Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: jueves 12 de agosto de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Contenido
Los conflictos por el oro en el norte paceño y la tierra en
la Chiquitania cruceña son sólo un recordatorio de los profundos conflictos vinculados
a la minería y a la distribución de la tierra que aún siguen irresueltos desde
hace décadas; la fragilidad de las instituciones -mostrada a carne viva en el
Tribunal Electoral o la Administración de Justicia- sumada a la crisis
económica endurecida por la pandemia con su correlato de que el retorno a la
normalidad pueda tardar todavía mucho tiempo, están sembrando el camino para
confrontaciones políticas y sociales, mayores y permanentes.
Mientras, en la cabeza de los líderes políticos, al tener su
fuerza basada en la polarización proceden al reforzamiento de sus núcleos duros
preparándose para la gran batalla en la que pretenden someter al adversario y
doblegarlo. Pero como señalamos en una columna anterior, el sometimiento de
medio país sobre la otra mitad, no parece ninguna probabilidad.
No solamente hablamos de una improbabilidad real, sino
también de la improbabilidad en los imaginarios colectivos. Los líderes
políticos y sus entornos suelen pensar que imponiendo su verdad hoy, lograrán
mejores resultados electorales mañana, sin constatar los enormes daños
producidos a las sensibilidades colectivas por el enfrentamiento político y que
claramente se ha extendido a la sociedad en su conjunto pues la polarización de
los líderes, de los partidos y sus adherentes también ha tenido eco en los
conglomerados sociales urbanos y rurales. Y al final, se convierte en el
círculo vicioso donde las bases presionan a los líderes, los líderes a las
bases y de ahí a la sociedad en su conjunto.
Sin embargo, la diferencia entre los líderes políticos y la
sociedad es que ésta última entiende y comprende perfectamente que vivimos en
un país diverso e intercultural y donde a pesar de ello, es imprescindible
convivir juntos hayamos nacido en el altiplano, en el oriente, en los valles o
en las provincias o ciudades.
Y esa convivencia implica, en el sentido común de la gente,
llegar a acuerdos y consensos esenciales para el futuro inmediato y a largo
plazo del país. Acuerdos sobre la administración de justicia en primer lugar,
sobre su rol actual para la sociedad y en la construcción de un verdadero
Estado de Derecho y sobre todo del fortalecimiento de la democracia. Pero para
abordar esta cuestión crucial para el Estado, primero habrá que acordar un
escenario de justos juicios para todos sobre quienes pesan acusaciones de
violación a la Constitución y violación a los derechos humanos. Efectivamente,
este podría ser el primer paso para iniciar un diálogo fructífero y que permita
además abocarse paralelamente a la atención de la pandemia mundial (con lugares
donde no hay vacunas y con gente queriendo vacunarse y lugares con vacunas y
donde la gente no quiere vacunarse) y obviamente, la difícil situación
económica y su consiguiente recuperación urgente y necesaria.
Pero si la búsqueda de justicia y la administración de justicia
en sí misma son asuntos prioritarios para el Estado y la sociedad, lo son
también la discusión y concertación acerca de los recursos naturales, su
industrialización y la producción agrícola e industrial incluyendo los
biocombustibles y la producción de alimentos genéticamente modificados.
Lo propio con la minería y su explotación irregular en
muchas regiones del país o la provisión de agua potable aún escasa para muchos
bolivianos.
La verdadera institucionalización de las entidades públicas
estratégicas para el funcionamiento del Estado, las que ejercen control o las
que están destinadas a proteger a los ciudadanos como la Policía Nacional.
La situación de las empresas estatales y por supuesto el rol
que debe jugar el sector privado en la economía nacional.
El sistema de salud con competencias disgregadas y
organización ineficiente en todos los niveles de gobierno y la educación, que
aún se encuentra lejos del nivel educativo de nuestros países vecinos y peor,
de la media mundial.
Superada la crisis y la confrontación política, ojalá pueda
definirse al menos una agenda temática que permita sentar a los líderes y todos
los sectores económicos y sociales del país para acordar una agenda de Estado y
de futuro.



