Medio: La Razón
Fecha de la publicación: miércoles 11 de agosto de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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Como era de
esperarse, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, emitió un informe
para defender su informe sobre las elecciones de 2019 en Bolivia. Lo hizo a
través de su secretario para el Fortalecimiento de la Democracia, Francisco
Guerrero. El Gobierno deploró la “nueva injerencia golpista” de Almagro. La
oposición la celebró, reafirmando su narrativa de “fraude”.
El origen del nuevo
informe es revelador, pues Guerrero constituye una pieza clave en esta
historia. En los comicios de 2019 fue el funcionario de mayor rango en la
Misión de Observación Electoral de la OEA (el jefe de la misión, Manuel
González, excanciller de Costa Rica, resultó a la postre una figura más bien
decorativa). Guerrero fue responsable de que, al día siguiente de la votación,
sin esperar ningún resultado del cómputo oficial, la misión anunciara
“recomendaciones de cara a una segunda vuelta” (sic).
El precoz
posicionamiento político de la Misión de Observación de la OEA es no solo
curioso e inédito, sino deplorable. Con el respaldo de un conteo rápido y un
“ejercicio estadístico” de la propia misión, el operador de Almagro impuso la
hipótesis, luego insostenible, del “cambio inexplicable de tendencia”
supuestamente producido en el último 5% del conteo: no del sistema de cómputo,
que es el único resultado válido, sino del TREP, cuyo carácter preliminar es
meramente informativo.
Así, en lugar de
acompañar el proceso de cómputo oficial (como se espera que haga una misión de
observación electoral), Almagro y Guerrero emitieron una suerte de sentencia
previa: no importa el resultado del cómputo definitivo, debe haber segunda
vuelta, como exigía el candidato opositor derrotado en las urnas, Carlos Mesa.
Esta sentencia se ratificó tres días después en el informe preliminar de la
misión, cuando todavía no concluía el cómputo: “continúa siendo una mejor
opción convocar a una segunda vuelta”.
Luego vino el
informe preliminar del “Análisis de integridad electoral” solicitado por el
gobierno de Morales, con carácter vinculante. Ese informe concluyó que no era
posible “validar una victoria en primera vuelta”. Claro que el equipo de
Almagro, operado por el mexicano Guerrero y su compatriota de observación
electoral, ya no recomendaron segunda vuelta, sino otro proceso electoral (a
tono con la nueva demanda opositora). Con ese informe, difundido de madrugada,
la Fiscalía inició el juicio por “fraude”.
El obrar de
Guerrero, entonces, en lógica de autodefensa, es coherente consigo mismo y su
papel, y el de la Secretaría General de la OEA, en la crisis boliviana de 2019.
El informe difundido esta semana por el departamento a su cargo ratifica las
conclusiones de la “auditoría”, que a su vez validó la prematura declaración
política de la Misión de Observación. Es una ingenuidad esperar otra cosa. La narrativa
del “fraude” tiene al polémico Almagro como su principal vocero. Y la
polarización continúa.



