Medio: El Día
Fecha de la publicación: domingo 15 de agosto de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Con la reciente ratificación de la OEA que indica que en Bolivia hubo fraude en octubre de 2019 y con el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) que sentencia que la reelección presidencial no es un derecho humano, no cabe duda que la crisis política que estamos atravesando los bolivianos desde febrero de 2016, tiene un solo protagonista, un solo responsable y un solo culpable y que no existe otra salida más que un juicio que lo lleve a responder por el inmenso daño que le ha causado al país.
Lógicamente estamos hablando del ex presidente Evo Morales, quien llevó su empeño por la perpetuidad hasta límites inconcebibles, causando inestabilidad, pérdida de institucionalidad y, lo que es peor, dolor, muerte y enfrentamiento entre los bolivianos.
La lista de delitos cometidos por el cocalero empieza por el desconocimiento de la voluntad popular expresada en las urnas el 21 de febrero de 2016 y la posterior manipulación de la justicia para torcer la constitución y los principios democráticos, poniendo por delante el supuesto derecho humano a la reelección indefinida, un despropósito que ha sido descartado por la Corte IDH, que además, afirma que este tipo de hechos constituye un peligro para la democracia representativa.
Posteriormente, y conocedor del rechazo popular a su nueva postulación, Evo Morales perpetró el mayor acto de fraude que se haya cometido en la historia del país, acción que motivó la enérgica reacción de millones de personas que salieron a las calles a defender el voto.
El cocalero debe ser juzgado por este vergonzoso atentado a la democracia y todo lo que hizo posteriormente para imponer su patraña, la movilización de grupos de choque que provocaron asesinatos, la amenaza con cercar las ciudades, el incentivo a las milicias armadas que cometieron actos terroristas y que ocasionaron la muerte de sus propios seguidores.
Además, durante todo el 2020, el cocalero se dedicó a boicotear los esfuerzos del gobierno para enfrentar la pandemia, impidió que los camiones cargados de oxígeno llegaran a los hospitales, privó a millones de bolivianos de recursos importantes para la supervivencia durante la prolongada cuarentena y por último, durante este año, ha sido el autor intelectual de la mayor persecución política, del encarcelamiento y violación de los derechos humanos de autoridades, funcionarios y militares que no hicieron otra cosa que defender al país del feroz ataque promovido por el cocalero.
Día que pasa es mayor el daño que el cocalero le hace al país. El desconocimiento de las normas, los convenios y los fallos internacionales es el peor camino que se puede tomar y, de continuar el ex mandatario en su empeño de consolidar una dictadura, el destino de Bolivia luce nefasto.
Día que pasa es mayor el daño que el cocalero le hace al país. El desconocimiento de las normas, los convenios y los fallos internacionales es el peor camino que se puede tomar y, de continuar el ex mandatario en su empeño de consolidar una dictadura, el destino de Bolivia luce nefasto.



