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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: sábado 14 de agosto de 2021
Categoría: Autonomías
Subcategoría: Autonomía Indígena
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Las autonomías
indígenas en Bolivia representan uno de los aspectos más novedosos de la
Constitución. Inspiradas en una de las resoluciones de la Organización de las
Naciones Unidas (ONU) que reconoce a los pueblos indígenas del mundo el derecho
legítimo a la autonomía y el autogobierno, no solamente brinda un escenario
político para el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT), que fue la primera instancia de la ONU en promover los derechos
políticos del mundo indígena, sino que impactó también en la Asamblea
Constituyente, reforzando las concepciones del indianismo que siempre planteó
una interpelación política al Estado, con el objetivo de lograr que los pueblos
indígenas impongan una insubordinación hacia la legitimidad estatal,
desconociéndola como instancia de articulación nacional.
El eje de las
autonomías indígenas es una especie de juicio hacia el Estado colonial y
neoliberal. Los alcances ideológicos constituyen una verdadera educación
popular para las masas, pues obliga a poner en marcha una interpelación
política con la finalidad de analizar, desde el punto de vista histórico, de
dónde proviene Bolivia como Estado antinación, qué hemos hecho con la
discriminación y las desigualdades, promovidas también desde el Estado, qué
recursos naturales fueron saqueados y hacia dónde nos proyectamos en el futuro
político como múltiples nacionalidades indígenas.
Las autonomías
indígenas como juicio político indagan sobre las contradicciones y problemas
irresueltos de la bolivianidad. Qué sociedad buscan y buscaron las diferentes
etnias y clases sociales, para luego identificar cuáles podrían ser las
instituciones que más convienen al país. Una de las principales orientaciones
se afinca en el enjuiciamiento de los principales responsables del apartheid o
segregación racial, como horizonte de conflicto destructivo en los 196 años de
existencia como país.
Sin duda existe un
detonante de revanchismo que ahonda las divisiones étnicas y fracturas
sociales. Toda autonomía indígena está consciente de los potenciales conflictos
devastadores que aparecerían; sin embargo, desde esta perspectiva, la visión de
una nueva Bolivia podría prepararse a partir de una reflexión
histórico-política mediante un juicio inevitable hacia el Estado existente.
El enjuiciamiento es
contra los siguientes factores: a) el Estado español colonial; b) el papel
político jugado por la Iglesia católica; c) el Estado republicano como
reproductor de la discriminación racial; d) el Estado moderno de orientación
occidental subordinado a los intereses de los Estados Unidos; e) las acciones
ocasionadas por las empresas multinacionales, especialmente contra el papel
nefasto de las empresas petroleras que llegaron con la Capitalización a partir
de 1994; f) la ineficiencia y deslegitimación del Poder Legislativo; g) el
Presidencialismo centralista; y h) las escuelas, como reproductoras de las
ideologías occidentales que nunca desterraron la mentalidad colonial.
Actualmente existen
tres autonomías indígenas: Charagua Iyambae, Raqaypampa y Uru Chipaya. Los
medios de comunicación siempre las presentan en los marcos de un exotismo sin
impacto inmediato para las raíces del Estado moderno, pero no es así. Las
autonomías indígenas intentan reescribir la historia, entendida como un ciclo
de memorias largas que también tratan de adaptarse a un mundo globalizado,
complejo y difícil como el escenario de las revoluciones tecnológicas, la
crisis ecológica a escala mundial y la dramática competitividad de la economía
de mercado que todavía definen el carácter del siglo XXI.
Las autonomías
indígenas contribuyen a explicar el subdesarrollo, así como el tiempo y
recursos perdidos para reorientar las posibilidades democráticas de una
transformación juzgada como vital, en función de reimpulsar al país con
progreso material y resarcimientos políticos.
Sin embargo, el
proyecto de largo plazo es conquistar un Estado Plurinacional descentralizado y
con pleno reconocimiento de la existencia precolonial de los pueblos indios, lo
cual reconstituye las entidades territoriales indígenas que se transforman en el
combustible para una insubordinación constante hacia el Estado actual. Una
nueva estatalidad tendría que expresarse a través de una “comunidad
multinacional” cuya legitimidad apunta hacia una confederación y emancipación
de las múltiples naciones indígenas en Bolivia.



