Medio: Opinión
Fecha de la publicación: domingo 15 de agosto de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Bolivia es el tercer
país que crea el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), en
acuerdo con los Estados, para investigar hechos de violencia y violaciones a
los derechos humanos con el respaldo de la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos (CIDH).
El primero fue
México, para el caso de la desaparición y homicidio de 43 normalistas de
Ayotzinapa, en septiembre de 2014.
Según un comunicado
de prensa, publicado por la Organización de Estados Americanos (OEA), a través
de la CIDH, gracias a este trabajo, las investigaciones continuaron y se tienen
personas imputadas, además de diversos procesos abiertos por estos hechos.
“El GIEI México
representa un gran aporte a la justicia y verdad sobre los hechos”, dice el
documento oficial.
Tras dos informes
sobre este caso, el GIEI emitió 20 recomendaciones orientadas a que se continúe
con las investigaciones y determinar responsabilidades a través de diferentes
actuaciones de la Justicia.
El segundo país en
recibir a un grupo de expertos fue Nicaragua para investigar hechos de
violencia ocurridos en 2018, donde hubo al menos 109 víctimas fatales entre el
18 de abril y 30 de mayo de ese año.
Se emitieron 23
recomendaciones al poder político, la Justicia, Policía y otros actores con la
finalidad de evitar la impunidad de los que se consideran crímenes de lesa
humanidad.
En ambos casos, de
México y Nicaragua, se identificaron deficiencias en las investigaciones y una
ausencia de respuesta estatal.
De los cinco
investigadores que conforman el grupo solo una coincidió en ambos países. Se
trata de la defensora de derechos humanos y especialista en derecho penal de
Guatemala, Claudia Paz y Paz Bailey.
Sin embargo, ella no
formó parte del equipo creado en Bolivia, donde estuvieron Juan Méndez, de
Argentina; Julián Burger, de Inglaterra; Magdalena Correa, de Colombia; Marlon
Weichert, de Brasil; y Patricia Tappatá Valdez, de Argentina.
Todos son considerados
expertos y con una amplia trayectoria en materia de derechos humanos,
investigación, enjuiciamiento y/o sanción de actos de violencia.
Su trabajo tuvo un
plazo de seis meses, pero en el caso de México se amplió por un tiempo similar,
dada la complejidad de las investigaciones. En Bolivia fueron ocho meses por
complicaciones debido a la pandemia de la COVID-19.
MÉXICO En
el caso de México, el GIEI “se ha formado la convicción que los 43 estudiantes
no fueron incinerados en el basurero municipal de Cocula. Las confesiones
realizadas por los presuntos responsables no corresponden a la realidad de las
pruebas en este estudio”.
La verdad aún es
incierta, lo cual lamentan los expertos, pero destacan que se logró recoger
hechos probados que no sucedieron y resolver la controversia que existía sobre
su paradero.
Concluye que todas
las circunstancias y hallazgos muestran los déficits en la investigación como
las tareas que quedan pendientes “para que se pueda dar la justicia que los
familiares y México esperan del caso”. Considera que debe haber un
replanteamiento general en función a los resultados obtenidos hasta ahora y
atender a los familiares y otras víctimas de las desapariciones.
Entre las
violaciones a los derechos humanos y delitos que identifica están homicidios
con disparos a quemarropa, tortura, tentativas de homicidio, encubrimiento,
obstrucción a la justicia y abuso de autoridad, uso no adecuado de la fuerza,
lesiones y amenazas, entre otros.
También enumera las
diligencias pendientes para determinar las responsabilidades, así como llevar a
cabo nuevas capturas. En este caso, los identifica con nombres y apellidos y
suma el pedido de investigar su patrimonio.
A su vez, suma las
diferentes tareas de búsqueda que se deben realizar y, finalmente, recomienda
medidas de protección y de prevención para los familiares y otras víctimas, así
como la consolidación de mecanismos de información “para garantizar las
relaciones de confianza y entendimiento con las diferentes autoridades
estatales”.
En 2015, en México
se entregó al GIEI una iniciativa gubernamental del anteproyecto de ley del
Sistema Nacional de Búsqueda de Personas no Localizadas y para la Prevención y
Sanción de los Delitos de Desaparición de Personas.
NICARAGUA El
GIEI alertó de que su trabajo se realizó sin la cooperación del gobierno, quien
“negó de forma sistemática la información requerida y en un contexto de
violencia y represión estatal, lo que significó una seria limitación para el
trabajo encomendado” a los expertos.
Las protestas fueron
parte del descontento social de años” sobre los procesos institucionales y las
prácticas estatales que fueron coartando la expresión ciudadana, cerrando
espacios, cooptando instituciones públicas y concentrando el poder en las
figuras del presidente Ortega y la vicepresidenta Murillo”. Estas expresiones
fueron reprimidas de forma violenta por la Policía y grupos de choque.
Los detonantes
mayores fueron por un incendio en una reserva natural y las reformas al sistema
de seguridad social.
Los manifestantes
fueron reprimidos con armas de fuego y también se observa la articulación de
grupos de choque con mayor organización y poder lesivo, a quienes se les
conoció como paramilitares o parapoliciales, que utilizaban armas de guerra y
de fuego y actuaban en coordinación con fuerzas policiales.
“Solo entre el 18 de
abril y el 30 de mayo de 2018, el GIEI registró al menos 109 personas muertas
por disparos de armas de fuego, más de 1.400 heridos y más de 690 detenidos”,
dice el informe que también identifica a la Policía como la responsable y
revela sus nombres y cargos, todos a la cabeza del presidente Daniel Ortega.
El GIEI alerta de
torturas y agresiones sexuales a los detenidos, a lo que se suma la denegación
de acceso a la justicia y en el caso de los heridos, denegación del servicio de
atención médica estatal y despidos para quienes lo hacían. Acá también
identifican como responsable a la ministra de Salud y directores de los
hospitales públicos.
“Conforme a la
información disponible, se desprende que el Estado de Nicaragua ha llevado a
cabo conductas que de acuerdo con el derecho internacional deben considerarse
crímenes de lesa humanidad, particularmente asesinatos, privación arbitraria de
la libertad y el crimen de persecución”, devela.
Sobre el sistema de justicia
penal, asegura que actuó como una pieza más del esquema de violación de los
derechos humanos a través de la criminalización de los ciudadanos que
participaron de las protestas bajo delitos de terrorismo y crimen organizado,
entre otros.
Advirtió que, de las
109 muertes, 100 quedaron en la impunidad pese a evidencias por lo que la
fiscalía no actuó de forma objetiva e imparcial y acusó a personas que podrían
ser inocentes que fueron condenadas.
La llamada de
atención a Nicaragua es principalmente para el Gobierno a quien recomienda
respetar y garantizar el derecho de reunión y resguardar las manifestaciones
públicas “de conformidad con los estándares y normas internacionales de
derechos humanos aplicables”, además de cesar el hostigamiento a defensores de
derechos humanos, periodistas y otros líderes sociales, así como respetar la
libertad de expresión, de reunión y de asociación.
También promueve que
el Estado inicie una reforma integral para evitar la represión y la persecución
política y establecer un nuevo pacto social inclusivo “de modo que el Estado
sea realmente expresión de todos los nicaragüenses”.
Para las víctimas y
sus familias, se busca un Plan Integral de Reparaciones, “para reparar y
compensar la violación a los derechos humanos, así como las pérdidas o daños
sociales, morales y materiales sufridos”.
Pide investigar y
eventualmente destituir a los funcionarios que participaron en violaciones de
derechos humanos; reconocer a las organizaciones populares; y disolver y
desarmar a los grupos armados paraestatales.
En la Policía y el
sistema judicial, recomienda una depuración, en el primer caso, por vulnerar
derechos humanos y, en el otro, por no mantener su independencia del poder
político. En la Fiscalía concluye que se debe remover al personal y procesar
por incumplir su deber y obstruir la investigación.
La sugerencia
también pasa por contar con veedores de la sociedad civil en las
investigaciones administrativas policiales; incorporar mecanismos de
supervisión y control civiles, externos a la institución; implementar una
carrera policial a fin de garantizar el ingreso y ascenso por méritos y la
profesionalización policial; eliminar la figura de los policías voluntarios;
trasladar los programas de recuperación de jóvenes a otras instancias de
gobierno por fuera de la policía; y revisar las normativas internas y
procedimientos administrativos que regulan la actuación de los agentes.
El GIE considera
importante la reforma del Código Procesal Penal de Nicaragua para que toda
privación de libertad sea autorizada por una juez y evitar que las detenciones
se realicen con orden policial.
Por otro lado, pide
realizar el nombramiento de magistrados, jueces y fiscales, a través de un
concurso público, en base a méritos, que asegure la fiscalización ciudadana, y
revisar las sentencias dictadas.
Para los hechos de
violencia suscitados pide incluir a jueces internacionales o buscar cooperación
de países que tengan experiencia en procesos de represión violenta.
“Instar al Gobierno
a ratificar el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, con la
finalidad de garantizar que los delitos de lesa humanidad no queden en la
impunidad y como garantía de no repetición; y aceptar la competencia de la
Corte Penal Internacional sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos desde
el 18 de abril del 2018”, dice el documento.
Para los Estados
miembros de la OEA y ONU pide iniciar investigaciones sobre esos hechos para
juzgar a los responsables en el marco de la jurisdicción universal y conforme a
la legislación interna de cada país como parte de la cooperación internacional
bilateral y multilateral.



