Medio: La Razón
Fecha de la publicación: domingo 08 de agosto de 2021
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
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El jueves 29 de julio, en la sede de la Organización de
Estados Americanos (OEA), en Washington, tuvo lugar la sesión de la Comisión de
Asuntos Jurídicos y Políticos del organismo; en esta cita, se presentó el
texto Guía de buenas prácticas en materia electoral para el
fortalecimiento de los procesos electorales, un manual (66 páginas)
elaborado por el Departamento para la Cooperación y Observación Electoral
(DECO) de la OEA; este departamento es el que organiza y envía las conocidas
Misiones de Observación Electoral (MOE) del organismo.
Pasa que justo cuando el secretario de DECO, Gerardo de
Icaza, presentaba la Guía de buenas prácticas, las representaciones
de Bolivia, México, Argentina y Nicaragua “cuestionaron ampliamente la labor
desempeñada por la Secretaría General en el informe emitido por la OEA sobre
los comicios del 20 de octubre de 2019”, destaca una nota difundida el jueves
por la Unidad de Prensa del Movimiento Al Socialismo (MAS). Héctor Arce
Zaconeta, representante de Bolivia en la OEA, también contó a LA RAZÓN este
hecho, aunque no con tanto detalle. (Ver la edición del lunes 2 de agosto)
El hecho es que, no sin cierta ironía, en la nota del MAS se
cuenta que los países cuestionadores “solicitaron que estas herramientas [las
de la Guía de buenas prácticas] insten a no politizar, ni
parcializar ni tergiversar los informes de las Misiones de Observación
Electoral, tal como pasó en Bolivia en 2019”.
De Gerardo de Icaza hay que recordar que fue él quien en
marzo de 2020, cuando John Curiel y Jack R. Williams publicaron un artículo en
un blog de The Washington Post en el que cuestionaban el
informe de la OEA, dijo en su cuenta de Twitter que el informe del organismo
más bien ganaba “más fuerza y vigor” si se lo confrontaba con dicho artículo,
“parcial, parcializado, sin rigor técnico electoral y pagado por CEPR”. De
Icaza daba un listado de 11 inconsistencias del artículo crítico con la OEA:
que el informe de la OEA lo hicieron 36 expertos, y el artículo, apenas 2; que
el el texto de la OEA tenía 94 páginas, y el artículo, 2; que la “OEA hizo
entrevistas con muchas personas; los otros, nada”; que en el informe de la OEA
hay “mucho material analizado con datos de campo. El otro no sé”, entre otras
fallas.
RECONOCIMIENTO. Pero, he aquí el detalle valioso
de la sesión que refiere Arce Zaconeta: Ante la crítica de los citados países,
el Secretario para el Fortalecimiento de la Democracia de la OEA, Francisco
Guerrero Aguirre, “reconoció la existencia de nuevos informes que cuestionan el
trabajo desarrollado por la organización” y señaló: “Quien nada debe, nada teme
y la necesidad de transparencia y de apertura sigue siendo requisito
indispensable para poderle dar transparencia a los procesos electorales;
nosotros siempre sometidos al debate público, estamos sometidos a las
observaciones que se puedan venir generando”, destaca la nota de prensa del
MAS.
La representación boliviana en la OEA, dijo Arce Zaconeta a
Animal Político, donde pueda está planteando el tema del Informe de la OEA de
2019, “en todas las instancias, la OEA tiene muchas instancias, muchas
comisiones, muchos grupos de trabajo, y en todos y cada uno de ellos se está
trabajando”, destacó.
El “caso boliviano” ya está repercutiendo en todo el
sistema, testimonia: “Hay desconfianza en todos los países miembros de la OEA;
incluso muchos países que son de una ideología más conservadora han mostrado
una serie de reparos y de observaciones al trabajo de auditoría que realizó la
organización a la cabeza de Luis Almagro”.
Esto al margen de la desconfianza que también hay de centros
académicos, “hay siete informes independientes, emitidos por las mejores
universidades, de los centros especializados más grandes” que evidencian la
“falsedad” de las conclusiones de los informes de la OEA. De comprobarse los extremos
que señala el Embajador en la OEA, en perspectiva es un enorme daño al
organismo. Durante 59 años, desde 1962, informa su sitio web oficial, la OEA ha
desplegado más de 240 Misiones de Observación Electoral (MOE) en 27 países del
hemisferio.
“Las MOE han ampliado el alcance de su trabajo a través de
la implementación de metodologías que permiten analizar aspectos clave del
ciclo electoral como la equidad de género en la contienda, los sistemas de
financiamiento político, el acceso a medios de comunicación y la participación
de pueblos indígenas y afrodescendientes”, consigna el sitio web los logros de
la vigilancia electoral ejercida por la OEA.
Precisamente la aludida Guía de buenas prácticas es
producto de la experiencia que a lo largo de los años fueron sistematizando las
Misiones de Observación Electoral, se informa en la presentación del texto.
TRADICIÓN. Con el “caso boliviano” se estaría
dañando precisamente esta tradición: “Estamos hablando de una suerte de
manipulación de temas electorales, que pueden generar una gran desconfianza en
todos los países miembros de la OEA, sobre una de las funciones más importantes
que tiene la organización, teóricamente, la de defender y apoyar a las
democracias en la región”, apunta el embajador Arce Zaconeta.
Prácticamente, las MOE de la OEA eran, son, el observador
electoral externo “oficial” en el continente, “tenía cierta legitimidad su
función en ese sentido; con esta situación (el problema boliviano) hay una duda
generalizada, hay una situación de incertidumbre por lo que ha ocurrido en
Bolivia, por las propias actitudes del secretario general; hay el sentimiento
de que el Secretario General no responde a la organización; el Secretario
General debía estar al servicio de los Estados, y hay la sensación de que más
bien los Estados están al servicio del Secretario General”.
En este contexto hay que entender, insiste la autoridad, la
reciente decisión de la Cámara de Representantes (equivalente a la de Diputados
en el país) del Congreso estadounidense de incluir en la Ley de Asignación de
Fondos para Operaciones en el Extranjero para el año fiscal 2022 (que va del 1
de octubre de 2021 al 30 de septiembre de 2022), el pedido al gobierno de Joe
Biden de investigar el rol de la OEA en el crisis política de octubre-noviembre
de 2019.
Con respecto a la indagación del informe de la OEA, de sus
responsables y consecuencias, Arce Zaconeta reveló que Bolivia incluso está
dispuesta a que la investigación la haga alguna instancia de la Organización de
Naciones Unidas (ONU): “Finalmente, en defensa de la verdad, podríamos incluir
incluso a Naciones Unidas, que sea este organismo global, del que es parte la
OEA, el que forme una gran comisión, ojalá asistida por las mejores
univesidades del mundo, y en definitiva evalúen el trabajo de la OEA y vean si
realmente ha habido manipulación dolosa (del resultado de la elección de
2019)”.
EFECTO. Al margen de la discusión técnica que
implica la llamada auditoría de la OEA de la elección de 2019, el problema de
este informe es el efecto que tuvo: “Hubo una situación de violencia extrema
que se generó a causa de ese informe, que hoy sabemos contenía falsedades; a
causa de esta situación, el comandante de las FFAA, a las pocas horas de su
emisión, a las 5 de la mañana, al rededor del mediodía (del 10 de noviembre de
2019), le sugiere al Presidente constitucional su renuncia”. Este hecho,
destaca Arce Zaconeta, es un “retroceso para toda la región; hace más de 40
años que los militares no deliberaban ni gobernaban”.
Sobre la “violencia extrema” y la secuela que tuvo con la
pérdida de al menos 37 vidas, “varios países”, apunta el embajador, están
“estudiando cuáles serían los mecanismos legales para plantear esta situación”.
Ahora, el trance de incertidumbre que pasa la OEA ya rebasó
los márgenes del organismo. El sábado 24 de julio, en la reunión de cancilleres
de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), en México, el
presidente Andrés Manuel López Obrador directamente planteó sustituir al
organismo: “La propuesta es ni más ni menos que construir algo semejante a la
Unión Europea, pero apegado a nuestra historia, a nuestra realidad y a nuestras
identidades”, especificando luego: “En este espíritu, no debe descartarse la
sustitución de la OEA por un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de
nadie, sino mediador, a petición y aceptación de las partes en conflicto”. El
mandatario mexicano luego fue secundado en la crítica a la actual OEA por los
presidentes argentino, Alberto Fernández, y el boliviano, Luis Arce Catacora.
De cómo la OEA, la Secretaría General, responda a la demanda
boliviana y de otros países sobre el informe de octubre-noviembre de 2019,
mucho dependerá su futuro, concluye el embajador Arce Zaconeta. “La
organización tiene prácticamente dos caminos: o reconoce las situaciones que
han estado incorrectas, las corrige, se toman las acciones correspondientes
contra los responsables de estas acciones, recobra su credibilidad en cuanto a
defensa de la democracia y los procesos electorales, o prácticamente su destino
ha de ser sustituida por otra organización, como han planteado varios
presidentes. Su destino ha de ser no ser una entidad eficaz, que puede ser
sustituida por otra entidad”.
DEBILIDAD. Al respecto, el politólogo,
especialista en relaciones internacionales, Franklin Pareja, propone entender
que en los últimos años, “todos los organismos internacionales (incluida la
OEA) están puestos en entredicho, porque ya no suelen responder de forma
práctica y efectiva a las necesidades de los Estados, a resolver sus
problemas”; en este contexto, hay que ver la vigencia y los problemas de la
OEA, insiste.
Los ideales, de ser espacios de integración, de asistencia
recíproca, colaboración y protección, “con el tiempo se han ido perdiendo. Pero
además, apunta, por lo menos en lo relativo a la OEA, han ido perdiendo
vigencia porque “hay acciones corporativas políticas, como el Foro de Sao Paulo
o el Grupo de Puebla, que han decidido combatir directamente al organismo,
porque no es afín a su ideología”.
Ahora, para Pareja, no es bueno para el país adherirse a
este tipo de agrupamientos al punto de anular la autonomía nacional en las
relaciones internacionales: “Los Estados siempre tienen que tener la
posibilidad de penetrar y de incidir favorablemente en los espacios de integración,
les guste o no e independientemente de la ideología”. Ahora, en el caso de la
actual OEA, no deja de apuntar el politólogo, el enfrentamiento entre la
secretaría general y los países de gobiernos de izquierda ha sido de ida y
vuelta: Almagro fue especialmente crítico con algunos presidentes y
naturalmente tiene reacciones en contra.
Ahora, “como los organismos están empezando a debilitarse
por su ineficacia de responder a las preocupaciones de los Estados, cada vez se
politizan más su decisiones”, destaca Pareja. En la crisis del organismo,
añade, tiene que ver también la radicalización de los países en sus líneas
ideológicas: dividida la región entre gobiernos de izquierda, de derecha,
diversidad de centros, para un organismo débil se le hace muy difícil
“satisfacer la visión de todos; como no tienen capacidad resolutiva y en
algunos casos no tienen efecto vinculante en sus decisiones, al final se
convierten en espacios más retóricos que efectivos”.
Cuando varios mandatarios vieron en la Celac el futuro
organismo que sustituya a la OEA, el politólogo “no le ve una perspectiva
importante”, por su origen mismo: fue obra de la convergencia de gobiernos
progresistas, “de la línea del socialismo del siglo XXI”, y para persistir como
tal necesitaría, precisamente, de la misma “total coincidencia ideológica entre
todos los Estados; entonces, no creo que algunos estén realmente entusiastas y
proactivos de darle fuerza a la Celac”.
En cuanto al rol del secretario general Luis Almagro en la
actual OEA, Pareja apunta que las actitudes ambivalentes y contradictorias del
secretario (lo que se vio especialmente en su relación de apoyo/rechazo hacia
la repostulación de Evo Morales en 2019) restaron valor a su gestión.
“independientemente de si su acción es válida o no, ética o no, el punto radica
en que este tipo de contradicciones devalúan mucho el accionar de una autoridad
que tiene que representar a todos”.
Sobre el pedido de rectificación que Bolivia y otros países
están haciendo de la posición de la OEA acerca de su informe de las elecciones
de octubre de 2019, el politólogo duda de que esto prospere: “Primero, es muy
poco probable que la OEA tome una posición institucional rectificando o
desdiciéndose de algo que ha sido oficial; segundo, no ha sido una acción de muto
proprio o por iniciativa de la OEA, fue una solicitud del Estado
boliviano; tercero, el resultado de esa auditoría era vinculante. Ahora, que
quieran encontrar que ese informe ha sido un vector para causar la crisis
política y generar un golpe, eso ya es una apreciación del Estado y Gobierno
bolivianos, que no necesariamente puede poner contra la pared a la OEA”.
Con el “caso boliviano”, concluye Pareja, se viene más un
debate entre los países, antes que el descalabro de la institucionalidad del
organismo: “institucionalmente es muy difícil que ese informe se dé por no
válido o que lo retiren, eso no creo que vaya a suceder; no puedo afirmar que
no va a suceder, pero creo que es poco probable; pero sí va a haber un debate
interno, porque la región está dividida, porque la visión ideológica de los
Estados es muy diferente”.



