamente desde fines de 2019. Cuestionar la legitimidad de la Corte IDH
puede ser dañino, lo mismo que utilizar sus documentos con fines puramente
instrumentales.
La publicación de la opinión consultiva puede ser el punto
de partida para una reflexión sobre las formas de la democracia representativa,
pero sobre todo para identificar el modo en que un proyecto político
transformador y revolucionario no quede en manos de un solo líder, con todos
los riesgos que ello implica. Entregarse al reproche o a la negación servirá
para fines discursivos, pero no para afianzar la vocación democrática en el
pueblo y sus líderes.



