Medio: La Razón
Fecha de la publicación: lunes 09 de agosto de 2021
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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La semana pasada, un
impasse entre la Alcaldesa de El Alto y el Gobernador de La Paz impidió que la
primera participe de una reunión del Comité de Operaciones de Emergencia
Departamental (COED) de La Paz en la que se adoptaron algunas importantes
decisiones. Los argumentos de una y otro revelan, más que diferencias
ideológicas, incapacidad de concertar por un bien mayor.
No son los únicos;
el viernes, en ocasión de conmemorarse el 196 aniversario de la creación de la
República (esa que muchos opositores echan de menos sin saber que aunque el
nombre del país ha cambiado conserva el modo de gobierno y las instituciones
republicanas), las y los asambleístas de oposición pretendieron de manera
violenta y soez impedir que el Presidente del Estado termine su discurso de
ocasión, solo para recibir la repuesta de la bancada oficialista, en idénticos
términos.
Según reportes
periodísticos, el miércoles último, cuando estaba convocada la reunión del COED
paceño, la Alcaldesa de El Alto llegó a la cita acompañada de dirigentes de
organizaciones de la sociedad civil y se le impidió el paso; la razón esgrimida
por el Gobernador para explicar tal decisión es que era un grupo demasiado
numeroso y que la sala de reuniones no tenía suficiente espacio dadas las
restricciones de bioseguridad.
La jefa del gobierno
local alteño denunció en cambio discriminación y se retiró sin participar de la
reunión, anunciando que tenía propuestas para “masificar nuestros puntos de
vacunación” y reclamando que el “COED ya no defiende la salud, sino defiende
pugnas políticas”, en tácita aceptación del problema que la separa del
Gobernador de La Paz.
Por su parte, las y
los legisladores de oposición empañaron el acto de aniversario patrio, primero
poniéndose de pie pero de espaldas a la testera desde donde hablaron el
Presidente y el Vicepresidente, y luego prorrumpiendo en gritos cuando se
mencionó que el gobierno transitorio es considerado de facto, fruto de una
ruptura constitucional. Como evidencia de que todo estaba pensado de antemano,
enarbolaron carteles con la palabra “fraude”.
Esta actitud, que
revela el comportamiento pueril de una oposición que desde el día de su
posesión se ha mostrado impotente para ejercer una verdadera labor
parlamentaria, fue prontamente respondida por las y los asambleístas del
oficialismo, que hicieron exactamente lo mismo: gritar y mostrar carteles,
estos con la palabra “golpe”. De nada sirvieron las invocaciones del
Vicepresidente a retomar la calma.
Se trata, pues, de
nuevas muestras de la pobreza a la que ha sido reducida la práctica política en
el país, donde priman las mañas más elementales de la acción colectiva y
prácticamente nada de institucionalidad, pese al mandato constitucional que
tienen todas y todos los nombrados en este comentario. La obcecada búsqueda de
argumentos para descalificar al adversario y la incapacidad de encontrar
razones y vías para salir del empate solo auguran tiempos oscuros para el país.



